Quiero que me trates suavemente

Michael Bublé y los malos tratos hacia Luisana Lopilato: ¿por qué los varones piensan que es «divertido» o «gracioso» humillar a sus parejas en público?

Todos los días por la tarde, Luisana Lopilato hace un vivo en su Instagram junto a su marido Michael Bublé para entretener a sus seguidores durante la cuarentena. Juntes, cuentan situaciones de su vida familiar, cocinan y muestran diferentes aspectos del ámbito doméstico. En estos videos quedó expuesto el vínculo que elles tienen y, en especial, cómo el cantante canadiense trata a la actriz argentina.

En uno de esos vivos se vio una situación que alertó a les espectadores cuando Bublé interrumpió a su pareja de manera agresiva con un codazo y enseguida advirtió que fue exagerado y «continuó el chiste», el chiste del maltrato, que generó todo tipo de comentarios en las redes sociales.

A partir de este hecho afloraron videos de diversos momentos en la vida de esta pareja donde se puede notar que Bublé ejerce agresiones hacia Lopilato. Sutiles tal vez, cotidianas para muchas, son situaciones que podrían pasar desapercibidas o justificarse fácilmente. Pero estamos en 2020 y los lentes violetas del feminismo ya ven más allá.

Los micromachismos son los primeros que se naturalizan en el entramado social que permite que exista la desigualdad entre los géneros, las violencias disfrazadas de «chiste»: la culpabilización, la humillación, los «pequeños» malos tratos. La incapacidad de vincularse desde la amabilidad, la ternura, lo amoroso tiene que ver con que estos tratos están estrechamente asociados a «lo femenino». 

Ser cariñoso con tu pareja (o mostrarlo públicamente) puede traer insultos a la masculinidad como «pollerudo», «maricón», «gobernado» (nótese que no existen insultos a la inversa). Y es que un hombre que se enamora, según las reglas básicas de la virilidad, es un boludo. Pero según las «reglas» del feminismo (más ligadas a lo actual) un boludo es quien hoy en día aún sigue reproduciendo esos estereotipos de «macho» y no cuestiona sus actitudes y maneras de vincularse.

Los malos tratos, por más pequeños que sean, son violencia psicológica: generan inseguridad, destruyen el autoestima, angustian y pueden llevar a la depresión. Este tipo de violencia es muy difícil de identificar por la naturalización que existe al respecto. ¿Cuántas veces hemos escuchado a varones quejándose de sus parejas? Sin embargo, no se separan.

Si desde chiques vemos que todos los días papá maltrata a mamá, se burla, la menosprecia, utiliza apodos denigrantes hacia ella, seguramente entendamos que así es como todos los papás se comportan y sea más probable que reproduzcamos ese tipo de vínculo en la adultez. Así es como lo ilustraba «Casados con hijos», el exitoso programa de TV que tenía como eje la «familia tipo argentina».

La familia es el primer núcleo de socialización donde se reproducen en pequeña escala los valores sociales culturales, allí es donde aprendemos nuestra forma de comportarnos y, en definitiva, de donde extraemos el cómo nos conformamos como personas. Es por eso que es muy importante que sea un sitio seguro, amoroso y libre de violencia.

Sin dudas aún queda mucho camino por recorrer. La demostración está en el descontento social para con Lopilato por «seguir sosteniendo un vínculo tóxico» y no con su marido, quien es responsable de dirigirse desde la violencia y el maltrato a su pareja. Seguimos responsabilizando, aunque sea desde las buenas intenciones, a las mujeres y no a los varones agresivos.

En vez de «amiga, date cuenta», podemos pedir: «amigo, tratala con amor».


 

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