#Entrevista «Si el feminismo no llega a todos lados, se van a seguir repitiendo las historias»

Este año, por motivos de fuerza mayor, el aniversario del #NiUnaMenos lo tuvimos que pasar en casa, en esa casa que puede ser terreno hostil para muchas niñas, mujeres y disidencias. Esa casa que no es refugio, sino pesadilla. Micaela Celeste Badaraco, estudiante, actriz y profesora de teatro, hoy tiene 25 años y fue una de esas niñas que vivió su casa como un infierno. Su manera de manifestarse este año fue contar su historia, que es la misma historia de muches otres.


Escritura Feminista: ¿Qué te motivó a dar esta entrevista y dar a conocer tu relato?

Micaela Badaracco: Me motiva el hablar, exteriorizar. Que se sepa que acá hay una persona que sufrió abuso sexual infantil durante varios años de su vida y quizás poder llegar a aquellas personas que podrían estar pasando por lo que yo pasé.

«Dejar de tenerle miedo a mi historia, dejar de creer que eso no es parte de mi vida. Decirlo significa que no lo evito, que no lo niego. Creo que es una de las peores cosas que podemos hacer, negar que algo nos sucedió porque cuando te preguntás por qué lo negás, caés rápidamente en que es porque es tu culpa y no lo es».

Micaela habla segura, deja silencios entre cada oración para pensar bien lo que va a decir antes de decirlo. Hace memoria, abraza a esa niña que fue, la observa a lo lejos, entiende el contexto y sigue con el relato.  

E. F.: ¿En qué cosas o personas te sostenés? ¿Cuáles fueron esos espacios donde pudiste ser vos?

M. B.: Esto era intrafamiliar así que mi casa era un infierno. Entonces, me imaginaba que era otra casa, que había puertas que me llevaban a lugares secretos. Leía cuentos, dibujaba y de ahí salió un poco que me gustaba todo lo referido al arte. Al momento de socializar era muy difícil. Hay problemas con la sociabilización, con los secretos. Hoy de grande, el arte es uno de los lugares en donde puedo ser yo. 

M. B.: El arte es lo que transforma, es donde puedo hacer catarsis de lo que pasé y transformarlo en cosas positivas y, además, no todo es lo que pasé. Una va viviendo cosas lindas, momentos inolvidables, anécdotas con amigues o con la familia que son para siempre. Lo bueno termina ganándole a eso que me pasó, que no me determina. Nadie ni nada me puede arrebatar eso, el cómo me defino y el cómo vivo. 

E.F.: La etiqueta de «víctima» es un rol más para asumir en las mujeres. ¿superar esa instancia y no verse a una misma como una víctima es lo que permite ser lo que una elija ser y no lo que nos dijeron que somos?

M. B.: Sí y también reivindicar la palabra víctima, porque la que nosotras conocemos es la que se revictimiza, la que hace un problema de algo que es insignificante, la que no se calló, para qué habló de eso, qué necesidad. La que va a estar manchada siempre. Porque uno de los pensamientos que yo tenía de chica era «Yo voy a ser a la que le pasó esto siempre», como si todo recayera en mí, como si eso fuera lo importante, ¿no? Qué piensa el otro y no que había algo que me estaba pasando, que estaba mal y que alguien que tenía que ser juzgado por eso.

E.F.: Es un proceso de toda la vida, esta construcción de la imagen de una misma.

M. B.: Hoy, entre nosotras, nos miramos de otra forma y eso es fortalecedor. ¿Qué dedo me puede juzgar si hay una otra al lado mío que me entiende? Porque si yo puedo decir quién fue la primera persona que supo lo que a mí me estaba sucediendo, fue una mujer. Las personas que me hicieron sentir fuerte y que no había nada malo, que me creyeron y me entendieron, fueron mujeres. 

E. F.: ¿Qué herramientas crees que te brindó y brinda el feminismo?

M. B.: Entender de dónde venía lo que me había pasado, qué hay detrás de todo esto. Una de las preguntas que una se hace es «¿Por que a mí?» y era una pregunta que nunca va a tener una respuesta, pero si ahondamos en la pregunta podemos simplemente preguntarnos «¿por qué?». Ese por qué es histórico y el feminismo me habló de eso. De años y años de una enseñanza, de una cultura que privilegiaba a unos y perjudica a otras. Dejó de ser un «por qué a mí», porque entendí que no era a mí sola a la que le pasaba.

Hoy en día, me da como herramientas el saber que no estoy sola, el entender las desigualdades sociales, las desigualdades de género, no sólo en las mujeres sino en las disidencias también. 

Si no hay un futuro feminista, va a seguir siendo todo igual. Si el feminismo no llega a todos lados, se van a seguir repitiendo las historias. El feminismo es una forma de definir lo que nos pasa que antes no teníamos. No podíamos identificar lo que nos sucedía porque no sabíamos cómo llamarlo. Hoy, lo llamamos «Ni una menos».

E. F.: ¿Qué le dirías a todas esas pibas que estén leyendo esta nota y encuentren en tu relato algún punto en común?

M. B.: Les diría que no están solas. Y si está sucediendo esto, no es su culpa; es injusto pero no es su culpa. Que de la única forma en que pueden salir de ahí es pidiendo ayuda, la única manera en que pueden lograr que esa situación pare es pidiendo ayuda, que no crean amenazas. Que no es gigante esa persona, no es enorme, es insignificante, pero se alimenta de nuestro miedo y de nuestro silencio. Una vez que lo hablen van a ver cómo todo calma. No voy a mentir: después viene un camino largo de enfrentarse a lo que una vivió, pero no te determina, no te define. Hay una vida hermosa con momentos lindos para vivir y también con momentos de mierda pero la tenemos que vivir sin miedo, sin culpas, sin vergüenza. Es nuestro derecho. Así que, si estás ahí leyendo: no estás sola, pedí ayuda. 

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En el libro Teoría King Kong de Virginie Despentes la autora cita a Camille Paglia como quien propone pensar la violación como un riesgo inevitable, inherente a nuestra condición femenina: «Más que sentir vergüenza por estar vivas, podíamos decidir levantarnos y recuperarnos lo mejor posible». Parece sencillo decirlo, pero es más complejo que eso.

Por supuesto que la solución es que los hombres dejen de violar, abusar y someter, pero quienes damos la batalla por modificar ese sentido común que les permite a los señores cometer estos delitos en completa impunidad somos las propias víctimas. Es por eso que levantarnos, secar nuestras lágrimas, abrazarnos y salir a contar nuestras historias (cada une a sus tiempos), nuestra versión de los hechos, es una manera de reclamar, exigir justicia y escribir una historia nueva. 

Gracias, Micaela Badaracco.


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