Corrientes del ecofeminismo

¿Sabés qué es el ecofeminismo? En la entrega anterior te contamos cómo surgió, cómo se desarrolla en el norte y en el sur global y cuáles son las miradas locales desde Argentina y Latinoamérica. En esta segunda entrega, conocé cuáles son algunas de las corrientes del ecofeminismo.

Además del contraste norte-sur global de este pensamiento y su praxis, el «ecofeminismo» hace referencia a una diversidad de posiciones: no existe un ecofeminismo, como no existe un feminismo. Esto se ve marcado en el desarrollo de las distintas líneas de pensamiento a través del tiempo. Si bien los primeros ecofeminismos son criticados por esencialistas, la corriente constructivista puede relacionarse con el activismo interseccional.

Ecofeminismo clásico

El ecofeminismo clásico nace de corrientes del feminismo radical estadounidense hacia los años 70. Aseguraba que la cultura masculina, al estar obsesionada con el poder, envenena y destruye la tierra, el agua y el aire. En cambio la mujer, al ser «más próxima a la naturaleza», es la esperanza de conservación de la vida. Se trata de una postura esencialista que asegura que las mujeres son no agresivas y por sus «aptitudes maternales» tienden al pacifismo y contribuyen a la preservación de la naturaleza.

Entre sus exponentes se encuentran Mary Daly y Susan Griffin. La propuesta de las ecofeministas clásicas se basa en recuperar los valores matriarcales y convertir lo que consideran «el rol reproductivo indiscutible de la mujer» en un instrumento de autoempoderamiento.

Este biologicismo fue fuertemente criticado por otras corrientes feministas. En el año 1949, Simone De Beauvoir ya había denunciado la construcción cultural y patriarcal de las implicancias del «ser mujer» y revelado que no existe un destino biológico ni natural ni esencial en la mujer. Asimismo, este esencialismo que conecta a la mujer y a la naturaleza excluye toda posibilidad de existencia de personas que no sean cisgénero.

Ecofeminismos espiritualistas

Estos movimientos surgen hacia los años 80 en países del sur global y critican el modelo de desarrollo occidental. En algunos puntos están vinculados a las tendencias místicas del primer ecofeminismo e incorporan una dimensión espiritualista vinculada al carácter sagrado de la naturaleza y de la vida. Se relaciona esta visión a países empobrecidos desde donde se denuncia la destrucción de los recursos naturales y de las formas de vida tradicionales de muchos pueblos indígenas y campesinos. De esta manera identifican al patriarcado como fuente principal de la destrucción ecológica global.

Una de sus exponentes es Vandana Shiva, activista del movimiento en la India. Shiva fue una de las primeras en mostrar el deterioro de las condiciones de vida de las mujeres rurales pobres debido a un desarrollo colonizador que extermina los cultivos de subsistencia familiar, los bosques nativos y la biodiversidad. Shiva expone que «la naturaleza fue reemplazada por el patriarcado y las mujeres, parte de la naturaleza, se encuentran subordinadas frente al hombre y a la producción». Shiva retoma una noción esencialista de la mujer que debe ponerse en duda.

Ecofeminismo constructivista

Esta corriente se diferencia de las corrientes clásica y espiritualista ya que sostiene que no hay una relación esencial entre las mujeres y la naturaleza, sino que históricamente las mujeres estuvieron más expuestas a la destrucción ambiental, en especial en los países más empobrecidos. Esto tiene que ver con los roles que se les asignaron en relación al cuidado y el abastecimiento de alimentos, leña y agua, lo que les permite ver de primera mano las agresiones ecológicas contra campos, bosques y ríos.

Entre sus exponentes se encuentran Val Plumwood, Bina Agarwal y Donna J. Haraway. El feminismo constructivista está relacionado al feminismo interseccional ya que describe un modelo de opresión que tiene en cuenta la clase, la raza, el género y la dominación de la naturaleza. Además, ve la necesidad de deconstruir el patriarcado capitalista en todas sus manifestaciones e insiste en que tanto mujeres como hombres y quienes no se clasifican en una concepción binaria del género somos naturaleza y cultura a la vez.


Fuentes:

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