#Reseña «Madam C.J Walker: Una mujer hecha a sí misma»

«El cabello es belleza», recita en los minutos iniciales del primer capítulo de la miniserie que relata su vida. Lo que parece una afirmación superficial cobra sentido cuando vemos quién es la mujer que la enuncia y cuál es la razón de esta convicción. «El cabello es emoción», continúa mientras vemos desfilar en pantalla una serie de fotos que retratan mujeres afroamericanas con distintos peinados. No es hasta la frase que concluye su reflexión antes de presentarse, que terminamos de entender la profundidad de la cuestión, cuando pronuncia que «el cabello es nuestra cultura» y, acto seguido, la vemos a Sarah Breedlove.


Madam C. J. Walker, cuyo nombre de nacimiento era Sarah Breedlove, es interpretada por una espectacular Octavia Spencer. Ella fue una mujer afroamericana nacida poco tiempo después de la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, que logró convertirse no solo en la primera mujer que se hizo millonaria por cuenta propia en ese país sino que también consiguió posicionarse como la primera mujer afroamericana millonaria de la historia.

La miniserie sigue un período específico de su vida que comprende desde el momento en el que una vendedora llama a su puerta y le presenta un maravilloso producto que ayuda a que su cabello crezca hasta la creación de su propio imperio. No obstante, las críticas se hicieron oír y el proyecto recibió acusaciones por no ser fiel a los hechos, ya que recurre a la ficción para dramatizar aspectos de su vida, o incluso cambiar las intenciones de algunos de los personajes. 

Lo cierto es que la nueva miniserie de Netflix, Madam C.J Walker, se describe como: «“Una mujer hecha a sí misma”, inspirada en una biografía escrita por una de las descendientes de Walker, logra retratar el intrincado viaje de una mujer que, aun teniendo todas las de perder, cumple su sueño y hace historia, sentando un precedente para las mujeres afrodescendientes».

Nacer para luchar

Conocemos a Sarah mientras vende Crecepelo en un mercado, aunque sin éxito. «Parece que nací para luchar», dice. Y cuando nos cuenta sobre su vida, no tenemos más opción que darle la razón: se dedicaba a la lavandería, destruyéndose los nudillos a cambio de unos pocos centavos que no le alcanzaban para llegar a fin de mes y estaba casada con un hombre violento. Con voz cansina reconoce que con el tiempo se olvidó de cómo soñar y fue entonces cuando se le empezó a caer el pelo.

Para Sarah, el pelo lo es todo menos sinónimo de banalidad. Derrotada, con la cabeza cubierta de parches de cabello y un marido que la dejó desangrándose en su casa, no podía hacer más que preguntarse «¿Por qué, Dios?»: quien según ella solo trae a la vida criaturas hermosas, por qué crearía a alguien tan feo como ella.

Sin embargo, el destino llamó a su puerta en la forma de Addie Monroe, una mujer que vendía productos para el crecimiento capilar. A partir de este momento, la vida de Sarah comenzó a reacomodarse y empezó a creer en sí misma. Vuelve a soñar, pero esta vez con un objetivo muy claro: quiere convertirse en una vendedora de Crecepelo y ayudar a otras mujeres de color a encontrar confianza en sí mismas.

Sin embargo, Addie no está de acuerdo con la idea de que su producto sea asociado con alguien que se ve como Sarah, que tiene la tez bastante más oscura que ella y un pelo con rulos mucho más tomados y definidos que los suyos. Este es un punto crucial, no solo por el impacto que tendrá sobre Sarah sino también porque el colorismo es una cuestión sobre la que se hará hincapié en varias oportunidades a lo largo de los cuatro episodios que componen la miniserie.

El colorismo, término acuñado por la escritora afroamericana Alice Walker, es una forma de racismo que privilegia a las formas de piel más clara dentro de una misma raza. En la serie, esto se ejemplifica a la perfección: Addie es hija de un blanco y una mujer afroamericana, nacida de violaciones, y por eso tiene la piel considerablemente más clara que Sarah.

Si bien ambas son afrodescendientes, no gozan de los mismos privilegios: tener influencia blanca en los genes no solo facilita las cosas, sino que la convierte en un modelo a seguir para el resto de la comunidad por cumplir con ciertos parámetros eurocéntricos.

La miniserie nos muestra las injusticias a las que se tenían que enfrentar los afroamericanos a principios del siglo XX, que en realidad no se diferencian tanto a las de hoy en día, a pesar de los cien años de historia que nos separan. Ya no los cuelgan de un árbol por contradecir a un blanco pero sí los mata la policía ante cualquier sospecha.

«Madam C. J. Walker: una mujer hecha a sí misma» no suaviza la brutalidad, sino que la vuelve un tema central al recordarnos continuamente que una mujer afrodescendiente no puede permitirse errar ante la mirada de un blanco porque el precio a pagar sería muy alto.

El mundo que retrata la miniserie es injusto, competitivo y segmentado. La ambición de Sarah —que luego dejará atrás ese nombre para comenzar a llamarse a sí misma Madam C. J. Walker como sinónimo de empoderamiento— y su resiliencia le bastarán para desafiar las normas del racismo y el machismo. Ante cada obstáculo, se recompone con más fuerza. Si se le cierra una puerta, ella se encarga de abrirse dos más. Y así continúa hasta conseguir lo que quiere, hasta lograr convertir eso que comenzó en un sueño de fabricación casera de su propio Crecepelo en una fábrica líder de productos capilares.

Además del abordaje al racismo, la serie sostiene y explora la sororidad como una explícita consigna feminista. Desde un primer momento, los productos para el cabello son más que un simple negocio para Sarah, quien los considera como una cuestión más bien vinculada al servicio para el resto de la comunidad de mujeres afroamericanas, quienes nunca habían tenido tiempo ni herramientas para cuidar su pelo. También hace hincapié en la importancia de contar su historia con el fin de crear empatía no tanto para vender sino para motivar a otras mujeres a cumplir sus sueños.

La serie está llena de momentos poderosos en los que el feminismo resuena fuerte. El Crecepelo de Madam C. J. Walker comienza como un proyecto iniciado por una mujer de color pero no sería nada sin el respaldo de otras mujeres afrodescendientes.

En líneas generales, «Madam C. J. Walker: una mujer hecha a sí misma» es una producción con un tono muy actual, no solo por la banda sonora compuesta por canciones de hip-hop contemporáneo que, vale la pena resaltar, pertenecen en su totalidad a cantantes mujeres de origen afro. Pese a retratar eventos que tuvieron lugar hace un siglo, hay muchas cuestiones en la historia de esta mujer que continúan siendo relevantes, como, por ejemplo, un intento de violación cuando Madam busca hacer negocios con un potencial inversionista.

«A veces, el silencio es la única protección con la que una mujer de color puede contar. Pero ahora que finalmente he aprendido a contar mi historia, ya no puedo quedarme callada».

Octavia Spencer como Madam C. J. Walker.

Quizás a la serie se le puedan encontrar defectos. como la predictibilidad del guión y los muchos cambios que se decidieron realizar para dramatizar la historia y adaptarla a las exigencias de este contexto.

Una de las alteraciones está relacionada con la sexualidad de la hija de la protagonista, que en la vida real fue heterosexual mientras que en la ficción tiene a una pareja mujer. A pesar de no respetar el curso de los hechos, lo cierto es que este giro resulta bastante interesante, ya que es un punto a favor de la representación. Lo mismo sucede con otra de las libertades que se tomó la serie al volver al personaje de Addie una villana mientras que, se dice, en la vida real no fue más que su mentora.

Sin embargo, la perseverancia, la ambición, el deseo por dejar un legado para su comunidad y la necesidad de probarle al resto que Madam C. J. Walker vino al mundo para hacer algo más que sufrir hace que la miniserie conmueva, despierte curiosidad y admiración por esta mujer que se hizo a sí misma.

¿Quién fue Madam C. J. Walker?

Nacida como Sarah Breedlove en 1867, Walker es conocida por haber inventado una línea de productos para cuidados para el cabello afroamericano. No solo viajó por todo Estados Unidos para promocionar sus productos y dio charlas para mujeres alentándolas a independizarse, sino que también creó un laboratorio para manufacturar sus cosméticos. Fue una de las primeras mujeres afroamericanas —la primera cuyas financias estaban lo suficientemente documentadas como para probarlo— en convertirse en millonaria luego de emprender un negocio por su cuenta.

También fue activista a favor de los derechos de la comunidad afroamericana en Estados Unidos y realizó donaciones al fondo antilinchamiento de la Asociación Nacional para el Progreso de las personas de Color. Al momento de su muerte, a sus 51 años, era considerada la mujer afroamericana con mayor fortuna de Estados Unidos. Su hija continuó con su legado y se convirtió en la presidenta de la Madame C. J. Walker Manufacturing Company.

Fuentes

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