Deconstruyendo las infancias: colonización, patriarcado y adultocentrismo

Artículo colaboración por Luciana Bianchi


«El cuerpo humano es, como sabemos, una fuerza de producción, pero el cuerpo no existe tal cual, como un artículo biológico o como material. El cuerpo humano existe en y a través de un sistema político. El poder político proporciona cierto espacio al individuo: un espacio donde comportarse, donde adoptar una postura particular, sentarse de una determinada forma o trabajar continuamente». Michel Foucault.

Para desentrañar este pensamiento, podríamos pensar que las infancias se nos presentan como una categoría relacional en la que se pone en juego el poder, que evolucionan históricamente desde la colonización hasta nuestros días: colonialidad, patriarcado y adultocentrismo se terminan de configurar dentro de la postmodernidad en nuestro mundo capitalista. Se trata de un juego de poder en donde un sector ejerce violencia y otro la padece, en una suerte de disciplinamiento.

En nuestro devenir sujetes se plasma la sociedad disciplinaria, una sociedad que configura cuerpos dóciles, normalizados y clasificados. Las infancias son un campo donde se libran luchas sociales para la reproducción del statu quo. Por tal motivo, al no ser un proceso sincrónico con la adultez, las sociedades necesitan ejercer el control y es allí donde el antagonismo infancia/adultez se hace presente, ya que la adultez sería el exterior constitutivo de ese «sujete en formación».

Entonces se instala la categoría de «adultocentrismo», cuya práctica está apuntada, entre otras cosas, a la reproducción de las familias nucleares: fenómeno societal que regula la relación del mundo de les adultes con el de las infancias y las adolescencias. Un ejercicio de poder que se manifiesta en la vida cotidiana de les niñes y les adolescentes como matriz estructural que modela las formas de pensar.

El adultocentrismo es una práctica sociopolítica y económica donde el control es ejercido por les adultes: se encuentran por encima de las infancias y las adolescencias, sostenides por un sistema patriarcal que reproduce la división sexual del trabajo y configura los roles dentro de la sociedad: moldes que producen sujetes idéntiques.

Así pues, los valores promovidos desde la cultura y transmitidos mediante el proceso de socialización definen las posiciones sociales desde los cuales se construyen las subjetividades infantes.

Es necesario pensar las infancias dentro de una categoría social en construcción histórica para poder desandar el camino de la dominación. Propongo que, entre todes y mediante la lectura, nos interpelemos para poder liberarlas. ¿Nos será posible?

Ser niñe y adolescente en contexto neoliberal

En estos últimos años, se han producido grandes transformaciones sociopolíticas y económicas en nuestro país y en gran parte del mundo, en las cuales el mercado es quien domina las lógicas de acción. El Estado ya no es garante de los derechos básicos de la población y las escasas políticas públicas sociales desconocen los deseos y necesidades de las infancias y las adolescencias.

Esto permite la construcción de una mirada hegemónica que conforma una única manera de ser niñe y joven, invisibilizandoles como sujetes deseantes. Despojan a las infancias y las adolescencias de sus potencialidades, vulneran sus deseos y derechos en su presente que condiciona su futuro.

Esta práctica de acción se plasma en lo que podemos definir como matrices adultocéntricas y patriarcales, ya que se construye el molde para constituir modelos de cómo ser niñe: «niño varón», «niña mujer», «joven varón», «joven mujer».  Se establecen categorías del ser en torno a edad y sexo genital, a partir de los cuales se asignan roles sociales no solo entre las infancias, sino entre las juventudes y la adultez.

Esta asimetría terminó de consolidarse luego de la Revolución Industrial y se afianzó definitivamente con el sistema capitalista. En este proceso, los acontecimientos históricos permitieron posicionar al varón-adulto como la clave del proceso de producción, invisibilizando en él la importancia de les jóvenes y las mujeres en la reproducción social del sistema.

El entramado cultural y los diferentes espacios de socialización, como lo son la familia, las escuelas y el grupo de pares, constituyeron a la categoría de infancia/adolescencia en una de las instancias de mayor dominación dentro del sistema patriarcal. De este modo, las niñeces y las adolescencias conocen las expectativas sociales que corresponden a su género y su generación, además de entender qué deben hacer y qué tienen que pensar dentro de esta lógica de construcción.

Las infancias latinoamericanas sufren dominación colonial y patriarcal en donde las familias nucleares reproducen la división sexual y generacional de los roles que corresponden al tipo de familia patriarcal, donde los varones son los encargados de las tareas de producción («lo público») y las mujeres de la vida cotidiana («lo privado»). De este modo, se da lugar a los roles que se juegan en el espacio público y la participación social para reforzar el patriarcado y, así, perpetuar la opresión.

Explotando la matriz adultocéntrica

El poder hace circular su discurso y los procesos de objetivación pasan a ser modos de subjetivación cuando son utilizados por nosotres para la comprensión del ser. Las juventudes se constituyen en esta relación de dominación y asumen sus roles dentro de la sociedad, según los parámetros definidos.

Los discursos que nos circundan tienen una impronta de «conocimiento» y, a su vez, funcionan como discurso reflejo. De esta manera, se evita demostrar que el statu quo que rige la sociedad fue construido artificialmente, una confección sociocultural.

El desafiante devenir de las infancias implica un cambio social. Pensar las infancias como una categoría liberadora coincide con la construcción de sociedades más justas. En el devenir de nuestra historia, hemos visto cambios en las formas en que les adultes tratan a les niñes: desde ignorarles, desecharles, subestimar sus saberes y habilidades, a reconocerles y escucharles.

Las infancias deben ser repensadas desde las instituciones y ser eje central de políticas de integración que incorporen sus voces. Una construcción conjunta en una democracia real que las incluya en su vasta diversidad. Porque ¿saben una cosa? En la infancia comienza la humanidad.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s