¿Qué es el ecofeminismo?

¿Escuchaste alguna vez hablar de ecofeminismo? Se trata de un movimiento que está en permanente construcción y que se desarrolla de diversas maneras en el norte y en el sur global. En esta primera entrega, conocé cómo surge y cuáles son las miradas locales desde Argentina y Latinoamérica.


El término ecofeminismo aparece definido por primera vez en 1974 por Françoise D’Eaubonne en su libro Feminismo o la muerte, donde la autora denuncia el dominio absoluto de los varones sobre la fertilidad de las mujeres y de la tierra. D’Eaubonne desarrolla que la sociedad patriarcal considera a la mujer como un simple objeto de apropiación, un simple terreno que se puede poseer y fecundar y que la destrucción medioambiental contemporánea sería el resultado de la Historia de dominio patriarcal.

Sin embargo, en aquellos años su tesis fue ridiculizada y se le reprochó haber unido dos conceptos que «no tienen ninguna relación entre sí». De todas maneras el pensamiento ecofeminista continuó su desarrollo y demostró conexiones entre capitalismo, desigualdad de género, racismo, clasismo, cambio climático y deterioro medioambiental: los riesgos ambientales son mayores para las poblaciones más vulnerables –o vulneradas– y quienes lideran las luchas en el territorio son en su mayor parte mujeres. Además, el ecofeminismo no es el mismo en el norte que en el sur global.

Mientras que desde Europa y Estados Unidos se desarrolló el pensamiento desde la academia, en países de Latinoamérica, en la India y en África, el ecofeminismo se dio en la praxis, es decir, en la lucha de mujeres en el territorio frente a problemáticas ambientales. Según la filósofa española Alicia Puleo, el ecofeminismo es una teoría y un movimiento social que sostiene que existe un vínculo entre la subordinación de las mujeres y la explotación destructiva de la naturaleza. A la vez, la autora asegura que existen tantos ecofeminismos como ecofeministas.

Una mirada local

En el año 2019 se trabajó por primera vez el taller «Ecofeminismos» en el 34° Encuentro Plurinacional de Mujeres Cis, Lesbianas, Trans, Travestis y No Binaries (EPMCLTTNB). En el documento final de una de las comisiones formada por 70 compañeres se concluye que: «Como ecofeministas nos declaramos antipatriarcales, anticapitalistas, antirracistas, antiextractivistas y antimilitarización. Entendemos la lucha por las soberanías –alimentarias y territoriales– como integrales y transversales».

Celsa, una de las participantes del taller, si bien no identifica ninguna agrupación que se organice únicamente en torno al ecofeminismo, reconoce a este movimiento como una forma de resistencia, como un terreno fértil para englobar las luchas ambientales que cada mujer y disidencia ya lleva adelante en sus territorios.

«En los talleres del Encuentro pudimos hacer la conexión entre feminismo y ecologismo al comparar las maneras patriarcales y machistas que emplea el hombre para ejercer su dominio sobre los cuerpos de las mujeres y disidencias, al igual que lo hace con los territorios y demás seres. El ecofeminismo se posiciona así como una alternativa a la violencia del patriarcado y del capitalismo, como nuevas formas de relación donde no hay dominación ni sometimiento del planeta y sus habitantes».

Por su parte, le activista interseccional Nia (@haluami) publicó la semana pasada en su cuenta de Instagram un video en el que habla sobre el ecofeminismo de las mujeres y feminidades que luchan debido a que son las más expuestas a los efectos de las crisis climáticas, a la violación de derechos humanos, a la trata y al abuso sexual. Nia explica que esto se agrava si se tienen en cuenta las nociones de etnia y de clase, y que las crisis afectan principalmente a comunidades indígenas del sur global y a los barrios precarios de las grandes ciudades.

Lo que desarrollan Celsa y Nia respecto del ecofeminismo puede verse en los estudios de la socióloga Maristella Svampa: en América Latina las mujeres tienen desde hace varias décadas un protagonismo mayor en las luchas sociales y en los procesos de auto-organización colectiva, en particular las mujeres que provienen de los sectores populares. A la vez, son las mujeres y les niñes quienes más se ven afectades por las problemáticas ambientales.

Sin embargo, Svampa encontró en sus trabajos de investigación que muy pocas personas en Latinoamérica se reconocen inicialmente como «ecologistas» y que muches devienen ambientalistas a partir de la asunción de la lucha por la defensa de la vida y el territorio. Lo mismo sucede con mujeres que participan en las luchas sociales y pueden definirse como feministas populares una vez que se diferencian de corrientes anteriores, principalmente del feminismo liberal blanco.

De la misma manera en que no existe un único feminismo, no existe un único ecofeminismo. En la próxima edición, te contaremos más acerca las corrientes del ecofeminismo.


Fuentes:

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