La voz de Latinoamérica

Un 9 de julio, como el día de la Independencia, nació en la provincia de Tucumán Mercedes Sosa, conocida popularmente como «La Negra». De origen trabajador, su padre era obrero de la industria azucarera y su madre empleada doméstica. Siempre dedicó su música a los sectores más humildes y denunció las injusticias que atravesaba el país en las épocas más duras. Soportó la censura y el exilio, compartió escenario con los artistas más destacados y su voz conquistó el mundo.


Gracias a la vida

La primera vez que cantó en público fue en sexto grado. Había faltado la profesora de música y la maestra le pidió que fuera ella la que se parase frente a la escuela para cantar el himno. Tenía una voz hermosa; tal es así que sus compañeras le insistieron para que participara de un concurso de canto en la radio líder de Tucumán. Por supuesto que lo ganó, aunque con el seudónimo de Gladys Osorio, por miedo a que su papá se enterara.

La Negra logró vencer el prejuicio de su familia y llenó de música los corazones de su pueblo. «Para mi madre fue un golpe muy grande, no le gustaba que yo cante», confesó en una entrevista. «El ambiente artístico estaba mal visto». Por su parte, el padre tenía otros planes para su vida y cuando se enteró de que era su hija la que cantaba en la radio le dijo: «¿Le parece bonito eso de andar metiéndose en la radio? ¿Eso es lo que hace una señorita criada para ser decente?».

Ella cantaba para ayudar a su familia. «Una vez, con el Chichí [su hermano] fuimos por un túnel; llegamos hasta el horno del ingenio. Ya a veinte metros el calor era insoportable y allí estaba mi papá trabajando solo, sin camisa, con su espalda doblada; no sabía que lo estábamos mirando. Nos volvimos llorando. ¿Por qué hay seres que no conocen otra cosa que la pobreza?», contó en una entrevista para La Nación.

Esa sensibilidad ante la injusticia también guió las decisiones de su carrera y su música. Fue así que junto a su marido Oscar Matus, compositor y músico, le dieron vida al Nuevo Cancionero. «Era necesario hacer una nueva poesía, que hable del problema de los hombres, la pobreza de los hombres, de la ingratitud que tiene alguna gente con la gente trabajadora», argumentaba Mercedes.

Se reunieron en la casa del poeta mendocino Armando Tejada Gómez y comenzaron a idear el Manifiesto del Nuevo Cancionero, que finalmente lanzaron en febrero de 1963 y al que se fueron sumando adhesiones de artistas, músicos y literarios de todo el país. El objetivo era impulsar el desarrollo de la cultura nacional desde una visión abierta que integrase la diversidad de las expresiones regionales del país.

Todas las voces, todas

«Ella dejó en claro para varias generaciones que las canciones pueden convertirse en un acto político. Aunque una canción no tenga un mensaje dogmático, tiene un aspecto ideológico implícito y todo lo que hacemos puede tener un lado político»,  expresó en una entrevista el cantante, guitarrista y compositor escocés David Byrne, un gran admirador de La Negra.

Con el golpe cívico-militar de 1976, muchos de los artistas más populares fueron prohibidos y perseguidos. Mercedes Sosa era una cantora comprometida con su pueblo, lo demostraba en cada una de las letras que interpretaba y eso, en la Argentina de la dictadura, era un delito.

En octubre de 1978, la policía irrumpió en un show que estaba dando en La Plata y la detuvo junto al público que había ido a escucharla. Fue acusada de violar la ley 19.798 de censura musical por haber cantado «Todas las voces todas». Fue en ese momento cuando La Negra decidió irse del país, tras las amenazas constantes que recibía.

En 1982, luego de su estadía en París, La Negra volvió a la Argentina y cantó en el Teatro Ópera, inmersa en un clima de tensión ya que seguía siendo parte de las listas negras de los militares. «El irme del país me hizo dar cuenta de que yo tenía que mirarle a la cara a la gente que le cantaba», contó a su regreso. El exilio fue muy duro para ella; a pesar de que siempre estuvo acompañada, sentía una profunda soledad. Sólo volver a su patria le devolvió la alegría.

«Con Víctor Heredia decimos que Mercedes es un ícono de la democracia, porque nosotros creímos en la democracia cuando vino a tocar al Ópera en plena dictadura», cuenta León Gieco en el documental de Canal Encuentro sobre la vida de La Negra Sosa. «Nosotros creíamos que la dictadura se iba a prolongar muchísimos años más. Lo único que marcó que venía la democracia fue Mercedes tocando en el Teatro Ópera».

Todo cambia

Si bien su origen y su fuerte era el folclore, La Negra estaba abierta a todo tipo de música. Cantó y compartió escenario con Spinetta, Charly García, Fito Páez, Calle 13, Shakira, Julieta Venegas, Vicentico, Juan Manuel Serrat, Jorge Drexler, Caetano Veloso y demás artistas provenientes de diferentes estilos. «En vez de pedirme [un casete de] música folclórica, me pidió rock. Ella quería esos nuevos artistas», recuerda León Gieco.

Pasando por el rock hasta llegar al rap, no hizo distinción al fusionar toda clase de ritmos con el clásico argentino. «Logró que el folklore se escuchara más alto que una canción de Madonna. Le regaló sustancia a los jóvenes. Hoy muere pero su voz queda como referencia para futuras voces», escribió René Perez, cantante de Calle 13, cuando falleció Mercedes Sosa en el año 2009.

La versatilidad de su personalidad para confluir con diferentes estilos musicales y celebridades de la cultura fue su gran virtud. Logró que quienes la conocieron y trabajaron con ella la recuerden con cariño y admiración. «Una mujer integradora de esencias, una perfumista de la canción en la búsqueda no del aroma perfecto, sino del aroma del lugar», decían las palabras que le dedicó Fito Paez a su memoria.

Mujeres argentinas

Muchas veces se dice que hay mujeres que fueron feministas sin saberlo. La Negra fue una de ellas. Sus referentas eran Violeta Parra, cantautora chilena (a quien dedicó un disco homenaje en 1971), y Margarita Palacios, compositora y cantante catamarqueña. Ambas se destacaban en un ambiente mayoritariamente masculino. Mercedes se inspiró en ellas y conquistó el folclore nacional.  

En el año 1969, dedicó su CD «Mujeres Argentinas» a aquellas a las que la Historia acostumbra dejar olvidadas. Allí se encuentran temas como Juana Azurduy, Alfonsina y el mar y Las cartas de Guadalupe, entre otros donde le pone voz a la vida de mujeres trabajadoras, indígenas y guerreras. 

Como no podía ser de otra manera, su sensibilidad ante las injusticias y su mente abierta la llevaron a tomar una postura firme con respecto a la legalización del aborto. En el libro  «Mercedes Sosa. La Negra» de Rodolfo Araceli, sostiene: «No es fácil vivir y mucho menos siendo mujer. Imaginemos las jovencitas y no jovencitas que, empujadas por la miseria, el hambre y la desocupación, tienen que abortar. Las flagelan en lugares clandestinos y sórdidos».

Y recuerda: «Cuando me pidieron de la Unicef que trabajara para ellos, se los dije. Voy a hablar por los niños y por las mujeres. Diré que estoy a favor de la despenalización del aborto. En contra de la hipocresía, de la mentira y de la clandestinidad terrorífica a la que son empujadas las mujeres pobres y marginales».

La Negra siempre será la voz de la lucha latinoamericana, presente en las guitarreadas y zapadas. En el viento cálido del norte y las empanadas tucumanas. Como un símbolo de la matria que late, que vive, que sigue.   

Para sembrarte de guitarra,

Para cuidarte en cada flor

Y odiar a los que te castigan, mi amor,

Yo quiero vivir en vos.

 

Dedicado a mi amiga, la Dana.

 


Fuentes:

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