Soltar la panza para habitar el presente

Escritura Feminista entrevistó a Samis y Mey, del proyecto digital «Soltá la panza». En esta edición te vas a enterar de qué se trata y por qué es tan importante repensar nuestras corporalidades.

Un día apareció en redes sociales el espacio @soltalapanza, que poco a poco publicaba las fotos y los testimonios de cada una de las mujeres que escribían. El proyecto surgió hace muy poco, no para de crecer y sumar seguidoras.

Las publicaciones, en su mayoría, son de mujeres pero en palabras de Samis: «Estamos abiertas y estaríamos felices de que cualquiera mande la foto de sus panzas y sus vivencias respecto a ello.» Con esto se refiere a todas las disidencias y personas no binarias, porque es un proyecto para todxs.  

Se trata de poner en imágenes y palabras todo eso que construimos a lo de largo de nuestra historia respecto de nuestras panzas: vivencias, prohibiciones, inhibiciones, momentos lindos y no tanto. Lo que a cada unx le surja y sienta. 

Lxs invitamos a conocer a Samis, Mey y su proyecto en común, para aceptar esa parte nuestra que tanto nos da a lo largo de nuestras vidas y que en la mayoría de los casos tratamos muy mal por mucho tiempo y no cobijamos.


Escritura Feminista: Además de presentar el proyecto, ¿cómo se presentarían ustedes?

Samis: Mey es ilustradora y yo, Samis, soy diseñadora gráfica. Ambas somos puérperas, tuvimos hijes recientemente, ella a Camilo y yo a Ámbar. Abrimos este espacio porque nos parece interesante darle una vuelta a Instagram y, con esta idea de la hegemonía de les influencers, jugar con las propias armas. Nos parece importante empezar a tratarnos mejor, a soltar los prejuicios, los mandatos y la panza.

E. F.: ¿Cómo surgió el proyecto? ¿Qué notan como algo en común de todas las personas que les escriben?

S.: Fue casi de casualidad. Leí una nota de «Mujeres que no fueron tapa» sobre cómo la panza influía en sentirnos bien con nosotras mismas y ahí se me vinieron a la memoria todas las veces que me sentí mal, que me sentí inadecuada, que me sentí gorda, por no tener la panza chata, plana, por no tenerla perfecta o tener abdominales marcados y eso me inspiró a sacarme una foto. Eso lo vio Mey y ella me inspiró a que abriéramos una cuenta con muchas panzas reales. A ella le gusta la parte de escribir y poner las ideas en palabras, así que fuimos un dúo súper copado.

Empezamos a recibir panzas e historias. Es increíble cómo todas las mujeres estamos atravesadas por historias similares, por los mismos mandatos, cómo nos sentimos inadecuadas porque la panza es muy chata o muy grande, porque tiene celulitis o porque tiene estrías, o porque toda la vida fueron flacas y les decían que eran raquíticas. Mujeres de diferentes espacios sociales, de distintas edades, con distintos cuerpos, que no por eso se han sentido feas o no merecedoras de disfrutar la vida.

Es abrumador y súper importante empezar a revelarse. Decir «Esta es mi panza y tal vez no es la mejor que he tenido pero la quiero porque me contiene y me han pasado cosas». Por ejemplo, mi panza me hizo gestar a mi hija.

«Darle una vuelta a nuestra panza, empezar a tratarla bien, a sentirla como contenedora de vida, de afecto y de felicidad».

E. F.: ¿Hubo cosas que les resultaron inesperadas en la respuesta del público?

S.: Más que inesperado nos pareció hermoso que las personas reaccionaran tan bien, que tuviéramos tantas seguidoras en tan poco tiempo. Venimos con la cuenta hace un poco más de una semana y las personas que son parte del proyecto se han entregado, nos han mostrado su intimidad, más allá de que se les vea o no la cara, nos han mostrado parte de su vida. Han mostrado su vulnerabilidad ante nosotras, porque al final somos todas las que cargamos ese mismo peso. Entonces entre todas es más fácil.

Algo que me gusta mucho de lo que está pasando ahora es corrernos de la idea de que las mujeres somos «chotas» entre nosotras. Esta idea muy muy marcada del patriarcado de «donde hay mujeres, hay quilombo», que supuestamente las mujeres nos hablamos para hacemos mierda. Estamos reviendo estas historias y a todas nos dan ganas de abrazarlas, a todas les agradecemos un montón y con todas compartimos el sentimiento (en algún momento) de no alcanzar un modelo que es imposible de alcanzar (y esto es a propósito).

«Estamos preocupadas por no tener panza en vez de preocuparnos por cosas como que me están pagando mi trabajo menos que a un varón».

E. F.: ¿Cómo perciben ustedes sus propios cuerpos?

S.: La percepción que tengo de mi cuerpo hoy que tengo 38 años, después de haber sido madre, es mucho más positiva que cuando tenía 14 y pesaba 45 kilos. Creo que a lo largo de los años he logrado tener una consciencia y un disfrute del cuerpo que no tenía cuando era chica. No es que me guste todos los días mi cuerpo, sobre todo después de parir me costó bastante reconocerme y volver a encontrarme. Pero entiendo que el cuerpo de una es fluctuante, va cambiando y es imposible esperar que sea el mismo que cuando tenías 15 años, porque pasaste por un montón de cosas, un montón de etapas. 

E. F.: ¿Qué cosas creen importantes para que sean expresadas en su espacio?

S.: Me parece importante compartir experiencias, sentirnos acompañadas y, como bien lo decía otra compañera, nunca más sentirnos solas. Además, que las vivencias, anécdotas e historias sean aprendizaje para el resto. Para que a través de la otra se pueda tener la bondad, la ternura, la amabilidad, el amor que a veces una misma no se tiene. Como si al abrazar a una nos abrazáramos todas.

E. F.: ¿Les gustaría sumar algo más a este espacio virtual? ¿Qué expectativas tienen?

S.: Algo importante en nuestro espacio es invitarlas a cuidar su cuerpo, a que se sientan mejor, a que lo acepten, a que lo traten bien porque ese cuerpo es el que habitan y, cuanto mejor lo traten, mejor va a ser la existencia. Que en esos días en que te vino o cuando cambiaste de talle, te trates bien. Que no es determinante ni tu forma ni tu peso y que no necesitás alcanzar ningún ideal para poder vivir con alegría tus días, que incluso esos días en que odias cómo te queda el jean tiro alto te des cuenta de que tu panza es tu compañera.

«Después de pasar por muchos procesos, después de una gran transformación, después de mucho análisis, entiendo por fin que mi cuerpo no está para ser aceptado por les otres. Que mi cuerpo no es un objeto, no es un adorno y le tengo que agradecer porque es el único vehículo que tengo para alcanzar lo que sueño».

E. F.: ¿Hay algo que quieran agregar?

S.: Invitamos a todes a que suelten sus panzas, a que nos cuenten cómo se han sentido oprimides en alguna ocasión. Les prometemos que les vamos a recibir con un abrazo, que se van a sentir aliviades. Dejemos de lado los mandatos y enfoquémonos en lo que queremos ser y hacer en nuestra vida.

Y recordemos que el patriarcado no se va a caer solo, sino que entre todes lo vamos a tirar a patadas.


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