#Reseña Laëtitia o el fin de los hombres

Artículo colaboración por Marisol Andrés


Laëtitia Perrais desapareció el 18 de enero de 2011. Semanas después se encontró su cuerpo: había sido violada y descuartizada. Laëtitia se convirtió en el caso que paralizó Francia. Conmoción mediática, marchas blancas, oportunismo político del entonces presidente Nicolás Sarkozy y huelga de magistrados. En medio del caos, el historiador y sociólogo Ivan Jablonka busca reconstruir una vida vulnerada desde su primera infancia.

«Cuando Laëtitia tenía tres años, su padre violó a su madre; luego su padre de acogida abusó de su hermana; ella misma no vivió más que dieciocho años. Estos dramas nos recuerdan que vivimos en un mundo donde se insulta, se acosa, se golpea, se viola y se mata a las mujeres. Un mundo donde las mujeres no terminan de ser sujetos de pleno derecho. Un mundo donde las víctimas responden a la saña y a los golpes mediante un silencio resignado. Un fenómeno a puertas cerradas, tras el cual siempre mueren las mismas».

El autor enmarca la historia de Laëtitia en un contexto mucho más amplio que el encuentro casual con su asesino. La joven de 18 años tenía en su pasado –y en el de su linaje femenino– un registro palpable de violencia de género, que empezó mucho antes de su nacimiento y que no terminó con su muerte.

Ella y su hermana melliza fueron víctimas de un padre que violentó a su madre hasta sumirla en un estado de depresión del que nunca pudo salir, de la asistencia social que no supo o no pudo protegerlas, del padre de acogida que mientras le mostraba al mundo su faceta más generosa, puertas adentro continuaba el círculo de abusos.

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Laëtitia fue por supuesto víctima de su asesino, Tony Meilhon, un joven con niveles de violencia en aumento, una bomba a punto de estallar que la cárcel no hizo más que potenciar. «¿Quién sabe si en esos vertederos humanos no estaremos fabricando otros Meilhon?», se pregunta el autor del libro. Ese hombre, denunciado previamente por una exnovia por haberla forzado a tener relaciones sexuales, no aceptó la negativa de Laëtitia.

Luego de su femicidio –tipificado como homicidio porque en Francia no existe esa figura legal– la joven también fue víctima de la espectacularización mediática, del oportunismo del presidente Sarkozy que acusó a la Justicia de no hacer su trabajo y exigió penas más duras, y de los magistrados que denunciaron falta de recursos económicos y humanos y que respondieron a Sarkozy con una huelga.

Jablonka entiende que Laëtitia «no cuenta solo por su muerte» y se propone contar su vida como un hecho social. Devolverle la dignidad arrebatada a lo largo de sus escasos 18 años: «Si no nos ocupamos de los muertos, si no los queremos, si no los respetamos, ¿en qué se convertirán?».

A lo largo de las páginas, el sociólogo pone el énfasis en desplazarla del lugar de víctima, no porque no lo sea sino porque merece mucho más que ser recordada por lo que su asesino hizo de ella:

«Al final, Laëtitia dijo no. No a Meilhon. No a la autoridad, no a la cocaína. No a las decisiones que alguien toma en su lugar. No a las amenazas, al acoso, a los golpes, a las relaciones sexuales forzadas. (…) Apoyada contra la puerta del Peugeot, le anunció mirándolo a los ojos que iba a denunciarlo. Dijo que no, con una voz clara y fuerte, sin titubear, sin temblar. Y eso le costó la vida. Murió como una mujer libre».


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