Violencia simbólica: basta de mostrarnos como objeto

Desde siempre, la historia de las mujeres estuvo ligada a ser tenidas, como si fuéramos objetos. Objetos que se pasan unos a otros, objetos que se comparten, objetos que sexualizan y así se podría armar una lista interminable. Uno de los ámbitos en donde se puede observar esto es en el publicitario.

Durante estos días la cerveza Brahma realizó una publicidad para su nuevo producto Brahma Lime. En el spot, una chica está en la playa rodeada de gente que toma cerveza y de pronto suena una voz en off que narra: «Cerveza. Nos gusta a todos, pero a vos te parece amarga. Y te sentís afuera, tomando “traguitos de colores”. Vamos, mi reina, ya es hora de que tengas tu bautismo birrero». La joven es llevada al mar, donde un hombre vestido de gurú le hunde la cabeza en el agua y la obliga a tomar un trago de la cerveza con gusto a lima.

La publicidad fue criticada duramente en redes sociales por sus mensajes negativos, machistas y violentos. El Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad se sumó al debate aportando definiciones sobre la violencia simbólica y sus efectos. Por esto, la empresa cervecera retiró la publicidad y pidió disculpas por «no lograr expresarse de manera clara».

Este tipo de publicidades atrasan por lo que las mujeres venimos luchando día tras días: evitar que nos sigan viendo como objetos para pasar a ser sujetos. Pero parece que al mundo de la publicidad, en la mayoría de los casos, no llegó este mensaje.

Nos cansamos de ver spots que relacionan a la mujer con productos de limpieza, con el cuidado de bebés y demás mientras al varón se lo muestra como un todopoderoso que viene a salvarnos la vida. También, de las publicidades de autos y de vinos que muestran al conocedor experto de siempre. ¿Hasta cuándo tendremos que ver estos mensajes estereotipados?

Este tipo de violencia corresponde a la violencia simbólica, tal como lo describe la ley 26.485, que subyace a cualquier otra forma de violencia patriarcal y sexista porque, mediante la reproducción de estereotipos y mensajes, permiten la discriminación y la desigualdad en las relaciones sociales y naturaliza la subordinación de la mujer en la sociedad.

Ahí está el problema, en la naturalización de cómo ven a las mujeres, del lugar en donde las tienen catalogadas. La diferencia es que nosotras ya no lo permitimos. Ya no nos quedamos encajadas en lo que nuestra cultura patriarcal lo ve como algo normal.

Erradicar la violencia simbólica resulta vital para terminar con la violencia de género en todas sus modalidades. Para ello, es necesario dejar de concebir a las mujeres como objetos, para reconocerlas como sujetas de derecho y desnaturalizar los espacios donde se legitima la diferencia como desigualdad. A romper moldes, correrse de los límites, cuestionar estereotipos hasta que la libertad deje de ser privilegio masculino.


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