¿Qué es la pospornografía?

«El mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura,
sino la producción de representaciones alternativas de sexualidad».

Paul B. Preciado

Qué escándalo hubo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en 2015. Como propuesta del Área de Comunicación, Géneros y Sexualidades de la carrera de Ciencias de la Comunicación, se llevó a cabo una intervención posporno en los pasillos de la institución académica. Los medios, entonces, no tardaron en titular: Posporno en la UBA: abrieron una causa penal por «exhibiciones obscenas» (Perfil), Representaron escenas sadomasoquistas: escándalo por una performance porno en una facultad de la UBA (Clarín).

Una columna de opinión en Clarín recibió como invitado a un director de porno nacional, Victor Maytland, quien afirmó: «Si eso fue arte, no lo entendí». Sin embargo, la pospornografía tiene un sentido político que aparece como una postura dialéctica entre las feministas prosexo y las abolicionistas, y lleva 30 años vigente.

«Pensamos llevar estas prácticas artístico-políticas a la facultad en el marco del ciclo Miércoles de Placer que coordina el Área de Comunicación, Géneros y Sexualidades. En este ciclo, que se realiza desde 2012, se hacen encuentros culturales en los que —luego de una propuesta artística concreta— se desarrolla un debate que permita abrir nuevos sentidos en torno al género y las sexualidades».

Laura Milano, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales.
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El posporno actualmente tiene una mirada transfeminista.

¿Todo posporno es feminista?

Póster de Deep Inside Annie.

Varios autores y activistas dan cuenta de los orígenes del posporno hacia la década del 90, en Estados Unidos. El manifiesto de la actriz Annie Sprinkle, Post Porno Modernist Manifesto (1989), se utiliza como punto de partida. En él, se proclama: «Con este amor de nuestros yos sexuales nos divertimos, cicatrizamos el mundo y perduramos».

Sprinkle trabajó en la industria de porno masivo pero, luego de varios años, decidió retirarse para generar sus propios contenidos audiovisuales eróticos. Con su primer film independiente, Deep inside Annie Sprinkle, inició un cambio de paradigma.

Intervención en la que invitaba a ver su cuello uterino.

Su obra experimental la muestra narrando su vida, mientras se intercalan escenas en las que se la ve teniendo sexo con diferentes hombres. Si el porno mainstream tiene un enunciador que trata de documentar situaciones sexuales desde un ojo voyeurista, Annie aparece ahora mirando directamente a cámara. Con este gesto, señaló que las mujeres también pueden tener una voz y sentir placer en las relaciones sexuales.

Según explica un artículo de la revista española Gara, el cambio de la mujer de objeto a sujeto activo en las representaciones porno es un elemento constante del trabajo de Sprinkle. Asimismo, reinvindicó el orgasmo femenino, grabó videos teniendo relaciones con personas trans y discapacitadas, y abogó por celebrar la dignidad del deseo.

El placer como acto de resistencia

«Bien es cierto que la industria del porno ha hecho mucho daño. Una industria llena de estereotipos y clichés sexistas que nos ha marcado y que hemos aborrecido a fuerza de aburrimiento. El término pornografía ha sido contaminado hasta el límite. Pero el porno puede ser otra cosa. Y es ya otra cosa. Y está en nuestras manos que sea otra cosa. En nuestras manos y en nuestras cámaras. Porque si no nos gusta lo que vemos, podemos grabar otra cosa. Hazlo tú misma».

Manifiesto del sitio español girlswholikeporno.

Hacia inicios del nuevo milenio, la filosofía posporno se expandió a América Latina y Europa. En 2002, María Llopis publicó junto a Águeda Bañón el manifiesto de girlswholikeporno, una plataforma que difunde pornografía para consumo femenino y propone talleres y encuentros para debatir cintas. Contra los esquemas rígidos de masculinidad/feminidad que aparecen como una dicotomía en la que la mujer juega el rol de objeto al servicio del placer del hombre, el posporno aparece como una alternativa con una profunda dimensión política.

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Autorretrato de María Llopis (2010).

Mientras en el porno mainstream nos encontramos con violencia simbólica, coitocentrismo, invisibilización de cuerpos no hegemónicos y una matriz fuertemente heterosexual, en la alternativa pospornográfica existen elementos que hablan de sexualidades, en plural, y de placer disidente. Su voluntad no es llegar a ser comercial sino hacer una enunciación política, que tenga conciencia de su lugar y que otorgue a quienes participan una performatividad en tanto sujetos sexuados.

Derecho a la diversidad y juguetes para todes

Siguiendo estas ideas, entre las características del posporno encontramos:

  • Representación de cuerpos diversos. Gordos, racionalizados, con diversidad funcional.
  • Prácticas sexuales no convencionales, como kinks, BDSM o fetiches.
  • Sujetos de deseo, en tanto partícipes activos de la relación sexual.
  • Una perspectiva transfeminista.
  • Un verosímil que da cuenta de la conciencia que tienen sus actores de que están siendo grabados. En otras palabras, este tipo de pornografía se realiza rechazando la pretensión documentalista del mainstream.

Además de videos y performances, el posporno como lo definió Sprinkle busca la «celebración de la dignidad del deseo». En este línea, un grupo español de artivistas que investigan sobre género y pospornografía (Post-op) tiene abierto un proyecto para diseñar y crear juguetes sexuales para personas con diversidad funcional: Pornortopedia.

PORNORTOPEDIA es un espacio para pensar y crear juguetes, prótesis y ortopedia con fines sexuales pensados para todxs, teniendo en cuenta también otras movilidades y maneras de sentir el cuerpo. La idea no es qué puede hacer el postporno para las personas con diversidad funcional, sino qué pueden hacer ellxs por el postporno. Con esto lo que queremos decir es que precisamente esa otra forma de sentir el cuerpo  y esa otra forma de moverse generan prácticas que de otro modo sería muy difícil imaginar, prácticas que enriquecen el imaginario común.

Política(s) sexual(es)

El posporno, en Argentina, apareció en el debate público hacia 2015 como una práctica escandalosa y censurable. Sin embargo, activistas y artistas han dejado en claro que su filosofía se cimienta sobre dos de las ideas más emblemáticas del posestructuralismo.

La primera, de la reconocida Judith Butler: «El género resulta ser performativo, es decir, que conforma la identidad que se supone que es. En este sentido, el género siempre es un hacer». En la pospornografía, se pone en tensión la matriz heteronormativa que rige en la industria masiva. El género no determina roles rígidos sino que se presta al juego sexual.

La segunda idea, proveniente del filósofo Michel Foucault: «Donde hay poder, hay resistencia». Frente a una producción cultural mainstream que recrea imágenes de violencia, falta de consentimiento y cuerpos normativos, la propuesta posporno aparece como una práctica política que responde con creatividad para emancipar. Como dijo la investigadora Laura Milano: «Ya no hablamos de la sexualidad, hablamos de sexualidades».


Fuentes:

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