Mandatos de belleza durante la pandemia

Desde que el gobierno nacional decretó el aislamiento social obligatorio, las redes sociales se colmaron de memes que aluden a la gordura como consecuencia indeseable de esta cuarentena.

En un contexto de pandemia el estrés aumenta tanto como las cifras de contagios y fallecimientos por COVID-19. Nadie tiene certezas de cuándo o cómo pasará todo este caos. ¿Por qué frente al temor a enfermarse, la posibilidad de perder el empleo o aislarse con un violento, el mayor miedo de la sociedad es engordar?

La gordofobia en tiempos de coronavirus se camufla de «consejos» para adelgazar, noticias falsas, dietas milagrosas y planes de entrenamiento. Influencers y autoproclamados profesionales inundan las redes sociales con actividades para bajar de peso y obtener el cuerpo ideal. En medio de la tristeza y la incertidumbre que genera estar lejos las personas que más queremos se nos exige mantener una rutina, conservar nuestro peso, leer pero no caer en el sedentarismo y aprender a cocinar sin comer de más.

En las últimas semanas circularon fotografías de cómo se verían personajes famosos antes y después del encierro. Las imágenes muestran personas delgadas previo a la cuaretena y cuerpos obesos en su posterioridad. El mensaje que nos quieren imponer es claro: «No subas de peso».

No son solo memes, son una presión social hacia las personas que no cumplen con los parámetros de belleza, por cierto irreales, que se difunden en publicidades, redes sociales y medios de comunicación. Los mal denominados «chistes» funcionan como reflejo de una sociedad donde la cultura de la dieta violenta los cuerpos no visibles.

Cuerpos violentados

Un estudio de la Universidad de Buenos Aires reveló que todas las mujeres han estado inseguras con su aspecto o desconformes con su cuerpo. Además, alrededor del 80% ha recibido comentarios acerca de su peso. El miedo a engordar esconde la presión social de un prototipo de mujer delgada, asociado a la belleza y el éxito personal.

Resulta contradictorio que dentro de la cultura del hiperconsumismo, en la cual las condiciones laborales te empujan al sedentarismo, surja la gordofobia para reforzar un estereotipo que muy pocas pueden alcanzar y con el cual gran parte de la población no se siente representada. Según datos del gobierno nacional, 6 de cada 10 adultes presentan exceso de peso y entre niñes en edad escolar el 30% tiene sobrepeso y el 6% obesidad.

La gordofobia, la homofobia y la transfobia no existen si entendemos fobia como «miedo a determinadas cosas». El concepto es utilizado para abarcar el odio y la discriminación que sufren las personas que no encajan con lo que para nuestra sociedad es atractivo o saludable. La idealización de la mujer tal cual la conocemos es una herramienta del sistema para señalar qué cuerpos «merecen» o «deben» ser visibles y cuáles no, dejando aisladas a todas aquellas que no son jóvenes, blancas, delgadas y exitosas.

Brenda Amato, activista y modelo, expresó en sus redes sociales que considera contradictorio que quienes juzgan el modo de vida de las personas gordas lo hagan por una cuestión de salud. «Estaría bueno que la gente recordase que la salud es también psíquica y emocional y que este hostigamiento no es gratuito. Muchas veces termina repercutiendo en la salud física. En un contexto como este puede generar depresión, ansiedad y hasta trastornos alimenticios».

«[La violencia sobre los cuerpos] es la misma que padecemos cuando no podemos encontrar la ropa que nos gusta en nuestro talle, cuando vemos que los asientos en el transporte público son cada vez más chicos y cuando no podemos conseguir trabajo porque parece que no se puede tener buena presencia si sos gorda».

Acerca de las ofertas de entrenamientos y clases online, expresó que estamos educados para que la actividad física sea una obligación y un castigo. «Si te comiste un alfajor son 10 minutos más, si te pintó que la pizza estaba rica y comiste una porción más, 20 minutos, y así terminamos transformando algo que nos debería generar felicidad y placer en una tortura».

A raíz del incremento de la discriminación a los cuerpos no hegemónicos, el INADI elaboró un documento titulado «La discriminación en tiempos de Coronavirus: reflexiones sobre el uso de las redes en una pandemia». En el texto se afirma que: «En épocas donde la prioridad es la promoción de discursos que convoquen a la solidaridad y responsabilidad, la aparición de cuestionamientos, miedos y sugerencias sobre los cuerpos no hacen más que fortalecer la ridiculización y estigmatización de la diversidad corporal de las personas».

En momentos donde tener acceso a la comida es un privilegio, deberíamos dejar de juzgar la alimentación y el aspecto físico de otras personas. Comer es un acto social, como lo son cocinar y compartir esos momentos de placer con quienes nos rodean. Utilicemos este tiempo en casa para reflexionar acerca de los «chistes» que hacemos circular. Es hora de dejar atrás la idea de que el tamaño de nuestros cuerpos nos define.


Imagen de portada: Sebastian Cifuentes

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