El «purplewashing» del Ministerio de la Mujer chileno

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, nombró como ministra de la Mujer y Equidad de Género a la sobrina nieta de Pinochet. Macarena Santelices es una defensora de la dictadura y presenta un historial autoritario de sus días como alcaldesa de la ciudad de Olmué. ¿Por qué esta designación es un purplewashing? ¿Qué sucede con el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de Argentina?

Cuando Alberto Fernández anunció la creación del Ministerio de la Mujer en la asunción presidencial el 10 de diciembre, lo festejé con amigues por el grupo de WhatsApp. Después de que Mauricio Macri degradara de Ministerio a Secretaría a carteras como la de Salud y la de Ciencia y Tecnología –entre otras– y desfinanciara a los mecanismos institucionales para prevenir y erradicar a la violencia de género, el anuncio nos pareció una gran noticia.

Pero para una amiga no había motivo de festejo y nos explicó su preocupación: «A veces creo que esto es para perpetuar el privilegio de mujeres cis, clase media-alta». El 11 de diciembre se anunció mediante la Ley de Ministerios la creación del Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidad, y el 13 de diciembre la nueva Ministra, Elizabeth Gómez Alcorta, publicó una carta de presentación de la nueva cartera:

«Hoy estamos ante un momento histórico: se inicia una nueva etapa de gobierno, la de un Estado comprometido a promover que los derechos de las niñas, mujeres, lesbianas, travestis, trans y personas no binarias se reconozcan de manera sustantiva: en la realidad cotidiana de cada uno, una y une».

Elizabeth Gómez Alcorta es abogada penalista, especializada en derechos humanos y pueblos originarios. Se define feminista, su crianza transcurrió en un barrio de monoblocks y es la primera profesional en su familia. Algunas de las políticas públicas en las que se focalizó el Ministerio en sus primeros seis meses de existencia fueron las medidas en materia de género y diversidad en el marco de la emergencia sanitaria, el refuerzo de la línea 144 y el compromiso de implementar la ley Micaela –a la fecha de publicación de esta nota, la provincia de Tucumán aún no adhiere a la ley–.

La procedencia del feminismo popular de la ministra, la reactivación de la agenda de género y los compromisos asumidos para enfrentar todo tipo de violencia machista son signos de que el Estado se está posicionando para responder a una serie amplia de problematicas en relación al género y la sexualidad. Sin embargo, las gestiones se evalúan con el tiempo y las transformaciones culturales no se dan de un día para el otro. En lo que va del 2020, se produjeron 117 feminicidios y transfemicidios en Argentina. Proteger a las mujeres -sobretodo a las migrantes, racializadas y pobres- y a la comunidad LGBTQ+ y brindar las respuestas estatales que atiendan a los efectos y causas de la desigualdad sufrida por parte de estos sectores, será el desafío de la cartera.

¿Qué sucede en Chile?

A principios de mayo, el presidente Sebastián Piñera nombró a cargo del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género a Macarena Santelices, familiar del dictador Augusto Pinochet.

Mientras la ministra Argentina defiende a víctimas del terrorismo de Estado y ha trabajado la cuestión de los abusos sexuales y la falta de perspectiva de género en los procesos judiciales vinculados con la dictadura cívico-militar, Santelices reivindica la dictadura chilena y el genocidio que se llevó adelante y afirma que «los Derechos Humanos son un circo» (sic).

PurpleWashing o lavado de imagen púrpura

En mi cabeza resuenan las mismas palabras: «A veces creo que esto es para perpetuar el privilegio de mujeres cis, clase media-alta». ¿De qué sirve un Ministerio de la Mujer que niegue a las diversidades, a las disidencias sexo-genéricas y que posea una mirada sesgada de clase? A pesar de que Chile tiene Ley de Identidad de Género desde el año 2018, la plataforma del Ministerio desestima las vivencias de estas minorías, incluso su existencia.

Asimismo, Santelices asegura: «Los movimientos feministas buscan el caos y la destrucción, y no tienen nada que ver con las marchas masivas de mujeres por la paz, por causas justas, que es lo que necesitan las mujeres en Chile» (sic). ¿Qué derechos y reivindicaciones para las mujeres y disidencias pueden lograrse sin los reclamos históricos de los movimientos feministas? ¿O son esos reclamos políticos los que explícitamente buscan desoírse por parte de la Ministra?

El purplewashing es un término desarrollado por Brigitte Vasallo (2013). Es el proceso de instrumentalización de las luchas feministas con la finalidad de legitimar políticas de exclusión contra poblaciones minorizadas, habitualmente de corte racista. La paradoja es que estas poblaciones también incluyen mujeres.

A partir de la designación de Santelices, el gobierno de Piñera realiza un lavado de imágen de su gestión. Si bien no se realiza desde una postura abiertamente feminista, ¿no es uno de los pilares del feminismo la búsqueda de equidad entre hombres y mujeres? Mismo pilar enunciado por el propio ministerio en su página web.

El poner a cargo de la cartera de Equidad de Género a una persona que se identifica con el género asignado al nacer y que este sea «mujer» no garantiza el desarrollo de políticas públicas que amplíen los derechos de todas las mujeres y de las minorías históricamente excluidas Es hora de derribar el mito de que el ser mujer es sinónimo de ser oprimida y que por ser mujer no se puede ser opresora.

Aún menos al tratarse de una persona que se manifiesta de manera explícita en contra de los Derechos Humanos y que posee una personalidad autoritaria, en especial con su género: despidió injustificadamente a dos trabajadoras del municipio que gobernó y una tercera trabajadora la denunció por acoso laboral.

De acuerdo a Vasallo, el purplewashing legitima directamente la violencia «en nombre del feminismo». Es la aplicación de políticas machistas, excluyentes y represoras para defender a algunas mujeres de una supuesta alteridad amenazante que incluye, claro está, a otras mujeres.

En línea con el lavado de imágen púrpura, Santelices entiende que su capacidad para ser ministra se debe a «ser madre y haber sido alcaldesa», es decir, que su experiencia política completaría el casillero de «Ministerio» y la maternidad concuerda con su definición de «mujer». Dicho concepto atrasa al menos 70 años las reivindicaciones de los movimientos feministas y, quizá, es por esto que los desestima.

La incomprensión de la Ministra chilena en materia de género y la falta de preparación para el cargo quedaron demostradas en su primer acto público al frente de la cartera: Santelices visitó un refugio de mujeres víctimas de violencia intrafamiliar, quebrando los resguardos para conservar la seguridad e impedir que se conociera la ubicación de estos lugares.

Por todo esto, en las últimas semanas fue trendic topic #NoTenemosMinistra entre las ciberactivistas chilenas. En una de las imágenes que acompañan el hashtag puede verse a una jóven con un cartel que dice: «Lesbianas y bisexuales nunca hemos tenido ministra». Es fácil imaginar que mujeres, varones trans y otras disidencias, tampoco.

Esto es el purplewashing: que bajo la fachada de un «Ministerio de la Mujer» se desarrollen políticas que aparenten la protección de las mujeres, pero que para estas políticas sean inteligibles solo ciertas posibilidades de existencia y se invisibilice la violencia sufrida por parte de otros colectivos minoritarios.


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