¿Cristina Pérez vs. Alberto Fernández?

El pasado miércoles por la noche, Alberto Fernández fue entrevistado en el noticiero central de Telefé, en el cual la conductora, Cristina Pérez, le hizo una pregunta que incluyó adjetivaciones. El presidente de la Nación se detuvo a observar esta intencionalidad en la construcción de la pregunta y en varias ocasiones corrigió a la entrevistadora en sus expresiones. A raíz de estas correcciones, las redes sociales estallaron en comentarios.

Ya sea para ovacionar la pregunta de Pérez o para aplaudir la respuesta de Fernández, el foco fueron las personas y no los mensajes. Este accionar polarizante y repetitivo en las redes sociales es uno de los síntomas que aquejan a nuestra sociedad hoy en día, el problema de la posverdad

«Hablamos de posverdad cuando el discurso público (el de las personas, el de los estadistas, el de los medios) se inunda de prejuicios por motivos sentimentales, políticos o económicos que, en vez de ser confrontados con lo que sabemos, se consideran una verdad alternativa», apuntó Guadalupe Nogués, docente y comunicadora, autora de «Pensar con otros: una guía de supervivencia en tiempos de posverdad».

En este sentido, resulta imprescindible comenzar a tener una visión más amplia en este tipo de cuestiones como los debates sobre actualidad, política y economía. Dejar de lado los juicios que cargamos sobre quienes ejercen la palabra y trascender las personalidades para ir hacia el mensaje y poder discutir ideas y no personas. No es sencillo pero hay que intentarlo.

Para ir un poquito más allá en la polémica sobre las preguntas de la conductora del noticiero, es interesante pensar el rol que tuvieron sus colegas Rodolfo Barili y Reynaldo Sietecase o el de la producción que la acompañaba en el vivo y no advirtieron (o no quisieron advertir) lo incisivo de la pregunta. Pudieron intervenir pero no lo hicieron. 

Pérez tuvo que cargar con la responsabilidad de todo un equipo de trabajo, ya que podemos pensar en la preproducción que significa entrevistar a un presidente. Las preguntas, generalmente (y es recomendable que así sea), están pautadas con anterioridad, es decir, es lógico sospechar que esa intencionalidad estaba pactada de antemano. No es la primera vez que la dupla noticiosa de Telefé entrevista a une Jefe de Estado pero, sin embargo, sí es la primera vez que se cuestiona una pregunta al aire por parte del entrevistado.

Vamo’ a calmarno’

Estamos en un momento delicado en cuanto a la información que se maneja. Todos los días la actualización de los casos positivos, las muertes y el contador de días de cuarentena generan incertidumbre y ansiedad. Hoy más que nunca les comunicadores debemos tener la responsabilidad y la delicadeza de abordar la problemática sin contribuir a la paranoia, a la sensibilidad y al malestar social. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió sobre el problema de la «infodemia». ¿Qué es esto? Se refiere a un gran aumento del volumen de información relacionada con un tema en particular. A partir de la pandemia, hemos entrado en una etapa de sobreinformación pero también de desinformación y manipulación mediática, lo que dio lugar a fake news y hasta teorías conspirativas. 

En los últimos 30 días, se han publicado 361.000.000 de videos en YouTube en las categorías de «COVID-19» y «COVID 19» y, desde que comenzó la pandemia, se han publicado cerca de 19.200 artículos en Google Scholar. En el mes de marzo, unos 550 millones de tweets incluyeron los términos «coronavirus», «corona virus», «covid19», «covid-19», «covid_19» o «pandemia», según apunta un informe de la OMS para advertir el fenómeno. 

¿Cómo hacer frente a la infodemia?

«Estar inundados de información no es lo mismo que estar bien informados. Estar bien informados requiere hacerlo de forma medida, de buenas fuentes y encontrar tiempo lejos de las pantallas, tiempo introspectivo para analizar esa información pero también para pensar cómo nos sentimos», señaló Pablo González, comunicador científico parte del equipo de «El Gato y la Caja».

«Se ven repetidas las narrativas polarizantes, las que construyen de alguna manera un otro tribal, un “nosotros” y un “ustedes” y siempre amplificamos la información que afirma cualquier postura que refuerza la idea de que mi tribu, mi espacio de pertenencia, los míos son buenos y los otros son malos».

Pablo González, «El Gato y la Caja».

¿Es posible que la producción de Telefé y  hasta el presidente hayan sido parte de este fenómeno? ¿Cómo hacer para detectar las intencionalidades en las preguntas, el abordaje de noticias y no contribuir al malestar propio y de otres? ¿Tuitear furioses a lo Tano Pasman en contra de Cristina Pérez o Alberto Fernández sirve de algo?

«La única salida es coordinada, cooperativa y colectiva. La solución para la desinformación implica sí o sí tomar un rol activo en la información que retransmitimos. Y también poder conversar sobre la veracidad de la idea, centrándonos en atacar la idea y no a la persona», aconseja González.

Así como con las medidas de prevención sanitarias, entender el rol de cada une y asumir la responsabilidad individual ante el manejo de información, su replicación consciente, la recepción crítica y atenta pueden contribuir a que los debates sean medidos, respetuosos y en pos de acompañarnos en medio de la incertidumbre que genera el contexto.


Fuentes:

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