Salud, lingüística y memoria 

El coronavirus también afecta a las comunidades indígenas y les deja consecuencias más allá de la enfermedad porque repercute, además, en la conservación de su lingüística y subjetividad. 

Un gran porcentaje de población indígena está en situación de extrema pobreza, sometida a condiciones de desigualdad. En muchos casos, manifestaron no tener acceso a la salud ni al agua potable y estar expuestes a vulnerabilidades sanitarias como desnutrición, diabetes y dengue, entre otras. El no tener acceso al agua potable hace imposible la prevención del contagio de enfermedades y estas condiciones se profundizan en el momento actual que se está viviendo por la pandemia, que deja expuesta la crisis más amplia en la que están inmerses. 

Si bien se han producido algunos avances en el reconocimiento de sus derechos, no se tomaron las medidas necesarias para poder garantizar fundamentalmente el derecho a la salud. Desde el Estado no se tomaron medidas específicas para los pueblos indígenas que tuvieran en cuenta que se trata de una población en riesgo por las malas condiciones sanitarias en las que viven.

La profundización de una crisis previa a la pandemia afecta diversos aspectos de la vida tanto social como económica, política, cultural y ambiental. En parte, también, es consecuencia de un sistema capitalista que va en contra de la naturaleza y los derechos humanos: la desigualdad estructural queda así profundizada, acrecentando la marginación, el racismo y la vulneración a sus derechos. 

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El cuidado ambiental se ve amenazado por los derrames de sustancias tóxicas, que aumentan el riesgo de contagio de enfermedades en las comunidades. Sumado a eso, continúan los abusos de poder por parte del gobierno. Si antes lo hacían dejándoles sin protección frente a la pandemia, ahora se agregan los nuevos asesinatos cometidos a indígenas que han querido defender sus territorios.

No solo se les invisibiliza dejándoles en situación de abandono sino también con aquellas cuestiones vinculadas a los aspectos subjetivos de la comunidad. No se los nombra ni en los medios de comunicación, ni en los discursos, ni en las políticas públicas y tampoco en las estadísticas. Esto impide conocer(les) sus situaciones de contagio, muerte e historicidad. 

Borrar la memoria histórica de algunas comunidades indígenas impide conocer el pasado, en el que fueron arrasadas por la gripe, el cólera o la tuberculosis. De esta manera, también se les niega la posibilidad de llevar adelante estrategias de intervención en esos aspectos. Se ocultan las marcas de la historia que comprueban cómo muchas de las epidemias anteriores fueron usadas por los colonizadores como instrumentos de poder para dominar y controlar a  los pueblos indígenas, apropiándose de sus territorios. Historia que, además, niega los orígenes: los suyos que también atraviesan las raíces de toda América Latina. 

En estas primeras semanas de llegada del virus, los pueblos indígenas desarrollaron distintas estrategias de autoprotección de los miembros de sus comunidades, utilizaron sus propios conocimientos sanitarios y de supervivencia e implementaron estrategias en red entre distintos pueblos y al interior de su comunidad. Una de esas medidas ha sido el cierre de fronteras para impedir el ingreso de personas extranjeras. Algo que parecía una buena medida para intentar paliar una de sus vulnerabilidades dejó en evidencia otra de las tantas a las que están expuestas: la represión policial, en este caso, debido al cierre mismo. 

Por otro lado, la pandemia también afecta la subjetividad de las comunidades indígenas. Quienes residen en áreas urbanas se enfrentan a otro tipo de exclusión: la lingüística. Eso se traduce en desempleo, ausencia de medidas de prevención, daño psicológico y discriminación. La negación sistemática de sus derechos afecta directamente en la subjetividad de las personas que viven en estas comunidades indígenas, dejando un saldo de abandono y, en muchos casos, de muerte.

Existen un abanico amplio de palabras utilizadas en el habla cotidiana que tienen su origen en muchas de estas comunidades lingüísticas como, por ejemplo, el quechua: chacra, maíz, tomate, hamaca, petaca y apapachar, son solamente algunas de ellas.

En Argentina hoy se hablan al menos 14 lenguas indígenas, que tienen contacto con el castellano desde hace más de 500 años. Esto sin tener en cuenta otros territorios como Bolivia, Perú, Brasil y Colombia, por mencionar solo algunos. Muchos pueblos dejaron de hablar sus propias lenguas debido a procesos históricos de colonización, racialización, discriminación, negación y dominación, entre otros factores. 

El respeto y el reconocimiento de la diversidad de lenguas es parte de la identidad de cada pueblo. Forma parte de la subjetividad y la historia tanto de las comunidades en lo colectivo como de las personas que la componen individualmente. Por eso es importante que sean reconocidas e incluidas. 

Un aliado histórico de los mecanismos de homogeneización y dominación ha sido la escuela. Se encargó de unificar las diferentes hablas y construir un ideal común con respecto a las diversidades lingüísticas. En la actualidad no siempre son contempladas estas diversidades en las políticas educativas, a pesar de que la ley de educación nacional 26.206 lo contempla, garantiza ese derecho a las poblaciones indígenas y reconoce las variaciones lingüísticas y culturales que respetan los valores de los pueblos. El negarle su lengua a una comunidad y, así, excluirla y negarle su identidad e historia es violencia simbólica

En ese punto, son importantes las políticas educativas que contemplen esas diversidades dentro del aula pero también es fundamental la formación docente para que esas políticas puedan llevarse a cabo. 

A los pueblos indígenas se les debe garantizar el derecho a la salud y a la prevención de las enfermedades, y deben tomarse las medidas necesarias para que puedan vivir dignamente. También es necesario que se les garantice el respeto por la diversidad y la multiplicidad cultural, atendiendo a los distintos actores que conforman la comunidad. 

¿Cómo se puede contribuir a la lucha antirracista sin apropiarnos de ella?

Le activista indígena Nia (@haluami) propuso una serie de medidas que se pueden implementar para apoyar los reclamos desde situaciones de privilegio sin invadir sus espacios. @pibaafroqom @sandra_chagas09 @afroargentina @mmujeresindigenas son algunas de las cuentas de activistas indígenas que difunden actividades y propuestas antirracistas. 

Entre las medidas de apoyo a la comunidad que escribió Nia se encuentra la difusión a activistas racializades sin hablar por elles sino cediéndoles nuestro lugar de privilegio para que elles mismes lo hagan. Por otro lado, es importante practicar el antirracismo cotidianamente y dejar de apoyar personas que perjudican la lucha de los pueblos indígenas. También se puede colaborar aportando monetariamente a activistas que están en situaciones de pobreza estructural y, en muchos casos, situaciones interseccionales aun más difíciles si se trata de feminidades.


Fuentes:

Imagen: Facundo Rodriguez fotografía

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