Dígame doctora: María Angélica Barreda, la primera abogada argentina

¿Cómo te sentirías si un Procurador General te dice que, aunque hayas dedicado años y esfuerzo para finalizar una carrera universitaria, no podés ejercer la profesión por ser mujer?

Aunque a Cristina Fernández de Kirchner la sigan presentando como «doctora» en medios de comunicación, lo cierto es que en la actualidad no se utiliza ese título para referir a personas graduadas de carreras jurídicas. La tradición de utilizar dicha etiqueta se remonta al siglo pasado, cuando quien se recibía en Derecho egresaba de un Doctorado en Leyes.

Y, si bien con Isabel Martínez de Perón Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano en ser dirigido por una presidenta mujer (López Rega de por medio), superar las dificultades para alcanzar igualdad social en el ámbito del Derecho llevó varias décadas. Tal es así que María Angélica Barreda, la primera abogada del país, debió enfrentarse a una batalla legal en 1910 para obtener su matrícula como, en ese entonces, doctora.

Barreda nació el 16 de mayo de 1887 en La Plata, provincia de Buenos Aires. Su madre, según relata el especialista Alberto David Leiva, tuvo que hacer grandes sacrificios luego de enviudar para que su hija pudiera estudiar. Asimismo, una vez inscripta en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, la joven sufrió cierta marginación por parte de algunos compañeros y profesores.

«Subsisten espíritus prevenidos al surgimiento de la mujer, la que reclama con su trabajo y sus necesidades un puesto de acción en la sociedad que le permita la subsistencia honrada».

Barreda, en su escrito presentado ante la Corte Suprema de Justicia de la Provincia.

A pesar de ello, logró graduarse en diciembre de 1909, a los 23 años. Algunos meses después obtuvo la matriculación nacional para ejercer la profesión en la Ciudad de Buenos Aires, donde los ánimos progresistas recibieron con alegría la novedad. Sin embargo, en su ciudad natal, su suerte no fue la misma: el caso llegaría a la Suprema Corte de Justicia de la Provincia.

En el proceso judicial, el Procurador General Manuel F. Escobar se manifestó en contra de que la Corte Provincial le permitiera la matriculación. Algunos de sus argumentos para ello fueron: «Nuestra legislación no es feminista», «Nuestra legislación civil, tanto en la organización de la familia como al establecer la capacidad para celebrar contrato, afecta a la mujer de una verdadera capitis diminutio». En español, acusaba a las mujeres de tener una capacidad menor en comparación con los hombres.

¿Cómo era la sociedad que habitaba Barreda?

La situación de Barreda, si bien se consagró como caso paradigmático, no se dio de manera aislada. Hacia inicios del siglo XX, el Congreso argentino era hogar de acalorados debates en torno a derechos femeninos: allí aparecían las primeras discusiones sobre bienes patrimoniales de las mujeres casadas y sus derechos civiles. Asimismo, surgían asociaciones de mujeres organizadas para reclamar por sus demandas, como el Centro Feminista (1906), el Centro Femenino Anarquista (1907) y la Unión Gremial Femenina (1903). A nivel internacional, en 1910 se designó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, a raíz de la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas en Copenhague.

«Es la primera vez que se presenta a esta Suprema Corte una mujer con requerimiento y con su título de abogado ya inscripto por la Cámara Civil de Apelación de la Capital Federal. […] Nuestra legislación no es feminista y está en pugna con las aspiraciones de la recurrente». 

Procurador General, Manuel F. Escobar.

Una semana después del rechazo, Barreda presentó un escrito de 18 páginas donde respondía a cada uno de los argumentos que había presentado Escobar. En su respuesta aseguraba que la universidad era quien debía decidir si ella tenía o no las facultades para ejercer la profesión. Cerró su texto afirmando: «La mujer ha triunfado en las otras profesiones y continuará conquistado palmo a palmo la regla igualitaria que persigue en justicia».

La Corte Suprema de la Provincia llegó a un acuerdo y, por voto mayoritario, Barreda accedió a su matrícula local algunos meses después, abriendo el camino para futuras estudiantes que quisiesen ejercer Abogacía en la provincia de Buenos Aires. La prensa, de pensamiento liberal, apoyó desde un inicio la pretensión de la joven abogada y celebró su triunfo. La revista Caras y Caretas le dedicó un artículo en julio de 1910.

Los reclamos por los derechos civiles de las mujeres se institucionalizarían recién a partir de la década del 30, con la aprobación de la ley nacional Nº 11.357 que profesa en su primer artículo: «La mujer mayor de edad (soltera, divorciada o viuda) tiene capacidad para ejercer todos los derechos y funciones civiles que las leyes reconocen al hombre mayor de edad». Además, hacia la misma época se generaron pactos internacionales para eliminar la discriminación hacia las mujeres. Sin dudas, la historia de Barreda marcó un precedente que influiría en los cambios sociales que tendrían lugar en años subsiguientes en Argentina.

 


Fuentes

  • Giordano, V. (2004). Evolución de los derechos civiles de la mujer. Argentina siglo XX. VI Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires. Disponible en: Acta académica
  • Leiva, A. D. (2012). La matriculación de la primera abogada argentina: María Angélica Barreda [en línea], Prudentia Iuris, 74. Disponible en: Universidad Católica Argentina
  • Ley Nº 11.357: Sobre derechos civiles de la mujer. Disponible en: InfoLEG

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