La cara de orto y el mandato de agradar

En la asunción de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner hubo un momento que no pasó desapercibido, fue la expresión de la vicepresidenta cuando saludó al ex mandatario Mauricio Macri con un claro descontento en su rostro que fue criticado en redes sociales. 

«Maleducada», «soberbia», «irrespetuosa», eran algunos de los adjetivos que dispararon algunes usuaries de Twitter contra CFK por dejar expuesto su disgusto, por no sonreír y fingir que todo está bien, por no ser simpática y agradable (como se supone) que deben ser las damas.

La politóloga Florencia Freijo se refirió al debate en cuestión en su cuenta de Twitter y opinó: «¿Cómo desde el feminismo piden que Cristina sea “bien educada” con su agresor? Desconocen todo lo sucedido, le están pidiendo que sostenga formas (mandatos) con un machista del poder».

La cara (de ojete) de Cristina no es capricho, sino producto del hartazgo de años de difamación mediática y persecución político-judicial. Fueron muchas las estrategias para perjudicarla desde la modificación, a través de una resolución, que impidió el traspaso de mando en el año 2015, hasta no conceder la trasmisión en vivo de su actual declaración en el juicio oral y público de las causas que fueron tapa, editoriales e informes periodísticos en los principales medios de comunicación.

Poques polítiques en la historia argentina fueron tan atacades como Cristina Kirchner. Las tácticas para desprestigiar su figura obedecieron lógicas patriarcales: la trataron de loca, histérica, chorra, bruja. Indagaron en la vida y salud de sus hijes e incluso se ha llegado a cuestionar si realmente había fallecido su marido Néstor Kirchner. Después de todo, una cara de orto es lo mínimo que se puede esperar.

Usted es una señorita

¿Cuántas veces nos dijeron cómo sentarnos, cómo comer, cómo hablar, cómo caminar, cómo «mejorar la postura», cómo vestirnos o peinarnos, cómo ser una dama? Una señorita amable (que merece ser amada), que agrade a la vista, que se comporte, que no ofenda, que caiga bien. 

¿Cuántas veces escuchamos frases como: «sentate bien», «cerrá las piernas», «no hables tan fuerte», «no queda bien que una chica diga groserías»? Guardar las formas para las feminidades es mucho más que ubicarse, es seguir un estereotipo de mujer: callada, sonriente, decorativa. Como una promotora que se para atrás del piloto de carreras.

La disconformidad sin tapujos expresada por Cristina, es la rebeldía de muchas y muches que en estos años lograron romper con los mandatos de agradar y comportarse para mostrarse tal cual son. Es el dejar de caretearla con el machirulo y hacerle saber que con él está todo mal, aunque haya sido el Presidente de la Nación. 

Lo femenino asociado a lo fantástico de los cuentos de hadas, a la princesa o hechicera (tal como describió a su esposa Mauricio Macri) que canta feliz por el bosque rodeada de tiernos animalitos se terminó, porque las feminidades no siempre somos delicadas, finas, sonrientes y agradables, también nos enojamos, clavamos cara de orto y lo hacemos saber.

This girl is on fire

«Yo no soy hipócrita, no lo voy a ser nunca», anunció la vicepresidenta frente a miles de personas reunidas en Plaza de Mayo con motivo de la asunción del nuevo gobierno y agregó: «Ustedes saben, puedo equivocarme, puedo cometer errores pero ustedes saben, que digo lo que pienso y hago lo que siento». 

Nunca fue gratis decir lo que pensamos ni hacer lo que sentimos, desafiar lo establecido trae consecuencias, es por eso que Cristina habla de «coraje» y lo diferencia de la «soberbia» que siempre le han adjudicado como figura política femenina: «Porque para llevar las cosas adelante hay que tener coraje»,  advirtió en su discurso.

Esperar que una mujer, después de haber padecido todo tipo de violencias simbólicas, se «comporte» de manera ¿correcta? Es un deseo patriarcal porque significa, una vez más, callar las injusticias para no armar bardo, para no ofender al macho, para dejar que el status quo siga funcionando perfectamente.

El gesto de Cristina es el de muches que, como ella, están hartes de posar y fingir algo que no son. Es la transparencia de ser sincere con une misme y cortarle el rostro al que te quiso denigrar. Marcar la cancha y hacer saber que si me maltratás no te pienso mirar a los ojos, que con la violencia se corta de raíz y que hay cosas que ya no se toleran más. 

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