#NosotrasMovemosElMundo y al CCK también

Artículo escrito en colaboración por Martina Musso y Micaela Gallo


La primera edición de la Feria del Libro Feminista fue allá por 2018. La FilFem, como la llaman entre conocides, es un lugar en el que la literatura y el feminismo se encuentran para dar batalla y, sobre todo, para promover la literatura feminista. Esta vez, del 4 al 7 de marzo, bajo la consigna #NosotrasMovemosElMundo propuesta por el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad junto al Ministerio de Cultura, y en el marco de la semana de actividades por el 8M, la Feria abrió sus puertas en el Centro Cultural Kirchner (CCK).

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Hace calor, como todos los primeros días de marzo. En las calles, la gente se seca el sudor con lo que tiene a mano, en el subte hasta les niñes se abanican y en el CCK, aunque el aire acondicionado nos congele los dedos, también se sienten las altas temperaturas.

El centro cultural se tiñe de violeta y verde y las actividades feministas responden al mismo reclamo de siempre, con el mismo fervor de siempre, porque prendemos la tele solo para escuchar que en lo que va del mes llevamos más femicidios que días y que hay una menos de nosotras cada 12 horas. Pero el feminismo enmarca la lucha y la Feria del Libro Feminista nos da esperanzas para creer que no todo está perdido, por lo menos a nivel cultural.

dsc_0359Muchos focos dorados iluminan los stands que se disponen hacia el final de la planta baja del centro. Hay más de cincuenta editoriales y librerías que exponen, no sólo textos sino también ilustraciones, stickers y fanzines. Resulta evidente a los ojos la diversidad de artículos que poseen entre sí, pero hay un denominador que funciona como comunión entre las propuestas: en todos los puestos cuelga un pañuelo verde como bandera.

«Nos mueven las ganas de dar a conocer de forma masiva la gran cantidad de materiales que incomodan y desobedecen, que cuestionan las desigualdades existentes y que proponen otras maneras más equitativas de relacionarnos a partir de la praxis colectiva», se lee en la página web de la FilFem.

Les escritores e ilustradores que participan de la exposición presentan sus publicaciones, charlan e informan a quien llega con dudas o inquietudes sobre alguna temática. No hay mucha gente, posiblemente porque aún es temprano: son las tres de la tarde y la exhibición se extiende hasta las ocho. Quienes recién llegan pasean con curiosidad entre los stands y algunes aprovechan para comprar libros que no se encuentran en las grandes librerías, porque lo bueno de la feria es que también ofrece títulos de editoriales pequeñas e independientes. Todo es más íntimo y personal, no solo porque somos pocos los que navegamos entre los pasillos, sino también porque nos permite tener contacto directo con las personas que están detrás de los libros.

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Si bien la Feria se recorre en unos minutos, las emociones que despierta perduran. Hace tan solo un par de años era difícil pensar en un espacio dedicado a la exposición de libros feministas, pero hoy es imposible pensar en la agenda cultural por fuera de propuestas de este tipo. La literatura nos une. Nos reúnen los relatos, nos encontramos en Somos Belén de Ana Correa, el libro que estaba expuesto en más de un stand y que funciona como manifiesto feminista, y nos da herramientas para leer al mundo de maneras distintas. La Feria del Libro Feminista es una ventana a esa literatura que a veces se pierde entre tantos otros títulos pero que ha despertado a tanta gente del sueño patriarcal.

Políticas del deseo: para todes, tode

dsc_0379Una segunda propuesta cultural se dispone bajo la misma consigna (#nosotrasmovemoselmundo) a lo largo del cuarto, quinto y sexto piso del laberíntico centro cultural. Se trata de Políticas del deseo: para todes, tode, una mega exhibición que, ahora, reúne más de 250 artistas. Sus obras se agrupan bajo ejes temáticos tales como la diversidad, el trabajo, la violencia, la igualdad. Dispuestos en las diferentes salas de cada una de las plantas, apelan a los visitantes desde un costado más sensible por la forma en que se muestran. 

Algunas obras se montan sobre elementos cotidianos (y hogareños). En la sala 406, por ejemplo, se da reconocimiento —si no se cuestionan— ciertas tareas domésticas. Vemos una montaña de ollas, moldes y coladores en una esquina. Vemos, sobre una mesa baja, aceite de girasol, dulce de leche, fernet, cacao, harina, sal; todos adornados con perlas y brillantes como «los elementos esenciales del placer» que reivindican la libertad de decisión alimentaria de cada une. Vemos, colgados sobre la pared que los enfrenta, filas de platos con inscripciones que también interpelan a quien lee.

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Dentro de la sala 604 se recurre al impacto visual con amplios afiches y fotografías. Imágenes de cuerpos, cuerpas, cuerpes en esa misma preponderancia del deseo por sobre voluntades estéticas. Carteles con frases en colores chillones que comunican que somos lo que arde. 

Bidones intervenidos con frases tales como «Empieza el matriarcado» «Nuestra cuerpa» «Se va a caer» resplandecen en un nuevo salón que se encuentra con las luces apagadas para generar el mencionado resplandor. Sin embargo, no es el único en penumbras. Algunas salas de paredes negras permanecen en la oscuridad para la mejor apreciación de proyecciones audiovisuales. Otras, de igual nula iluminación, se componen de compartimentos o subsalas en las que se busca generar un impacto aún más directo por la abundancia y cercanía de elementos desplegados. Además, hay obras que están pensadas para que quien visite pueda participar con ellas, como es el caso del cuarto destinado para vomitar todo, volcando en papeles la furia que nos provoca vivir en este mundo machista.

dsc_0374En el sexto piso nos encontramos con la exposición más desgarradora de todas, pero también la más poderosa. En el marco de una propuesta interactiva, se extiende un enorme tejido en distintos tonos de verdes por todo el pasillo, en el que están escritos nombres y también consignas feministas.

Sin embargo, ese enorme trabajo artesanal que, a primera vista, deslumbra por lo laborioso, se termina convirtiendo en una experiencia dolorosa: sobre el telar, en una suerte de barra infinita, están las fotos de víctimas de femicidios acompañadas por papeles que invitan a escribirles algo que queramos decirles. El pararse a leer los mensajes que les dejan provoca escalofríos; muchos de ellos están cargados de ira contra el sistema y llenos de angustia porque, aunque prometen luchar para que ella sea la última muerte a manos de un femicida, los números nos dicen lo contrario

Es un mundo patriarcal que estamos moviendo entre todes, pese a que la consigna del evento remita a la mujer hetero-cis. Hoy lo hacemos a través del arte y la cultura en el CCK, entendiendo que no se los puede despegar de lo político. Pero #nosotresmovemoselmundo cada día y la lucha está en todas partes. Sin dudas, no hay mejor contexto para empezar a pensar en clave violeta que hoy.

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Fotografía: Martina Musso

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