Elle es no binarie

«Ser trans es, sencillamente, no ser del género que fue asignado al momento del nacimiento; no es requisito odiar el propio cuerpo ni preferir los estereotipos de un género sobre otros. El género es una vivencia interna, que puede o no reflejarse en la forma de presentarse ante les demás».

Rocío Sileo, Escritura Feminista.

Conozco a Rocío hace dos años. Vive en Morón, a dos colectivos de mi casa. Luce el cabello corto: la última vez que nos vimos lo llevaba verde. Esta semana optó por un tono azulado, al que yo le encuentro destellos violetas. Alguna vez vi fotos suyas en con pelos plateados, cargadas en su Instagram. ¿Sabrá que, para mí, la vitalidad de sus cambios de look expresa gran parte de su personalidad? Y no, no es por ponerle la etiqueta de susceptible o cambiante: por lo contrario, creo que es valiente. Pero, sobre todo, su pelo rompe con lo establecido, igual que su persona. Elle es no binarie.

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Se recibió de la carrera de Traductorado Público en la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA) hace un año. Edita y escribe artículos para Escritura Feminista, el medio en el que participamos y donde nos conocimos. Sé que su pronombre es «elle» desde que se presentó en el grupo. Así como también sé que cada vez que tengo una duda ortográfica o gramatical, es la persona de confianza a la que siempre puedo recurrir porque, ufff, ¡sabe muchísimo!

Ser no binarie excede a una mera cuestión de apariencias. En palabras de Ro: «Va más allá de no querer usar vestidos o no querer pintarme los labios. Tampoco es que me quiero rapar y usar sandalias con medias. Es una sensación súper propia».

La ley de identidad de género cumplió 5 años de vigencia en nuestro país. Sancionada en 2012, esta legislación fue modelo para muchas otras naciones. Incorpora la figura de identidad autopercibida, sin necesidad de controles médicos que supongan una patologización hacia quien quiera solicitar un cambio registral. En otras palabras, nuestra ley también contempla la existencia de géneros no binarios: personas que no se perciben ni como hombres ni como mujeres desde las concepciones tradicionales.

Ro sabe que no se encasilla dentro de lo socialmente normativo desde hace más de 10 años. Cuando estaba en debate la ley por el matrimonio igualitario, recuerda haber defendido a rajatabla a «las parejas homosexuales que tienen derecho a adoptar, a ser felices». Siempre desde la distancia, en tercera persona. La primera vez que manifestó su género en público fue en una jornada del grupo de Traductoras e Intérpretes Feministas de la Argentina (TEIFEM) en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Ya con su título universitario en mano.

«Estábamos en un salón que nos habían dado para el evento y las chicas organizadoras se presentaron. Empezaron a hablar del lenguaje inclusivo. En un momento pararon y dijeron: “Bueno, en realidad nosotras estamos acá hablando pero somos todas mujeres cis. ¿Acá, en esta sala, hay alguna persona no binaria?”. Y fue, no sé, la decisión instantánea de decir: “Yo…”, súper en silencio».

Sin embargo, sus amistades más cercanas y quienes siguen su cuenta de Twitter ya estaban al tanto de su inscripción con el pronombre «elle». En su adolescencia, en 2012, fijó un tuit en su perfil donde se declaraba persona no binaria. Su fundamento era un blog mexicano dedicado a tratar el tema y que, ya entonces, legitimaba el uso del tan polémico lenguaje inclusivo o no binario.

Después de esa ocasión en la Biblioteca, surgió la oportunidad de presentarse en la Jornada Interuniversitaria de Traducción e Interpretación en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Tras meses de investigación, preparó una ponencia titulada «Traducción, género y feminismo: la cuestión del lenguaje inclusivo», tutelada por dos especialistas y docentes de su profesión.

«Otros idiomas tienen el lenguaje no binario súper naturalizado, ¿cómo lo pasás al español si en nuestro idioma no tenés ese recurso para mantener la fidelidad con el texto original, que es la máxima número uno de la traducción?».

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Rocio Sileo durante su ponencia en la Facultad de Derecho (UBA).

Cuando terminó la jornada, recibió felicitaciones por parte de la directora de la carrera de Traducción Pública de la UBA y del jefe del departamento de Lenguas Minoritarias. Días después le siguieron llegando elogios de traductores, lingüistas y colegas que veían su presentación a través de videos. Su familia estuvo presente en dicho evento.

Como le ocurre a muchas personas trans, su primera salida del clóset fue en redes sociales y más tarde en un ámbito profesional, siempre en espacios distantes a su realidad doméstica. Luego de ver a su familia aplaudiendo en la presentación de su investigación, decidió que ya no podía seguir negando su identidad en el hogar.

«¿Cómo voy a bancarme que me vean como nena cuando la realidad es que me incomoda? Se supone que la casa es el lugar donde más seguro tenés que estar pero para la comunidad trans es el último».

En lo vinculado a su identidad, considera que tiene un vínculo más cercano con su padre que con su madre. Así fue como, durante un viaje en auto, pudo confesarle: «¿Viste esto del lenguaje inclusivo y el no binarismo? Bueno, yo lo uso para hablar de… mí». Con su mamá abordó la situación de manera distinta: un día sólo comenzó a hablar de su persona incorporando lenguaje no binario en charlas cotidianas. A esa altura ya no temía encontrarse con un rechazo pero sí pensó que podría recibir la etiqueta de persona chiflada.

Diversas organizaciones por los derechos trans acuerdan en que la comunicación familiar es un punto clave para garantizar contención. En el caso de Ro, si bien sus padres respetan su identidad en la medida en que no manifiestan actitudes transfóbicas, aún siguen llamándole con pronombres femeninos.

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«El hábito de hablar en femenino, si bien yo sabía que no me iban a pegar ni echar de mi casa, era una forma de autodefensa. Era una manera de saber que no me iban a mirar mal». Se conoce como transfobia al rechazo que manifiestan algunas personas hacia las identidades trans, binarias y no binarias. Suele ejercerse sin siquiera tener dimensión del daño que se está produciendo. Según estadísticas relevadas por la organización Planned Parenthood, gran parte de la comunidad trans padece o padeció depresión, disforia o ansiedad. A su vez, un 41% ha atravesado intentos de suicidio, vinculados a esta problemática.

«Es una incomodidad súper profunda e interior. Al día de hoy yo todavía no la puedo poner en palabras. Si no confían en lo que yo estoy expresando ahora, mal ahí. No va a cambiar, porque está ahí por más de que los demás no lo comprendan».

Hoy, elle trabaja haciendo subtítulos y traducciones de novelas, aunque envía curriculum vitae hace ya varios meses. Le gustaría poder conseguir un empleo estable. A la dificultad de obtener un trabajo siendo joven, se suma el hecho de que hacen falta mejoras en la ley de cupo laboral trans para ámbitos públicos y privados.

Por otro lado, no se ve reflejade en medios de comunicación masivos. Eventualmente aparecen representaciones trans, como en el caso de Juani (chico trans en la novela 100 días para enamorarse) o con Lizy Tagliani como conductora de programas de televisión masiva. Sin embargo, la mayoría tienden a mostrar a gente que transicionó de un género a su opuesto desde una concepción binarista. Raras veces se mediatizan personas que no habiten la norma hombre-mujer.


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«El hecho de no estar de acuerdo con las representaciones estereotipadas de los géneros binarios no te hace necesariamente trans».

A la inquietud de la inestabilidad laboral, la falta de representación y el miedo a la transfobia, quiero contraponerle una certeza: las notas de Ro son las más leídas del sitio web de Escritura Feminista. Algunas cuentan con más de 15 mil visitas sólo en lo que va de este año. Entrevistó a jóvenes trans, entabló diálogo con feministas sordas, cubrió marchas del Orgullo y por el Derecho a Decidir y realizó un ciclo en el que explicó las diferencias entre las orientaciones e identidades del colectivo LGBTIA+.

Su redacción, generada desde un genuino compromiso con las causas que aborda (feminismo interseccional, comunidad LGBTIA+, lenguaje no binario), le da voz a muchas personas que a diario se sienten ajenas a un mundo regido por lógicas cisheteropatriarcales. Personalmente, admiro su dedicación y vocación para comunicar desde el más profundo interés por cambiarlo todo y construir sociedades más justas. Espero que lo sepa: elle a mí me representa.


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