Orgullo independiente

A los cinco años, cuando se quedaba sola en casa, escribía poemas sorpresa y se los dejaba a sus xadres en la habitación. A los doce, comenzaba a interiorizarse en la poesía. Hoy escribe y edita en La Mariposa y la Iguana, la editorial independiente de temáticas de género, disidencias y diversidad sexual que fundó en el auge del movimiento feminista.

Dafne Pidemunt es escritora y editora. Me recibe con un saludo tan cálido como todo su lugar. Una vez dentro, nos abraza una amplia y variada biblioteca que exhibe libros de todo tipo: clásicos, poesía, literatura latinoamericana y del resto del mundo. Un apartado se compone de los títulos de La Mariposa y La Iguana. A la derecha, un gran rayo de sol entra por la ventana y se cuela en la conversación: «Tengo relación con la escritura desde que tengo uso de razón. Siempre tuve insomnio y, de chiquita, muchas noches me quedaba despierta. Hay que generar algo creativo con el insomnio, entonces yo me ponía a escribir unos poemitas con dibujos y los pegaba en la puerta de mis papás».

Apenas unos años más tarde, con el impulso de su madre —y de su propia vocación— comenzó a tomar clases en talleres sin descuidar su pasión por la lectura: «Leía muchísima poesía. De hecho, creo que uno de los primeros libros que decidí comprarme yo fue Disparatario, de Elsa Bornemann. Era una poesía que decía que todo estaba disparado, que el mundo estaba al revés. Como María Elena Walsh, ¿no? Pero ella en relación a cómo nos mentían los diarios… ¡Mirá qué loco! Fue hace 35 años y ya nos mentían».

Autores que digan la verdad, que se animan a romper las estructuras; autores que innovan desde algún lugar, en la temática o en las formas. Esos, para Dafne, fueron y aún son referentes en su historia: «Para mí, eso hace valiose a le escritore. Susana Thenon escribe “OVA completa” a principios de los 80 y es un libro altamente irónico y de denuncia. Antes no se hacía eso. Alfonsina Storni se pone a hablar de algo nuevo: muestra el lugar del hombre y de la mujer pero lo hace manteniendo el ritmo conservador de lo que se esperaba leer de una poeta de la década del 20».

Y así como ellas, La Mariposa y La Iguana logra revolucionar porque nace en una sociedad color lila. Si bien en 2009 la lucha por los derechos de las mujeres databa de años ya, es a partir de la década inmediata que las calles argentinas se tornan violeta intenso.

«No se editaba sobre feminismo, sobre diversidad sexual. Desde ese lugar, hemos innovado en su momento. Hoy por hoy no hay editorial que no trabaje con temáticas de género; y por suerte, porque hay un lugar de visibilidad que antes era impensable. Desde nuestro lugar de editoras innovamos, pero creo que también se dio por la demanda de las mujeres y disidencias en Argentina. Y ayudó muchísimo al crecimiento de la editorial misma».

Innovación y revolución para la total inclusión. Y si de ello hablamos es imposible eludir lo concerniente a la comunicación, al idioma, al lenguaje. Tanto al hablar como al escribir, construimos la realidad que vivimos con palabras y es por tal motivo tan importante su uso de manera que todes nos sintamos representades.

En las editoriales, muy de a poco, comienza a evidenciarse este cambio: «Nos llegó un texto en lenguaje inclusivo que vamos a editar este año. Estoy muy contenta porque casi no se consiguen textos con lenguaje inclusivo. Yo estoy totalmente a favor del lenguaje inclusivo y creo que, a futuro, se va a naturalizar y se va a generar una modificación en el idioma. Estoy segura de eso, pero tampoco soy radical en que tiene que ser ya. La historia tiene miles de años de sistema heteropatriarcal machista, no es de un día para otro que una persona pasa a entender lo que sufre una mujer en lo cotidiano desde que es chiquita y le tocan el culo en un colectivo, le gritan cosas en la calle, sufre abusos sistemáticos».

«En el lenguaje creo que pasa exactamente lo mismo: no es inamovible en el tiempo, no hablamos como se hablaba hace 500 años y las futuras generaciones no van a hablar como hablamos nosotros. Por otro lado, algunos feminismos quieren que las nombren con la a.  Y entiendo esa postura. Hoy por hoy, ciertas mujeres necesitan ser nombradas con la a. Yo cuando presento algún libro, digo “todas, todos y todes”. Porque creo que la e incluye y la a nombra a la mujer que quiere ser nombrada».

Antes de que se acabe el agua del mate, Dafne va a buscar más. Camino a la cocina se topa con Prosas del desbarranco de Leticia Hernando. Leti es su compañera de vida, escritora y cofundadora de la editorial. Ella es la Iguana (por su tatuaje) y Dafne, la Mariposa (por su apodo): un poco en chiste, un poco en serio, el nombre que tanto las representa se acomodó de inmediato en las contratapas texturadas de los textos que editan.

Ambas son apasionadas por la poesía y la escritura en general, pero Dafne se enoja consigo misma al posponerse como tal: «Leticia se da ese tiempo y labura igual que yo. Pero se levanta  las 7 de la mañana y se pone a escribir, yo no hago eso. Mi laburo de editora me posterga mucho como poeta. Descuido mi parte creativa». Sin embargo, nada tiene que ver con alguna falta de inspiración. Para ella, la inspiración está en la vida, en las cosas que nos acontecen en lo cotidiano.

«Siempre hay algo catártico en la obra que se vuelca, en el arte. Algo que leíste o escuchaste y te conmovió desde algún lugar. El día, el sol, la lluvia, la naturaleza. Para mí, la naturaleza es un espacio que convoca a hablar de, o para crear en. A veces me encuentro con poemas que trabajan la ciudad que fueron escritos en el medio de la naturaleza y a la inversa».

Aun así, de no tenerla, ella aconseja ponerse a escribir: «Aunque no haya inspiración, algo sale. Capaz incluso mejor que cuando crees que estás súper inspirada y después lo lees y decís: “ah, no era tanto”. Igual yo creo mucho en el trabajo del texto, todo se puede llegar a pulir y hacer algo bueno».

Como tode entusiasta de la pluma, no descuida los textos empezados que esperan ser concluidos. Su último libro, La avidez del silencio, salió en 2012, pero muy pronto se viene un nuevo libro.

A termo recargado y un sol que no deja de husmear, me cuenta que el trabajo de une editore recorre un camino con varias postas: «La editorial selecciona el material, lo diagrama, lo diseña, después lo manda a la imprenta. Implica, desde buscar un título,  pensar la tapa del libro, hablar con le escritere… Hay que tener muy buen ojo para poder leer dos páginas y ver si un título cuadra con el perfil editorial. También nosotras buscamos títulos que nos interesa editar y después hacemos la distribución en las diferentes librerías».

Lograr posicionar una editorial independiente en las librerías se puede volver un trabajo difícil. Cada año la cantidad de casas editoras de este tipo aumentan y se ubican en ferias (algunas reservan su lugar solo para ellas), siempre desde una relación de hermandad: las editoriales independientes generan lazos de unión que contribuyen a su crecimiento mutuo.

En parte, de la mano de ellas, La Mariposa lleva más de diez años invitándonos a leer por fuera de lo habitual. Dafne y Leticia nos abren las puertas —sino las tapas— a una literatura de y para todes.


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