Juana, trola y burladora

Artículo colaboración de Jorgelina Gálligo


El arte es crítica y se aggiorna constantemente a las nuevas épocas. Charlamos con el director Darío Pasache quien, luego de una investigación de cinco años, presenta una versión libre de «Don Juan» de Molière con un cambio rotundo: el personaje principal. Pasache invita a romper con el estereotipo social del hombre Don Juan y la mujer inmoral a través de su obra teatral «Juana la burladora y el convidado de piedra».

«Ese tipo es un Don Juan».
«¡Qué mina más trola!».

Es muy común escuchar estas frases en lo cotidiano. Si un hombre disfruta su vida sexual, es nombrado como Don Juan: un hombre ganador, capaz de satisfacer sexualmente a más de una mujer sin la necesidad de asumir un compromiso. No obstante, es muy normal (incluso entre las mujeres) al observar que alguna de nosotras vive plenamente su sexualidad en las mismas condiciones que un hombre, tildarla de inmoral, prostituta o lisa y llanamente «puta».

El origen del término «Don Juan» surge a partir de la obra homónima escrita por Molière en el siglo XVII, que cuenta las aventuras de un hombre que se burla de sus conquistas.

La obra y los personajes

Juana, nuestra heroína, toma su derecho y obligación de igualdad para ejercer las mismas actitudes y conductas varoniles tan aceptadas por la sociedad. ¿En qué se convierte? Juana (Virginia Mesones) es un personaje que vive su presente en plena libertad: no está atada a mandatos, normas o leyes sean del hombre o divinas y, por ello, se muda de ciudad en ciudad buscado su lugar en este mundo, perseguida por quienes se consideran agraviados por su forma de vida.

Cata (Mónica Masdeu), en su personaje de psicóloga y de coro griego, hace de conciencia colectiva y en los intersticios de la puesta y del subtexto interpela indirectamente al espectador, proponiéndole ser parte fundamental de la obra.

Vivir en la libertad que pretende Juana conlleva daños colaterales a los otros personajes: Eliot (Walter D Hernández) es un romántico empedernido que por amor se convierte en el mediador celestial y, en su persistencia de querer escuchar lo que quiere, no entiende que la verdadera felicidad que Juana le propone está en el cambio.

Carlota (Guillermina Sívori) es una febril opositora, que toma la actitud de Juana como una lucha de poder, de clases, de dominio económico mientras Guzmán (Cristina Tika) defensora de la moral y los usos y costumbres, expía las culpas de Juana a través del dolor, la fe, la religión, sin entender que Juana hace lo que hace porque se siente feliz y no necesita del perdón celestial.

También trabaja la metáfora del Comendador (Fernando Schwietser), el muerto vivo, con relación a lo individual y a lo colectivo como sociedad. Todos tenemos muertos en el placard y mientras permanezcan «vivos» ahí volverán una y otra vez. Lo mejor para superar el pasado es enterrarlos bien, dejar a nuestros muertos en paz, aprender de ellos y vivir el futuro sin culpa, si nos empecinamos en traerlos cada vez que tenemos un obstáculo estaremos dando vueltas en un círculo interminable que nos consumirá la vida.

«Juana es vista como el futuro inmediato de la mujer porque vive en plenas facultades sus derechos y obligaciones, porque va más allá de la queja o la mera denuncia y porque no necesita del permiso o la declaración de sus derechos para vivir como cree debe vivir una mujer. Es interesante la propuesta porque nos interpela acerca de las relaciones humanas.

¿Las promovemos o sospechamos de cualquier acercamiento? ¿Qué sería un Don Juan en el siglo XXI? ¿Un acosador? ¿Hay lugar para el donjuanismo en la actualidad? ¿Cuál es el límite entre el acoso sexual y la conquista amorosa? ¿Un piropo te convierte en un baboso patriarcal? ¿Los juegos de seducción y conquista son inherentes al ser humano? ¿Los colectivos LGBTIQ no juegan igual que los hetero?», comenta el director.

El papel del teatro

Aprovechamos la conversación con el director y, a modo de cierre y reflexión, le preguntamos acerca de cuál es el rol del teatro en esta época, donde están en tela de juicio los roles de género como así también el papel de la mujer en la sociedad en general.

«Toda obra de teatro es un reflejo de los tiempos y de la problemática en que se viven. Trabajo obras clásicas porque me permiten innumerables adaptaciones o versiones libres sin importar credo, raza o situación social. Soy más nacional y popular de lo que otros se creen».

«Considerar que lo clásico es un privilegio de “clase” es un error», afirma. «Al contrario, es lo más popular que he encontrado, por la universalidad del conflicto, y si la problemática planteada se ubica en una villa miseria actual y los personajes son los habitantes de la villa, lográs la satisfacción de que cualquiera de ellos entienda porque vivió perfectamente lo planteado, sin necesidad de asumir roles de reyes, ni príncipes ni burgueses explotadores. Después de treinta años de investigación teatral, he llegado a la conclusión de que el rol o la función del teatro es promover el autoconocimiento», concluyó Pasache.


«Juana la Burladora y el Convidado de piedra» se presenta todos los viernes en teatro «La Tertulia» (Gallo 826, CABA). Encontralos en Facebook y en Instagram.

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