De cuarentenas y otros artes

La cuarentena por COVID-19 ha resultado ser el contexto de surgimiento de numerosas y muy diversas expresiones artísticas. El hecho no sorprende: el arte es terreno fértil para la catarsis y la sublimación de emociones adversas.

El arte es herramienta para la ocupación de espacios en términos políticos e ideológicos. Hoy por hoy, ocupar espacios resulta una necesidad no solo desde ese plano sino también desde el plano más concreto y real.

Conocidos serán por nuestros lectores algunos contenidos virales que circularon por redes sociales en las últimas semanas: el reencuentro de Roxi y Panigazzi, de la serie Gasoleros, o el diálogo marital por videollamada entre Pepe y Moni Argento. En el plano musical, escuchamos «Supón», la interpretación colectiva-colaborativa de «Imagine» de John Lennon, impulsada por la actriz y conductora Tamara Bella. La canción inquietó a la audiencia más exquisita pero no deja de pertenecer a este rubro.

Se trata de creaciones que muy probablemente no hubiesen existido de no ser por la circunstancia de aislamiento. Sin embargo, en paralelo a estas, llama la atención un fenómeno muy específico que (por ineludible área de interés) hemos observado mayoritariamente en el ámbito literario: el surgimiento de expresiones artísticas que poseen a la cuarentena como raíz temática y matriz organizadora fundamental.

En el ámbito de la narrativa y la poesía, numerosas antologías se han confeccionado a manera de repertorio de la experiencia. Otras tantas mantienen sus convocatorias abiertas. En todos los casos, su edición digital de descarga gratuita ha resultado una herramienta valiosa para editoriales independientes, a los fines de conservar visibilidad.

En el ámbito de la dramaturgia, el gran Mauricio Kartún en conjunto con el Centro Cultural Caras y Caretas impulsaron en los últimos días la convocatoria «Monólogos de la peste», un certamen de libreto teatral centrado en la vivencia de confinamiento durante la pandemia de COVID-19. Se propone la elección de diez micromonólogos y plantea para ellos un plan de puesta en escena que no tiene tiempo: el tiempo estará definido por el devenir de la experiencia. Las obras seleccionadas serán representadas, dirigidas y filmadas para su difusión en la instancia que la cuarentena lo permita.

No se sabe más. No está en manos del artista la posibilidad de definir la variable temporal. Sin embargo, continúa intacta la posibilidad de encontrar razón, identidad y una mejor versión del mundo en la labor creadora.

El arte pasa, así, a ser espacio de resiliencia, de creación de nuevos deseos, nuevos vínculos, nuevas posibilidades de experiencias agradables.


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