#Reseña Colores Verdaderos: «Estoy buscando mi nombre»

Reseña colaboración por Denise Griffith


«¿Ven lo fácil que es empujar a la gente para convertirse en ataúdes,
y ponerles los nombres equivocados en las lápidas?».

Lee Mokobe, activista trans.

Colores verdaderos (Niña Pez, 2019), de Alejandra Decurgez, es una novela surrealista de dolor, crecimiento y ternura. Presenciamos la infancia y la adolescencia de Guillermo, quien se siente mujer (por lo que de ahora en adelante le llamaré la protagonista). Su infancia trascurre en la década de los ochenta y su adolescencia en los noventa; la autora reproduce perfectamente el lenguaje de esa época a través de las inquietudes y las expectativas de los personajes.

La historia está bien narrada, se cuidan los detalles que hacen que podamos meternos de lleno en lo que sucede. La trama evita el plano de lo escolar, en el que sí ahondan otras películas y libros, para centrarse en lo familiar y la interioridad, como el primer miedo en la niñez de la protagonista a desilusionar a su padre severo y su madre borracha, los O’Brien.

Nunca se nombra lo que es ser trans, solo se lo vive. Y nada más ni nada menos que dentro de una familia bien, dueña de domos. Es interesante que los domos sean cápsulas que, fácilmente, podrían representar encierros metafóricos.

Cabe destacar, por otro lado, la violenta masculinidad de Alejo para con su hermana y el resto de las mujeres. Decurgez desglosa el patriarcado de ese momento, no tan distante de hoy en algunos aspectos, a través de, por ejemplo, el diario de Matilde: «¿No te parece que es raro que no hablemos de Guillermo? ¿Que nadie lo mencione? Es como si nunca hubiera existido, ni siquiera es como si se hubiera muerto». Más allá de esta cita, en el diario se lee la soledad de Matilde como única mujer en ese ambiente tan hostil cuando su hermana no está.

Por suerte, no todo es miedo para la protagonista. Está la amistad con Fern, el descubrimiento del primer amor entre Don Capullo y el Musgo, las aventuras en el Italpark, la búsqueda de un nombre entre maniquíes: «Estoy buscando mi nombre. Y para eso necesito escuchar el viento, pero es demasiado ruidoso, no entiendo nada». Luego, una voz sabia que explica: «Lo que escuchás acá no es el viento, es la conversación del viento con la roca. Para escuchar lo que el viento tiene para decir hay que entrar, hay que estar en el viento, hay que ser una ráfaga». Colores verdaderos recuerda un poco a la hermosa película icónica La historia sin fin, con el plano de lo figurativo bastante presente.

Afortunadamente, Decurgez transmite el mensaje de que, aun con todo en contra, la protagonista logra armarse de fuerza en su travesía y hasta se descubre una verdadera sororidad entre ella y su hermana. Lectura recomendada.

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