Cárceles y la feminización de los cuidados

Cuando se habla de los familiares de quienes están privados de su libertad, se olvida mencionar a las mujeres de esas familias, quienes sostienen las tareas de cuidado. Hace unas semanas, cuando se conoció públicamente una protesta en la cárcel de Devoto, el debate giró en torno a si deberían ser liberados o no, pero casi nada se dijo sobre la situación de las mujeres que acompañan a los hombres que están en prisión.

Los reclusos reclamaban cumplir su condena de forma domiciliaria para que se garantizaran las condiciones mínimas de salud, luego de que un agente del Servicio Penitenciario Federal diera positivo para coronavirus. Esto último se sumó a las malas condiciones de higiene ya denunciadas. Para elevar el reclamo, realizaron un motín y provocaron que los grandes medios de comunicación tomaran el caso.

Esa protesta generó polémica entre quienes estaban a favor de que los detenidos cumplieran la pena en su casa durante la pandemia y les que estaban en contra. Poco se dijo de quienes acompañan desde afuera a cada persona en situación de encierro. 

El aislamiento social preventivo que obliga a les argentines a quedarse en sus casas dejó al margen la situación de las personas presas y al universo que las contiene, en un 96% mujeres. Por cada detenido hay una madre, una hija, una abuela que se ocupa de llevar la comida, remedios, hacer trámites, cuidados de infantes, entre otras cosas. Son las que contienen. Latfem afirma que «cuando la detenida es una mujer, sus hijes quedan siempre al cuidado de otra mujer». Es la feminización de los cuidados

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Cuando se habla de las medidas de protección para las personas detenidas, se deja fuera el cuidado de todas esas mujeres sobre las cuales también hay un impacto. Si continúan siendo ellas quienes contienen a los varones presos, son potenciales portadoras del COVID-19 pero, si no lo hacen, ¿quién se va a ocupar de los cuidados? Las cárceles están desbordadas y la mayoría de las veces no llegan los elementos básicos de supervivencia.

La pandemia ha dejado expuesta la situación que viven muchas de las mujeres con algún familiar detenido pero no es el único ámbito en el que los cuidados están feminizados. La crianza, el cuidado de ancianes, los gastos y las tareas del hogar son cosas que se les atribuyen casi exclusivamente a ellas. 

Sin embargo, también hay otro ámbito de cuidado del que se ocupan las mujeres y es todavía más invisible: el afectivo. Esto último se ve sobre todo en las tareas de crianza pero también sucede en este caso con los hombres privados de su libertad. Ellas no solo están a cargo de las necesidades básicas sino también de contener afectivamente. 

En situación de «normalidad», muchas cuentan con otras redes de mujeres, pero ahora quedan aisladas también de esas redes de contención. Es decir que el peso emocional de todas las tareas de cuidado quedan a cargo de una sola mujer.

Los estereotipos de género conciben a la mujer como cuidadora y al hombre como proveedor pero, ¿quién garantiza la salud de las familiares de los presos? ¿Quién cubre las desveladas, el tiempo gastado en llevar a sus hijes al médico, el gasto de los trámites, el acompañamiento de la escolarización en la niñez? ¿Quién repara en la carga mental que todo eso conlleva? 

La población detenida tiene derecho a la salud y el Estado tiene que garantizarlo. Las mujeres que sostienen a la población detenida también tienen derechos y el Estado debe estar presente. 


Fuentes: 

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