«Fleabag», la serie feminista del momento

[¡Este artículo contiene spoilers!]

Fleabag es modernidad, desastre, irreverencia y enojo. Es una mujer de 30 años de edad que no se cansa de tomar pésimas decisiones y no sabe cómo encaminar su vida. Es el retrato de una sin nombre obsesionada con el sexo y los hábitos autodestructivos, que no tiene nada más que el humor para hacerle frente a sus catástrofes.

Ante todo, es una nueva mirada acerca de cómo el contexto de época exige plantearnos otras formas de representar a la mujer del siglo XXI, cansada de estar a la sombra del hombre, con ganas de vivir su sexualidad sin dar explicaciones y siendo políticamente incorrecta aunque eso no obedezca al eterno mandato de la complacencia.

Con cuatro premios Emmy que la posicionaron como la gran ganadora de la noche en la última emisión de la entrega de estos galardones que destacan lo mejor de la televisión, Fleabag se convirtió rápidamente en un fenómeno y, para muchos, en la gran sorpresa del catálogo del servicio de streaming de Amazon, Prime Video.

¿Qué tiene para decir?

La traducción literal al español de la palabra que le da título a esta serie es «bolsa de pulgas» o, simplemente, «pulgosa».  Con Phoebe Waller-Bridge a la cabeza, cuenta con dos temporadas compuestas por seis episodios de alrededor de media hora cada uno.

A lo largo de estos doce capítulos seguimos a la protagonista, cuyo nombre jamás es mencionado, mientras atraviesa por distintas situaciones: en la primera temporada, transita el duelo y la culpa por el suicidio accidental de su mejor amiga y en la segunda, se enfrenta a un amor imposible al enamorarse de un sacerdote.

Además de tener un ritmo excelente que exige ser vista en pocas sentadas, Fleabag está escrita con ingenio. Usa como recurso narrativo la constante ruptura de la cuarta pared y pone al espectador en un lugar de complicidad. Más allá de tener como fin ser un producto para el entretenimiento, propone una manera distinta de narrar una historia que tiene como protagonista a una mujer: es imposible ubicarla dentro del binarismo que suele regir en la constitución de los personajes.

¿Es buena o es mala? ¿Es heroína o es villana? Lo cierto es que estas variables confluyen a la vez, la alejan de estereotipos y funcionan como elementos que nutren a la noción de referencialidad del personaje. Además, su construcción también se aleja de la misoginia que predomina a la hora de presentar personajes mujeres porque nos la presentan como independiente de cualquier otro personaje masculino.

No es la madre, ni la hija, ni la novia de nadie. No está pensada de forma parasitaria a ningún varón. Su vida es un caos, pero no depende de nadie: tiene su propio café al borde de la quiebra, su realización no pasa por encontrar a un hombre y las relaciones con otras mujeres tienen un papel fundamental en su vida.

Otra cuestión central en Fleabag es la preponderancia de la sexualidad en la vida del personaje principal y su abordaje explícito en casi todos los episodios. En esta serie, lejos de estar atravesada por la mirada masculina, a la protagonista le gusta el sexo y lo disfruta.

No lo esconde ni tampoco es presentado desde una perspectiva moralista que sirva como excusa para mostrar lo que «no se debe hacer». De hecho, tiene múltiples compañeros de cama sin buscar en ellos una relación y así rompe con el preconcepto de que las mujeres solo pueden tener relaciones cuando hay sentimientos de por medio, igualándola a la concepción masculina acerca del sexo.

¿Quién es Phoebe Waller-Bridge?

Sin dudas, Waller-Bridge se volvió la comediante y guionista del momento.  En los últimos años, se encargó del guión de ambas temporadas de Fleabag, de la serie multipremiada Killing Eve y la comedia dramática Crashing. En materia de cine, fue convocada para colaborar en la composición del guión de la nueva película de James Bond, No Time To Die, actuó en La Dama de Hierro y tuvo un papel en Han Solo: una historia de Star Wars.

Fleabag tuvo un origen bastante simple: nació de un monólogo de diez minutos, producto de un desafío que le propuso a una amiga. Tres años después, estrenó la serie de televisión que con el tiempo se convertiría en un éxito y la posicionaría como la promesa de Hollywood.

En una entrevista a Vogue, contó que estaba en su tercer año en la Real Academia de Arte Dramático cuando le dijo a un director que ya no tenía ganas de interpretar a princesas pasivas. Ahora, casi como respuesta a esa queja, se dedica a escribir personajes alejados del ideal de mujer en apuros: tienen sueños propios y defectos, son responsables de sus propias decisiones y se valen por sí mismas.


 

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