Alicia Moreau de Justo, luchadora contra molinos de viento

«Recuerdo los barrios obreros de esta ciudad cuando llegábamos con las banderas rojas y la gente se iba reuniendo y se iban logrando cosas. […] Cuando las mujeres nos juntamos por primera vez y empezamos a pelear por nosotras».

Alicia Moreau de Justo nació en 1885 en Londres, Inglaterra. Fue profesora, periodista, médica y política. Llegó a la Argentina a los 6 años de edad. Su padre, Armand Moreau, fue un librepensador francés que participó en la Comuna de París. Años más tarde se vio obligado a trasladarse al exilio.

En el contexto de la primera oleada inmigratoria de Europa a Argentina, su familia llegó a Buenos Aires y fundó una librería. A partir de allí comenzaron a establecer vínculos con socialistas ya instalados en el país. Alicia acompañaba a su padre a las reuniones y eventos.

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Juventud y militancia

Hacia el año 1906, fue invitada a presentarse ante el Congreso Internacional del Libre Pensador, donde presentó una ponencia titulada Educación y Revolución. En dicho texto analizó las reformas educativas ocurridas durante la Revolución Francesa.

Su trabajo tuvo gran aceptación entre el público presente. Una de las citas más destacadas del escrito fue: «La Iglesia ha perdido su prestigio, el mundo se ríe de las excomuniones. Si ha caído este poder, inmenso en una época, si la humanidad se ha curado de uno de sus mayores males, ¿cómo no ha de curarse de los otros, curarse del dogma patriótico? Desaparecerán las desigualdades sociales que hacen que la inmensa mayoría de la gente tenga ante todo el derecho de sufrir al lado de los que tienen el de gozar de la vida en toda su belleza».

En el mismo evento conoció a referentes como Belén de Sárraga, José Ingenieros, Enrique del Valle Iberlucea y a Juan B. Justo, su posterior esposo. A su vez, este fue el punto de partida para que, más tarde, participara en la creación del Centro Feminista de Argentina y el Comité Pro-Sufragio Femenino.

Se consagró como la segunda médica del país, luego de la graduación de Cecilia Grierson. Recibida con Diploma de Honor, realizó su tesis sobre ginecología. En sus prácticas médicas conoció las necesidades de prostitutas y mujeres de sectores económicos vulnerables con enfermedades venéreas, lo que hizo que se especializara en esta rama de la medicina.

Desde una concepción de revolución social con un enfoque culturalista, escribió notas para varios diarios y revistas, la mayoría de ellos vinculados al Partido Socialista. Publicó seis obras y se desempeñó como docente de grado y universitaria. Además, apoyó diferentes huelgas obreras. Tiempo después, se mostró comprometida con las causas pacifistas, manifestándose en contra de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Malvinas.

«Las armas a las cuales se refiere Marx, en sentido metafórico, no son precisamente martillos para romper las máquinas, dinamita para hacer saltar las fábricas… Arma, en esta lucha, es el libro que ilustró a la burguesía en su conflicto con el feudalismo e ilustra hoy al proletariado en su acción contra la burguesía».

Feministas eran las de antes: Alicia, sufragista

El voto femenino se sancionó en Argentina en 1947. Como fruto de muchos debates del socialismo, durante la década del 30 se presentaron varios proyectos de ley para llevarlo a cabo, que nunca pudieron juntar mayoría. En este sentido, Alicia entendía que el  voto femenino era una necesidad democrática para garantizar mayor compromiso político por parte de la ciudadanía. En relación a su legalización durante el primer mandato peronista, ella afirmó hacia 1949:

«El voto femenino no se materializó hasta que el peronismo comprendió todo el valor político que podía tener esa fuerza y un senador presentó el proyecto. Como tenían mayoría fue aprobado. Por otro lado ¿quién se iba a oponer? […] [Eva Perón] lo recibió hecho. Nunca se había ocupado del problema, que yo sepa. Era una mujer muy rebelde. Ella quería salir de su medio, que fue lo que hizo finalmente. Después, cuando se dedicó a aliviar la situación de los trabajadores, expresaba también el mismo sentimiento de rebeldía que las que querían el sufragio».

Militó por la regulación del trabajo infantil y de mujeres, la creación de jardines maternales, cuestionó el matrimonio en su temprana juventud y participó en la fundación de la Asociación Internacional de Mujeres Médicas y de la Unión Feminista Nacional. Asimismo, se manifestó en contra de la trata de personas.

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Alicia, en sus últimos años.

Contra molinos de viento

Durante la última dictadura cívico-militar, apoyó a las Madres de Plaza de Mayo. Con 90 años, fue una de las fundadoras de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Presentó peticiones de libertad a desaparecidxs a la Junta Militar. En 1980 se encargó de recibir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), una visita que dañó profundamente la reputación de la dictadura.

Cuando cumplió 99 años, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo le hicieron entrega de un pañuelo blanco, como símbolo de agradecimiento por su dedicación a la causa. Hacia 1985 fue declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En una de las últimas entrevistas que le realizaron, le preguntaron qué le gustaría que le escribieran algún día como epitafio. Ella respondió:

«Aquí yace una gran luchadora contra molinos de viento».


Fuentes consultadas

 

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