Racismo y abuso policial, en EE. UU. y en Argentina

El asesinato del afroamericano George Floyd en manos del policía blanco Derek Chauvin en Mineápolis, Estados Unidos, provocó una serie de protestas y visibilizó una vez más el racismo estructural en el país del norte. Los medios argentinos comunicaron esa muerte como un crimen racista.

En Argentina también hay abusos por parte de las fuerzas de seguridad que terminan en homicidios, «suicidios» dudosos y desapariciones de personas, principalmente personas pobres y racializadas. Sin embargo, el tratamiento de estos casos en los medios nacionales no suele tener la magnitud ni el análisis que sí mereció el asesinato de Floyd.

Una joven afroamericana de 17 años fue quien filmó por 8 minutos cómo el policía Derek Chauvin presionaba con su rodilla el cuello de George Floyd hasta dejarlo inconsciente —murió más tarde en un centro de salud—. Floyd repetía que no podía respirar. Otros tres policías cómplices rodeaban a Chauvin mientras asfixiaba a Floyd. La mujer que filmaba no pudo intervenir, tenía miedo y ahora es acosada mediante redes sociales.

En la misma semana que la policía de Mineápolis asesinó a George Floyd, la policía de Tallahassee, Florida, le disparó y mató a Tonny Mcdale, un hombre trans afroamericano. Si bien no hay evidencias, los oficiales aseguran que Mcdale les apuntó con un arma. Los medios de Florida lo trataron como «mujer» hasta que un allegado de la víctima exigió que se respetase su identidad de género.

Si bien resulta inmediata la conexión de estos casos con el racismo, por la ascendencia afro de las víctimas, en Argentina parece más difícil identificar los abusos policiales con estructuras racistas de las fuerzas de seguridad y de la Nación.

Según Belvedere (2007) en Racismo y discurso: una semblanza de la situación argentina, desde el relato de la configuración del Estado-Nación, se planteó una homogeneización de la población argentina que invisibilizó y negó a los pueblos indígenas. Posteriormente, se discriminó a la migración interna —los «cabecitas negras»y a la externa, en particular a la proveniente de Bolivia, Paraguay y Perú. Además, Belvedere desarrolla que el imaginario social argentino presenta una fuerte negación de la presencia africana.

Blindaje al racismo estructural

Que los abusos policiales ocurren con frecuencia en Argentina no es novedad y que las principales víctimas son personas pobres y racializadas, tampoco. Entonces, ¿por qué son pocos los medios que comunican esta violencia policial como violencia racista y clasista? ¿Por qué existe un blindaje del racismo nacional?

Según Identidad Marrón, una organización de personas marrones que debate sobre el racismo estructural en Latinoamérica en busca de respuestas, «entender el racismo como una cuestión universal —lejana— es una de las premisas que más le conviene al progresismo, a la intelectualidad e inclusive a la política local».

Tan sólo durante el período de aislamiento social, preventivo y obligatorio, se dio una serie de abusos y homicidios que involucran a la policía. En La Matanza, efectivos policiales obligaron a bailar y a hacer saltos de rana a jóvenes de barrios populares «por incumplir la cuarentena». Con la misma excusa, la gendarmería hizo caminar a jóvenes de la villa 1-11-14 en cuclillas. Sin embargo, este modus operandi no fue el elegido por las fuerzas de seguridad cuando las personas que incumplieron el aislamiento eran de clase media-alta.

En San Luis, una mujer apareció ahorcada en su celda tras ser detenida por «incumplir el aislamiento». Florencia Magalí Morales había salido a comprar comida y en su casa la esperaban sus hijos y su nieta, pero nunca volvió. Testigos declararon que Morales gritaba auxilio desde su celda y el abogado de la familia no descarta la hipótesis de homicidio. La psicóloga de la mujer declaró que no estaba depresiva y que era una mujer fuerte y muy entusiasmada con poder cuidar a su nieta.

En Tucumán Luis Espinoza se encontraba con su hermano Juan cuando un grupo de policías los detuvo y golpeó. Juan quedó inconsciente y Luis estuvo desaparecido hasta que lo encontraron tirado debajo de un acantilado. La autopsia determinó que fue asesinado de un disparo en la espalda, por un arma reglamentaria de la policía.

Identidad Marrón realizó una publicación que denuncia y expone el racismo en estos casos: «Camila Arjona, Walter Bulacio, Rafael Nahuel, Cristian Toledo, Facundo Ferreira, Luis Espinoza, Carlos Abregu, Emanuel Ojeda. Estos son los nombres de algunas personas asesinadas en manos de la policía por su clase social y su color de piel».

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“Una combinación de violencia policial y racismo, un cóctel fatal en los Estados Unidos de larga data”, dicen la mayorías de noticias en los diarios argentinos sobre el asesinato de George Floyd, marcando el racismo como una cuestión lejana. Entender el racismo como una cuestión universal es una de las premisas que más le conviene al progresismo, a la intelectualidad e inclusive a la política local. Pensar que los asesinatos racistas de mano de organismos estatales son lejanos, nos permite no ver que los asesinatos a personas marrones y racializadas que suceden en argentina son racismo, los diarios nacionales titulan sus muertes como gatillo fácil, solo casualidad, la violencia policial no se mezcla con el racismo acá, y esa negación no tiene color político. Racismo es algo que podemos ver en una realidad lejana pero mala palabra para nombrar en casa. Entender el problema en Argentina es ver que las balas apuntan más a los cuerpos marrones, a los descendientes de indígenas y campesinos que habitan en la urbanidad, a los pobres, a las personas que viven en las villas. Personas desaparecen en mano de la policía, personas mueren en mano de la policía. Y quienes ven esas noticias no ven colores de piel, ni tampoco ven racismo. Tal vez sea el momento de empezar a verlo. Camila Arjona, Walter Bulacio, Rafael Nahuel, Cristian Toledo, Facundo Ferreira, Luis espinoza, Carlos Abregu, Emanuel Ojeda, estos son los nombres de algunas personas asesinadas en manos de la policía por su clase social y su color de piel. ¿Cuánto vale la vida de esos "negros de mierda", el insulto predilecto de gran parte de la sociedad argentina que refiere a muchxs de nosotros, que hoy ya no están? ¿Cuando nos vamos a hacer cargo del racismo que carga Argentina como país que niega nuestra historia, se calla ante nuestros asesinatos y vive en constante discriminación hacia nuestras existencias? ¿Cuánto valen las vidas de las personas marrones e indígenas? Desde Identidad Marrón hacemos un llamado a cuestionar el racismo institucional, la violencia policial, el propio racismo y exigimos #JusticiaPorGeorgeFloyd y por todos los asesinatos racistas en mano del estado argentino.

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Por su parte, @Djambari, quien retrata y cuenta historias de la comunidad senegalesa en Argentina, denuncia que el mito patrio de que todos los argentinos son descendientes de blancos rubios europeos sólo puede sostenerse mediante la invisibilización y criminalización de les migrantes. Djambari publicó además las declaraciones del senegalés Ibrahima, quien llegó hace 20 años a la Argentina, en relación al asesinato de George Floyd: «Lo que pasó con Floyd fue así siempre. Nosotros hemos sufrido muchos años. Eso sigue así hasta ahora».

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“LO QUE PASÓ CON FLOYD FUE ASÍ SIEMPRE” . El azar hizo que el asesinato de George Floyd coincidiera con el aniversario del 25 de mayo en Argentina y con el Día de África, instaurado en 1963 cuando se creó lo que hoy es la Unión Africana. El objetivo de marcar esa fecha en el calendario era celebrar la cultura y resistencia de los países africanos y establecer cada año los pasos a seguir para continuar el movimiento de liberación. Los procesos independentistas en el continente estaban en auge, luego de que en el ‘58 Ghana consiguiera su independencia de la mano de Kwame Nkrumah. . El mito patrio de que todxs lxs argentinxs son descendientes de blancos rubios europeos sólo puede sostenerse mediante la invisibilización y criminalización de los migrantes, que en 2017 eran más de dos millones, según un relevamiento de la ONU. . “Lo que pasó con Floyd fue así siempre. Nosotros hemos sufrido muchos años. Eso sigue así hasta ahora”, dice Ibrahima, un joven senegalés que llegó al país para triunfar en el fútbol. En cuanto a la violencia policial, lanza una advertencia: “Acá no es igual, porque la policía no tiene esos poderes. Pero con los maltratos que nos hacen no estamos muy lejos de lo que pasó con Floyd”. “Tengo el corazón roto cuando veo ese tipo de videos”, completa. . Serigne, que llegó de Senegal hace 20 años, sostiene: “La muerte de nuestro hermano Floyd me dejó enojado y triste por ver algo tan feo”. “Por suerte lo filmaron, y todo el mundo lo vio. Ningún ser humano puede tratar así a otro”, explica, y asegura que es algo que pasa muchas veces y de forma constante. . “Ese día la pasé mal, estuve muy triste. Fue una semana complicada”, detalla Ablay, que extraña más Senegal cuando ve estas cosas. “Una persona que tiene pensamientos de animal es lo peor. Y ese policía era eso, un animal. Lo bueno es que en todo el mundo se está protestando”, señala. Y a pesar de la bronca, se toma un tiempo para reflexionar y dar esta lección: “En este mundo, y en este tiempo de pandemia, tenemos que crecer. Esto tiene que servir de algo. Hay que tener otro pensamiento, unirse para hacer crecer al planeta y ayudar a quienes peor lo pasan. Hay gente que tiene buen corazón".

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¿A quién cuida la policía?

Dean Spade, abogado y activista trans estadounidense, denuncia en Una vida normal (2015) que «los comportamientos asociadas a la pobreza han sido cada vez más criminalizados, con el resultado de que muchas personas pobres y sin hogar son cautivas del sistema penal».

«Muchas ciudades han adoptado estrategias policiales de “calidad de vida” cuyo objetivo es detener a personas que trabajan en el mercado del sexo, sin hogar, jóvenes, con discapacidad y de color, como parte del afán de acomodar las ciudades a gusto de la burguesía blanca».

Dean Spade.

En esta línea, es posible extrapolar dichas estrategias policiales a nuestro país: Identidad Marrón denunció que «en Argentina las balas apuntan más a los cuerpos marrones, a los descendientes de indígenas y campesinos que habitan en la urbanidad, a los pobres, a las personas que viven en las villas».

Es necesaria una profundización del nivel de análisis para comprender la génesis del abuso de las fuerzas de seguridad y la función del sistema penal carcelario. Es momento de que la comunidad científica, los medios y quienes ocupan cargos políticos puedan plantear de forma seria y comprometida cuáles son los objetivos que se persiguen cuando se habla de la necesidad de la policía y de las cárceles. Y, si esos objetivos se cumplen, ¿para quiénes se cumplen? ¿A quiénes cuidan las fuerzas de seguridad? ¿Qué tipos de vidas son cuidadas y qué tipos de vidas son perseguidas y castigadas en nombre de la seguridad y el cuidado de las vidas que sí importan?


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