Las omisiones que le hacen mal a la Argentina

El pasado viernes, la noticia principal fue la cantidad de personas abarrotadas en las puertas de los bancos. La escena le cayó mal al presidente Alberto Fernández que se desayunaba, programas televisivos mediante, que sus funcionarios no habían coordinado con Anses y el Banco Central. Se pidieron renuncias de funcionarios. En Tucumán, en tanto, la policía no accionaba frente a un posible femicidio que se consumaría ese mismo día. Las omisiones le hacen mal a la Argentina.

El director del Banco Central esperaba que aquel 70% de beneficiarios que contaban con la tarjeta de débito hicieran caso a la comunicación difusa y no se acercaran a las entidades bancarias. En la mañana del viernes, cuando todo estallaba, Miguel Ángel Pesce fue consultado sobre el humor de Fernández. El periodista Alejandro Bercovich con tino consultaba: «¿Está enojado el presidente?», a lo que Pesce respondía: «¿Y a usted qué le parece?».

Detrás del enojo fundado del mandatario del Ejecutivo con todos sus funcionarios, venían distintos dirigentes de la oposición pidiendo la cabeza de Alejandro Vanoli, titular de Anses, y de Pesce, al frente del Central. Es lógico que un error como el que se vio el viernes haya expuesto al gobierno a la crítica, sobre todo cuando venían trabajando con la oposición codo a codo y parecía que la grieta, al menos político-partidaria, estaba cediendo.

Permitámonos ver otras latitudes donde el presidente también debiera poner su enojo y donde se despierte en funcionarios tucumanos la vocación de servicio que deben tener para desempeñar cargos públicos. El mismo enojo que hizo que todos lograran una mejor organización para el día sábado. Señor presidente, enójese con los femicidios que no cesan por, entre otros motivos, la falta de accionar de la policía.

Tucumán

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La denuncia de María, días antes de ser asesinada.

María Alejandra tenía 22 años y dos hijos. Fue asesinada a manos de su pareja, Luis Martínez, quien la había amenazado con anterioridad. Uno de los mensajes era un audio que la victima llevó como prueba a la comisaría de El Colmenar, donde la ignoraron por completo, apenas días antes de que el femicida concretara el asesinato.

La odisea de María comenzó cuando a los 17 años de edad quedó embarazada de su hija. Martínez vendía achilata, por lo que su situación económica era precaria. Con esas dificultades se fueron a probar suerte en la cosecha de la uva, en la provincia de Mendoza. Ambos buscaron trabajo, solo él lo consiguió y la situación empeoró. Con la ayuda de su cuñada Cecilia, María recibió pasajes para ella y sus hijos y volvió a Tucumán. Se instaló en la casa de Cecilia. Finalmente tomó la decisión de separarse.

Martinez volvió a Tucumán. Intentó interceptarla tres veces, dos de las cuales ella no abrió el portón. El pasado 3 de abril fue la última vez que la joven estuvo con vida. El asesino esperó que abriera la puerta para empujarla y lograr arrastrarla hasta la vereda, donde entre forcejeo y forcejeo la apuñaló en el pecho.

La escena podría haberse evitado. Como casi todos los femicidios. El femicida amenaza a su victima. Siempre jura que va a matarla. Siempre la policía se ríe. No cree. Minimiza. La comisaría de El Colmenar, después de tomar una denuncia sin el nombre del agresor, le manifestó a la víctima que al pasar la cuarentena podría ser asistida psicológicamente. Que no hacía falta escuchar los audios de Martinez. Si le creen o no, es lo mismo. De todas maneras, la custodia era impensada.

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El presidente, que a lo mejor no está en el día a día de estas temáticas, ha puesto en órbita un Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidad. Delega en ese organismo el accionar contra la violencia hacia las mujeres y desde allí han habilitado líneas telefónicas que no atienden. Que no dan a basto. Y que tiene peso cero ante el atropello de entidades como las de seguridad que incumplen su función.

Cuando un funcionario no cumple, se pide su cabeza. Cuando un policía no acciona, debería ser como mínimo apartado. Solo en Tucumán, María es la víctima número cinco de lo que va de 2020. Es una más de la estadística escalofriante que debería aterrar a todo el país. Las intenciones políticas se evalúan en esa línea: las medidas son, en definitiva, intenciones. No hay funcionarios enojados pidiendo la cabeza de nadie. No se ha visto a ninguna autoridad del gobierno de Tucumán pronunciarse al respecto.

María tenía 22 años de edad. Dos hijos. Murió en manos de su expareja quien, tres días antes de su muerte, le había enviado un mensaje donde le aseguraba: «Yo te voy a matar porque te amo». Queremos justicia.


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