De violador a mediático inimputable

En los últimos días, circuló un video en el que Rodrigo Eguillor abandonaba la prisión. Las redes sociales se llenaron de mensajes de indignación al enterarse de que el acusado de violación fue trasladado a un barrio privado para cumplir arresto domiciliario, mientras la justicia evalúa si puede ser juzgado o es inimputable. El caso sigue en el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 10, a cargo del juez Alejandro Noceti Achaval.

Eguillor es investigado por la violación de una joven en San Telmo en el año 2018. La acusación incluye los delitos de abuso sexual, privación ilegitima de la libertad, agravada por violencia de género y amenazas, además de daños y lesiones leves. A su vez, enfrenta cargos de amenazas tras agredir al personal —mujeres— de la Fiscalía Nº 22 a cargo de Eduardo Cubría.

La joven que lo denunció aportó un video, que recorrió todos los noticieros, en el que se la veía pidiendo ayuda desde un balcón. Luego de que se hiciera viral otras mujeres denunciaron que él las acosaba o que habían salido con él y se había vuelto violento. Antes de ser detenido realizó entrevistas en diversos canales de cable y cuando fue arrestado en Ezeiza circularon grabaciones en las que gritaba «Llamen a mi vieja», quien es fiscal del Departamento Judicial de Lomas de Zamora.

Dado que frente a la pandemia por COVID-19 no es paciente de riesgo —no posee patologías previas ni es mayor de 65 años—, no hay elementos que justifiquen el beneficio de prisión domiciliaria. Mientras tanto, la defensa argumenta que no puede ir a juicio debido a que sufre patologías psiquiátricas. El Cuerpo Médico Forense expuso que podría ser inimputable y lo examina cada tres meses. Eguillor estuvo detenido desde diciembre de 2018 hasta los primeros días de junio de este año.

¿Indigna que liberen a un abusador o que sea hijo de una fiscal y cumpla prisión preventiva en un country? La noticia puede ser vista como la gota que rebalsó el vaso de las injusticias: en menos de una semana, el Poder Judicial estuvo a punto de liberar al atacante de Fátima Aparicio, se utilizó el concepto de «desahogo sexual» en un juicio abreviado y se conocieron nuevos casos de femicidios.

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Si algo queda expuesto es que el poder y el patriarcado se unen para volver a someter a las denunciantes, quienes intentan dejar atrás esas situaciones en las que fueron víctimas para continuar con sus vidas. Desde las redes sociales se tejen tramas de lucha y acompañamiento en las que todos los días se difunden pedidos de ayuda y se denuncian casos de violencia de género pero es necesario que el Poder Judicial cumpla con su trabajo, para que violentos y femicidas no vuelvan a atacar.

No es un « tincho», es un varón violento

A fines de 2018 las cámaras de televisión perseguían y hasta entrevistaban a Rodrigo Eguillor, quien disfrutaba de sus minutos de fama. Incluso fue tendencia en Twitter, primero con su nombre, luego con las palabras «tincho», modo de llamar al estereotipo de pibe machista y de clase social alta y «Canning», por su lugar de residencia. No es un «tincho» ni un «nene de mamá», es un hombre acusado por violación, abuso y grooming. Destacar su clase social, su forma de vestir o el lugar en el que vive cambia el foco del problema: la violación.

El hecho de darle aire y visibilidad a un violento, aunque sea con la intención de enfrentarlo, puede volverse peligroso. Los medios de comunicación tienen gran responsabilidad respecto de a quiénes les dan voz y a quiénes no, porque eso genera modelos y modos de percibir el mundo que fortalecen una idea de imaginario social.

«No era una chica bien, era una negra de Ituzaingó», «No sé qué se meten las mogólicas con el pañuelo verde» y «No necesito violar a nadie porque tengo facha» son algunas de las frases que repitió el acusado por todos los canales. En todas están presentes la cultura de la violación, el machismo y el racismo. Es delicado que en los medios circulen mensajes que se alejan de una visión con perspectiva de género que entiende que, como afirma la periodista Susan Brownmiller, «la violación tiene muy poco de sexual y mucho más de agresión».

También es interesante analizar cómo sus dichos no son los únicos que se enmarcan bajo la cultura de la violación. Cada vez que un acusado de un caso mediático es detenido, es habitual leer o escuchar que se les desea que los lastimen y hasta se «alegran» por los abusos sexuales que sufrirán dentro de la cárcel, lo que sorprende e iguala la violencia con que estos personajes se manejan.

Los abusadores y los violadores, como es el caso de Rodrigo Eguillor, están en todos lados, incluso son entrevistados en los medios de comunicación. No son enfermos ni locos solitarios que salen a buscar su presa de noche y en descampados. No hay distinción de clase ni de edad para reproducir conductas machistas: son lo que se denomina hijos sanos del patriarcado.


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