Rompiendo récords: CO2 + deforestación

Nos hacen ver la crisis sanitaria como el único problema en la actualidad. Los medios hegemónicos no dicen ni una palabra del incremento de los desmontes desde que empezó la pandemiaLos desmontes que se están realizando en el norte argentino y en el Amazonas crecieron exponencialmente. El gran Chaco es una de las regiones boscosas más importante después del Amazonas y la más grande de bosques secos en América del Sur.  

No solo los casos de COVID-19 crecieron a nivel mundial: la tala de árboles también. En Brasil, el aumento es de un 55%, lo cual representa 529 km2 talados solo en abril. Estas hectáreas son saqueadas a comunidades nativas. En abril, la deforestación de la Amazonia de Brasil fue la más grande en 10 años.

Salta es una de las provincias que más desmontes tuvieron en Argentina. Los motivos son siempre los mismos: la producción de cultivos transgénicos y ganado vacuno, impulsada por los gobiernos de turno. El 20% de los bosques fueron convertidos en tierras de cultivo o de pastoreo en menos de 30 años, algunas de las mayores fuentes de creación de CO2. Claro está que no se reforesta nuevamente y, aunque así fuese, no sería tiempo suficiente para cubrir lo que nos quitaron. 

En 2007, Argentina sancionó la ley 26.331 para la protección de bosques. Sin embargo, el Poder Ejecutivo apenas la reglamentó en febrero de 2009, tras el reclamo que hicieron más de 70 organizaciones sociales, entre ellas, la Fundación Vida Silvestre Argentina. La norma establece que las provincias deberán realizar el ordenamiento territorial de sus bosques nativos que, supuestamente, protege los montes nativos. Pero un estudio advierte que «la deforestación en las áreas protegidas continuó o incluso aumentó. Desde la sanción de la ley se desmontaron 959.769 hectáreas de bosques protegidos».

Ahora, hablemos de Chaco: una provincia donde el 46% de los ciudadanos son pobres y, dentro de ese número, el 21% vive en la indigencia. También, es el lugar donde más desmontes hay en la Argentina. Las observaciones indican que aproximadamente el 20% de los bosques pasaron a ser tierras de cultivo o tierras para pastoreo. La pregunta: ¿cómo puede haber pobreza en un lugar tan rico para la vegetación? La respuesta: tratos ilícitos de políticos y empresas. La provincia ya perdió casi 2 millones de hectáreas en los últimos años.  

Entre 2010 y 2018 se registran 29.000 km2 que fueron «limpiados» en el Gran Chaco. Si calculamos cuánto fue deforestado en 2019 en el norte argentino, en las regiones de Chaco, Santiago del Estero, Formosa y Salta, obtendremos un resultado de 80.938 hectáreas de bosques

Pero aquí viene el otro problema: ¿qué pasa con el dióxido de carbono, si los medios habían informado mejoras en la calidad del aire en diferentes partes del mundo al principio de la cuarenta? La Administración Nacional Oceánica Y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) difundió datos sobre el reciente incremento en los niveles globales de CO2. En abril de este año, la concentración de CO2 en la atmósfera fue de 416,21 partes por millón (ppm), la más alta desde que comenzaron las mediciones en Hawái en 1958.

La deforestación está altamente relacionada con el aumento del dióxido de carbono, a través de los incendios forestales provocados para eliminar la vegetación virgen y transformar la tierra en campos de cultivo. No hay árboles que puedan almacenar las cantidades de CO2 emitidas.

Desde enero de 2020, las actividades industrial y de transporte se redujeron por el confinamiento, pero el uso de la electricidad fue en aumento. El 64% de la combinación global de energía eléctrica proviene de los combustibles fósiles (38% del carbón; 23% del gas; 3% del petróleo), según el informe «Perspectivas de la energía en el mundo 2019» de la Agencia Internacional de Energía. 

Los gobiernos, por más leyes que hayan, no toman medidas sobre estas situaciones. Quizás nunca existan estas medidas mientras sigan siendo cómplices con terratenientes y corporaciones agroalimentarias. Por lo tanto, no solo habrá bosques arrasados: también, nos dejan (más) desastres ambientales, pobreza, enfermedades y miseria. 


Fuentes:

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