O madre o nada

Maternar para una mujer implica una carga social, económica y emocional tan naturalizada y romantizada que es difícil visibilizarla tanto en el espacio privado como en el público y se la confunde con características propias del instinto maternal.

La serie canadiense Workin Moms (primera temporada disponible en Netflix), escrita y protagonizada por Catherine Reitman, propone tocar una realidad que se intenta mantener en silencio: la maternidad.

Las cuatro protagonistas son madres de bebés menores de un año que atraviesan distintas situaciones propias de la crianza a las que se suman, también, sus deseos, sus metas y sus desafíos personales. Depresión posparto, la pareja, la crianza de otres hijes, un nuevo embarazo y el aborto son los temas principales que se desarrollan a lo largo de sus capítulos, y que dejan al descubierto lo que implica maternar para una mujer.

Además, se toca la decisión de si volver al trabajo o no, porque se acaba el tiempo de licencia que estipula la ley. Este es un problema que atraviesan la mayoría de las mujeres e incluso sus parejas, ya que los plazos que se determinan en los ambientes laborales resultan irrisorios con respecto a lo que sucede en el seno familiar.

La serie cala hondo en todo lo que una mujer atraviesa cuando se convierte en madre. Logra compenetrar a le espectadore, haciéndole sentir los mismos miedos e incertidumbres que las protagonistas, quienes dudan y se sienten juzgadas por sus parejas, sus familias, la sociedad e incluso ellas mismas en todas las decisiones que toman. Escenas en las que se sacan leche en cualquier lugar (el trabajo, el auto, etc.), porque les dicen que es mejor que la maternizada, deseos de morir por un tiempo, frustraciones en el vínculo con otres hijes y con las parejas, deseos encontrados en el desarrollo de la carrera profesional («No quiero ir a trabajar», «¿Acepto o no el ascenso?», «¿Por qué debo trabajar más tiempo si no quiero en este embarazo?»).

Todas estas sensaciones y pensamientos ofrece Workin Moms, una serie que viene a romper con lo lindo de la maternidad y mostrar, además, la gran brecha que existe entre hombres y mujeres respecto del ámbito laboral en el que las mujeres resultan las más vulnerables en términos económicos, de estabilidad y de vínculos.

Maternar en Argentina

No existe una estadística concreta con respecto a cuántas mujeres son madres en la Argentina. No obstante, según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, la mitad de las mujeres argentinas en edad fértil son madres (cerca de 12 millones entre los 13 y los 35 años).

La brecha salarial por género es de 27,5%, lo que supone que las mujeres deben trabajar 1 año y 3 meses para ganar lo mismo que los hombres en un año. Según una publicación de Economia Femini(s)ta, en el cuarto trimestre de 2018 el ingreso medio de los varones fue de $21.792 mientras que el de las mujeres fue de $15.241. En lo que refiere a las trabajadoras informales, la diferencia se amplía a un 36% sumado a la precarización laboral.

Teniendo en cuenta que el sistema laboral sólo admite una pareja binaria heterosexual, la licencia por maternidad establece que «la trabajadora tiene derecho a tener licencia por maternidad. La duración de esta licencia por maternidad es de 90 días corridos. Puede tomarse 45 días antes y 45 días después de la fecha probable de parto (según certificado médico), o bien 30 días antes y 60 días después. En tanto, si el parto se adelanta, se tienen que cumplir los 90 días». Por su parte, a los padres solamente se les otorgan tres días corridos desde el día del nacimiento del bebé.

El año pasado, en la provincia de Buenos Aires, hubo un fallo precedente en el que la justicia determinó que la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA) debía otorgarle la licencia por maternidad a una mujer a quien pretendían darle licencia por paternidad por no ser quien gestara. La decisión judicial se basó en que «otorgarle la licencia del “padre” al “personal femenino” era forzar de una manera improcedente la regulación».

El sistema laboral en la Argentina, en términos legales y contextuales, excluye a la mujer madre sin distinguir si materna en pareja o sola. Si se encuentra en edad fértil implica gastos porque, en algún momento, quedará embarazada. Los ascensos son casi nulos porque, según el mercado laboral, ser mujer y ser eficaz no van de la mano. Si tiene más de une hije es un problema porque implica que faltará mucho a trabajar.

O madre o nada.

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