OGM: ¿armas de guerra?

«La lucha de la Humanidad contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido».

Milan Kundera

En el mundo de hoy, pensar en la erradicación del hambre es un objetivo utópico. Las grandes desigualdades sociales, la concentración del poder y la riqueza, las transnacionales extractivistas y avasallantes y la producción desmedida son algunos de los pilares en los que se sostiene el modelo de sociedad de consumo actual.

A raíz de esto, los últimos datos publicados por la OMS nos dicen que más de 800 millones de personas en el mundo padecen hambre y que este número está en constante aumento. Si bien la tecnología puede responder a muchos interrogantes, no puede por sí sola resolver el problema del hambre, ya que no se trata de disponibilidad de alimentos sino de distribución de tierras, de distribución de riqueza.

La producción de alimentos actual es suficiente para alimentar a toda la humanidad y, pese a ser el derecho a la alimentación un derecho humano, una buena parte de la población no posee los recursos económicos para comprarlos. ¿Habrá algo más injusto y que perpetúe más la desigualdad social que esto?

Para resolver los problemas del hambre arribó la tecnología transgénica de la mano de Monsanto pero, a más de 20 años de la introducción de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) en la agricultura, el hambre no solo no ha cesado sino que ha ido en un aumento sostenido. Este argumento no solo ha sido una falacia sino que también ha sido causa de la destrucción de ecosistemas naturales en pos de convertir en mercancía a los alimentos y de concentrar el rédito de los mismos en manos de unos pocos.

Monsanto es líder mundial en ingeniería genética de semillas y en la producción de herbicidas. El glifosato es el más conocido, patentado como «Roundup». Pero Monsanto es mucho más que eso: esta empresa construye su imperio de riquezas incalculables sobre la tierra destruida, la expulsión de las poblaciones rurales, el envenenamiento y la muerte.

Para ponernos en contexto: ¿Qué son los OGM?

Los OGM son bacterias, hongos, plantas o animales cuya información genética (ADN) ha sido manipulada y modificada mediante técnicas de ingeniería genética. La modificación genética se realiza con el objetivo de que estos organismos produzcan proteínas de interés industrial o con el propósito de modificar o incorporar determinados rasgos como, por ejemplo, la resistencia a plagas, la calidad nutricional, la tolerancia a heladas o a herbicidas, entre otros.

Aplicación de glifosato

Partiendo de la base de que los OGM pueden ser diversos y aplicables a una gran cantidad de industrias y productos, evaluemos en particular el caso de la soja. Entonces imaginemos, por un lado, la planta de soja (sin manipular o silvestre, como la Pacha la trajo al mundo) y, por el otro lado, el glifosato (o Roundup para les «amigues» de Monsanto). 

El glifosato es un potente herbicida de amplio espectro desarrollado para la eliminación de hierbas y arbustos que se aplica muy fácilmente sobre las hojas de la planta. Hoy en día es el herbicida más utilizado de todo el mundo. La consigna era que fuese aplicado de manera cuidadosa, sobre aquellas «malezas» o plantas indeseables que crecían en los aledaños del cultivo de interés. En caso de que el glifosato cayera sobre la soja silvestre, esta moriría, básicamente porque la soja es una planta y el glifosato un herbicida.

Mediante manipulación genética y bajo las normas de Monsanto se crea la soja «Roundup ready» (soja RR). Se trata de una planta de soja a la cual se le agrego un gen para que sea resistente al glifosato. Entonces, si tenemos una planta que resiste al glifosato, podremos aplicarlo indiscriminadamente por encima de esta (y de toda la extensión del campo), ya que no sufrirá ninguna alteración y se exterminará solo aquello que no posea el gen de resistencia.

¿La tecnología transgénica produce un ecocidio?

Las consecuencias fisiológicas, ecológicas y/o evolutivas que puede acarrerar cualquiera de estas modificaciones cuando los OGM son introducidos a campo abierto en cultivos industriales extensivos o en la alimentación animal o humana son potencialmente múltiples e impredecibles.

Dentro de las amenazas que podemos encontrar cuando introducimos los OGM existe la contaminación genética, que consta de la introducción —accidental o no— de transgenes (aquellos producidos por ingeniería genética) a cultivos no transgénicos que se encuentran en los aledaños. Esta contaminación genética es irreversible y la presencia de estos genes contaminantes reduce la diversidad biológica, convirtiendo a todos los cultivos en transgénicos. Un ejemplo de esta catástrofe es el caso del maíz en México.

Otra problemática causada por los OGM es la erosión genética que consta en el cultivo de variedades transgénicas de alta rentabilidad, lo cual favorece la producción de monocultivo (es decir, dedicar toda la tierra disponible al cultivo de una sola especie vegetal). El monocultivo lleva a la perdida de variedades locales que dejan de cultivarse, favoreciendo un único cultivo por sobre los demás: menor variedades genética equivale a menor variedad de alimentos. Esta disminución en la variabilidad genética aumenta la vulnerabilidad frente a plagas y enfermedades.

Además, la utilización sostenida de glifosato genera una presión de selección que hace que cada vez más plantas y malezas presenten el gen de resistencia al glifosato haciendo que cada vez se necesiten concentraciones más altas del herbicida para producir el mismo efecto. De esta manera, llegará un momento que las plantas (cultivo deseado y malezas de alrededor) serán totalmente resistentes y será necesario cambiar por un herbicida mucho más potente.

A la severidad de estos problemas debemos sumarles los riesgos que aun no se pueden predecir y que aumentarán a medida que se desarrollen nuevos y más efectivos transgénicos con «mejores» y más potentes biocidas (sustancias que destruyen o neutralizan cualquier organismo nocivo para el hombre).

De la aplicación del glifosato al plato de alimento: impactos sobre la salud humana

Elementos de protección personal que se requieren para la aplicación de glifosato. ¿Qué seguridad puede dar un producto si para su aplicación se necesita esta indumentaria?

En el año 2000 expiró la patente de Roundup y a partir de entonces muchas empresas fabrican sus propios herbicidas con glifosato como principio activo principal.

Desde que se comenzó a comercializar estalló la polémica. Los detractores y quienes aseguraban su inocuidad alzaron la voz pero fue en los últimos años que surgió una gran cantidad de ambientalistas, científiques, médiques, productores y agricultores preocupades por los efectos causados por la aplicación masiva de glifosato sobre el ecosistema y la salud de la sociedad.

Si bien varios de los estudios científicos publicados sobre la toxicidad del glifosato fueron escritos por investigadores que representan los intereses de Monsanto y las demás empresas que venden el glifosato —les pagan a científiques para que escriban a favor del producto, ¿conflicto de interés? ¿Qué es eso?—, las evidencias sobre los casos de cáncer (y otras enfermedades) a causa de la aplicación del glifosato vienen en constante aumento en los últimos años.

La planta de soja no puede tapar al monocultivo. La evidencia sobre la toxicidad del glifosato en las poblaciones humanas fumigadas, en les consumidores de los productos fumigados y en los ecosistemas fumigados es enorme, clara, concisa y basada en evidencia científica. Como decía el científico Andrés Carrasco:

«Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria».

Andrés Carrasco, científico CONICET.

Los ojos bien abiertos y el puño en alto

En el año 2018 y por una suma de 63 mil millones de dólares, la farmacéutica Bayer compró a Monsanto. Un negocio redondo y multimillonario que gira sobre su propio eje de cura-enfermedad: Monsanto distribuye la enfermedad para que luego Bayer venda la cura. Así que si es Bayer, no es bueno.

Es necesario abrir campo a este tipo de discusiones y debates, en donde se deben considerar el impacto económico-social, ambiental y en la salud humana, así como también el marco jurídico, ético y político en el que se inscriben estos problemas. Es necesario poder confiar en la ciencia digna e independiente, en les investigadores comprometides que no se someten al poder manipulador de turno ni al capital mezquino que pretende comprarles.

Pese a todo, un destello de esperanza nace y reverdece entre tanto monocultivo y campo muerto: es la Soberanía Alimentaria, que propone una alimentación garantizada por los propios pueblos, sobre las prácticas y saberes actuales y ancestrales, en donde la alimentación es accesible y sustentable, en donde el plato de comida está garantizado, es sano y de confianza.

Quizás te interese leer: ¿Qué es la Soberanía Alimentaria? por Yamila Figueroa



Recomendaciones:

  • Documental: «Andrés Carrasco. Ciencia Disruptiva», dirigido por Valeria Tucci.
  • Documental: «La vida según Monsanto», dirigido por Maria Monique Robin.
  • Libro: «Ciencia entre todxs. Alicia Massarini», de Adriana Schnek.
  • Libro: «¿Cómo los ricos destruyen el planeta?», de Hervé Kemp.

Fuentes:

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