Viralizar la indiferencia

¿Quién puede decir que visitó microcentro y no vio a una persona durmiendo sobre un colchón viejo tirado en alguna vereda? Esperando el tren en Once o en Constitución, ¿nunca te cruzaste con algún menor de edad o una persona con discapacidad que pedía monedas para atender a necesidades básicas? ¿Cómo se explica que no nos horroricemos frente a esta catástrofe diaria?

Sergio, la cara visible del abandono estatal

La trágica muerte de Sergio Zacarías, un hombre de 52 años que dormía a la intemperie en las calles de San Telmo, suscitó una estruendosa respuesta social. Las redes sociales estallaron: comenzaron a difundirse números de teléfono a los que recurrir para solicitar ayuda para conseguir lugares donde dormir, comer y abrigarse. La cancha del River Plate, algunas universidades, sindicatos e iglesias abrieron sus puertas y ofrecieron albergue a gente en situación de calle durante las noches más frías del año.

Sin embargo, no debemos olvidar que estos no son actos solidarios: representan una respuesta a un gobierno que de forma sistemática impulsa medidas que atacan a los sectores económicamente más vulnerables. Ollas populares y merenderos vienen trabajando hace años (a pulmón, dicho sea de paso) para compensar las problemáticas inherentes a una gestión que golpea de lleno sobre quienes menos tienen. La Olla Popular de Haedo trabaja cada viernes desde hace dos años en la preparación de cenas para más de 60 personas cada noche. En el día de ayer, después de la viralización de la noticia de Zacarías, su página de Facebook recibió un caudal inédito de mensajes que ofrecían ayuda y donaciones.

¿Lo real es lo viral?

Según el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, el fenómeno de la indiferencia hacia la otredad se produce mediante algo que se conoce como adiaforización. En su trabajo, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, el autor señala que estas calamidades visibles en el día a día son producto de un sistema socioeconómico cuya existencia está basada en las desigualdades, en donde la esencia moral ha sido reconstruida en torno a la ética del trabajo. Como resultado se obtiene un proceso de adiaforización, definido como «hacer que el acto y el propósito de dicho acto se vuelvan moralmente neutros o irrelevantes».

Siguiendo a Bauman, la base de toda moral es la tendencia a sentirnos responsables por el bienestar de los desafortunados y sufrientes; sin embargo, la indigencia asociada al delito se manifiesta como una de las varias maneras para calmar ese impulso solidario. La pobreza deja de ser un problema ético y se quita de las conciencias el peso de la responsabilidad individual. Este efecto se construye mediante tres recursos interconectados, los cuales se ponen en práctica a través de medios masivos de comunicación:

  • El dato que muestra lo que necesita ser probado. Un claro ejemplo de esto son los contados casos que se espectacularizan de personas nacidas en villas miseria que, aunque estén representando a un 1% de la población, parecieran no estar afectadas por las pésimas condiciones en las que les tocó nacer: sea porque se esforzaron y mostraron mérito para obtener lo que buscaban o porque vinieron al mundo con cierto «talento natural», consiguen escapar de esa realidad en la que les tocó vivir sin afectar a terceros y por motu proprio. Se deja en evidencia, entonces, la existencia de alternativas que los pobres -por falta de decisión o voluntad- parecen dejar pasar.
  • La pobreza vista solo como carencia alimenticia. Se plantea la pobreza desde una visión de escasez alimentaria, en la cual las privaciones quedan reducidas a la falta de alimentos, limitando la ayuda a encontrar comida (y ropa) para «los que tienen hambre», cuando las carencias que sufren los sectores sociales más vulnerados económicamente están atravesadas por una multiplicidad de variables, como padecimiento de enfermedades, analfabetismo, pésimas condiciones de vida, violencia familiar, etc.
  • El desastre como espectáculo y amenaza. Se comparten imágenes mediante medios masivos que adjudican la pobreza a catástrofes naturales o guerras; de esta manera pareciera que el peligro se encuentra lejos, en un mundo ajeno y sin salvación, lo cual nos deja (supuestamente) sin margen de maniobra para ayudar desde nuestras casas.

Según las cifras…

¿Cuál es el fin de analizar cómo se construye discursivamente la pobreza? Pensar con mayor complejidad la sociedad en la que vivimos: entre 2015 y 2018, se duplicó la indigencia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, según la Dirección General de Estadística y Censos de la jefatura de gobierno. A comienzos de la gestión de Mauricio Macri se habían registrado 100 mil casos de indigencia, número que había ascendido a 198 mil hacia finales de 2018.

Asimismo, un informe reciente del INDEC dejó ver una realidad que duele: casi el 50% de les niñes del país viven en situación de pobreza. Los últimos monitoreos de la Defensoría del Público reconocen que les adolescentes y les niñes aparecieron en menos del 3% del total de las noticias emitidas en 2017. Dentro de este porcentaje, el 48,4% del material analizado les relaciona con la sección policiales.

Contra la adiaforización, solidaridad e información. La viralización de temas de relevancia social pareciera ser una herramienta útil para impulsar, en principio, el reconocimiento público de causas que urgen soluciones. Pero hace falta reflexionar, a la vez, sobre los modos en que se puede convertir a lo virtual en acciones colectivas concretas para paliar de raíz la desigualdad.

 

Imagen de portada: Parabuenosaires

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