Científicas en la trinchera

En épocas de pandemia mundial causadas por el SARS-CoV2, mucho hemos escuchado y aprendido sobre el tema. La información de los diversos medios de comunicación es constante, reiterativa y hasta abusiva a cualquier hora y en cualquier lugar de nuestro territorio.


El COVID-19 nos ha dado un despertar casi maniático sobre la ciencia y la salud. Las conversaciones populares dejaron de ser sobre fútbol y cine y pasaron a ser sobre infecciones, técnicas de biología molecular, secuenciación de genomas, supuestos tratamientos efectivos y desinfecciones de superficies, producto indudable de la incertidumbre, el malestar general, la gran cantidad de horas en casa y el aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Estar al tanto de las novedades científicas nacionales no solo nos enseña sobre la situación actual sino también sobre la importancia de la profundización y la necesidad de inversión en este sector. El conocimiento verdadero y basado en evidencia nos hace libres y evita que caigamos en las tan populares y fatídicas «fake news». La información inmediata ha brindado la posibilidad de entrar en esos campos científicos que para la mayoría de los argentinos y las argentinas es ajeno.

Esta gran puerta abierta hacia el mundo científico nos invita a mirar y descubrir qué es lo que encontramos dentro de los laboratorios y a quiénes, poniendo el cuerpo, la mente y el alma frente al coronavirus. La respuesta, querides lectores, no les sorprenderá: dentro de los laboratorios hay cuerpos y corazones vibrantes de mujeres.

No existe mejor ocasión que este contexto histórico de pandemia mundial para visibilizar las grandes marginalidades y las estructuras androcéntricas, patriarcales y hegemónicas que encontramos a diario (e históricamente) en el ámbito científico. La gran labor de nuestras compañeras invisibilizadas nos interpela y nos hace parte de una época histórica: qué mejor que aprovecharla para evidenciar qué es la ciencia toda, cómo son sus bases y, en particular, cómo es la situación de las mujeres científicas.

Ciencia y Género

Partiendo de las bases desiguales que existen en nuestro mundo, podemos suponer que el ámbito científico no sea ajeno a este régimen verticalista y hegemónico. En particular a lo que la ciencia refiere, como feministas latinoamericanas debemos preocuparnos y ocuparnos en alcanzar la equidad para toda nuestra enorme diversidad, cambiando el discurso y el arraigo preexistente de la ciencia sobre los cuerpos de las mujeres con los que el patriarcado justifica y legitima la opresión en el ámbito científico.

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Es bien conocido que los pilares de nuestra actualidad científica se basan en un proyecto político, social y cultural de carácter patriarcal, no igualitario, que refuerza estereotipos que excluyen e invisibilizan a las mujeres bajo un techo de «supuesta» equidad.

La dificultad y la problemática de las mujeres en este ámbito radica en la discusión pobre y la poca alternativa en la producción y la difusión de la ciencia vigente. Esta enorme complejidad no se soluciona con el simple hecho de «agregar» más mujeres al ámbito científico sino que se trata de proponer un cambio total de paradigma: su lenguaje, sus métodos, su modo de enseñanza y aprendizaje. Por más que se feminice un ambiente, si no ocurre con el cambio de paradigma adosado, los formatos misóginos serán perpetuados.

Reestructurar el diseño de las instituciones actuales, vincular a las mujeres, hacerlas parte de la ciencia y la política, podrá enriquecer y fortalecer la interpretación, otorgando nuevas y mejores perspectivas e instrumentos para superar la naturalización de lo que nos fue impuesto. De esta manera, permitir la valorización de diversas capacidades humanas tendrá profundas consecuencias en la lucha feminista y la de los derechos humanos.

Debemos entender la ciencia desde el enriquecimiento, repensar a la actualidad científica desde sus bases y orígenes. Una mayor apertura a las comunidades podrá conducir a una ciencia menos sesgada y, por qué no, a un cambio radical en el conocimiento. El aporte de las mujeres en la ciencia no solo es justo para las mujeres sino que también es una profundización democrática.

 

¿Qué pasa en la actualidad?

Según datos de UNESCO, menos del 30% de les investigadorxs científiques en el mundo son mujeres. La situación en nuestro país no dista mucho de la media global: tan solo el 33% de las mujeres argentinas integran el universo de las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM: Science, Technology, Engineering and Mathematics) según un estudio que presentó el IAE Business School (Universidad Austral).

Si bien el escenario de la participación de las mujeres en el ámbito científico es algo desalentador, debemos tener en cuenta un dato no menor (y mucho más feliz de por sí), que nos revela que de la totalidad de los científicos y las científicas argentinas, el 53% son mujeres.

Sin embargo, de vuelta una zona gris: las mujeres investigadoras acceden en menor medida a la carrera de investigación (investigador/a Superior y Principal en CONICET o categorías I y II del Programa de incentivos a los Docentes Investigadores), producto del llamado «efecto tijeras». Lo mismo sucede con la toma de los máximos cargos jerárquicos y el «techo de cristal»: en organismos de ciencia y tecnología, están cubiertos en su mayoría (90%) por varones.

¿Y el Instituto Malbrán?

El famoso Instituto Malbrán, que está en boca de todo el mundo, es el Instituto Nacional de Microbiología Dr. Carlos Malbrán y pertenece a la Administración Nacional de Laboratorios de Salud (ANLIS) que reúne bajo una única estructura seis institutos y cinco centros nacionales.

No sorprenderá saber que más de la mitad de las trabajadoras son mujeres, entre bioquímicas, técnicas de laboratorio, biólogas, investigadoras y trabajadoras de la salud. Dentro del Instituto, ubicado en el barrio de Parque Patricios (Buenos Aires), se encuentra el departamento de virus respiratorios en donde las compañeras ponen todo su conocimiento a disposición de la emergencia nacional actual.

La representatividad de las mujeres en el Malbrán se reproduce a lo largo y a lo ancho del país en todos los laboratorios de hospitales nacionales, provinciales, de la red pública y privados. Miles de mujeres trabajadoras de la ciencia y la salud se encuentran y se enlazan, poniéndose en riesgo a ellas mismas y a sus familiares más cercanos, haciendo de su profesión su revolución y bandera, su sustento económico y su pilar de vida, poniendo primero la salud pública y la ciencia argentina.

De cara al futuro

Los esfuerzos por alcanzar una meta final han llevado a más y más días de aislamiento obligatorio. Muchas son las razones, profundas y propias de gran cantidad de áreas de estudio, pero todas concluyen en que no se puede asegurar cómo ni cuándo ni dónde terminará la pandemia del COVID-19.

Recordar y tener presentes a las mujeres trabajadoras de la ciencia y la salud será nuestra tarea. Reconocer el rol de las científicas argentinas, difundirlo e inculcarlo, para que, de este caos atroz, nazcan las científicas del futuro.


Imagen de portada: Daniela Angione

Fuentes:

  • «Contrato moral, género y ciencia». Diana Maffía Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género Universidad de Buenos Aires. (2012)
  • «Género, ciencia y ciudadanía». Sara Rietti & Diana Maffía Universidad de Buenos Aires Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología. (2005)
  • «Género, profesiones de la salud y sociedad». Dora Barrancos. Salud Colectiva, Universidad Nacional de Lanús. (2014)
  • Red de indicadores de a Ciencia y Tecnología Interamericana e Iberoamericana.
  • UNESCO
  • CONICET
  • IAE BUSINESS SCHOOL
  • Datos oficiales

 

Un comentario

  1. Excelente artículo! Porque además del contundente reconocimiento de las mujeres de ciencia, tiende un puente más que vital entre ciencia y comunidad. Gracias a la autora! A difundir -algo que las feministas sabemos hacer muy bien je-
    Ceci

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