#Reseña The Morning Show

Noticiero matutino, #MeToo, denuncia por abuso sexual y peleas por el poder. De la mano de Jennifer Aniston y Reese Whiterspoon, Apple TV tiene en su catalogo de streaming un interesante y llamativo drama laboral.

El punto de partida de la serie es la difusión de una denuncia por abuso sexual contra el conductor del principal noticiero matutino de Estados Unidos: The Morning Show. Mitch Kessler, interpretado por un oscuro Steve Carell (Virgen a los 40, The Office), recibe una acusación anónima por una agresión sexual ocurrida años atrás.

En medio del clima de euforia y revolución promovido por las expresiones del #MeToo, la denuncia toma por sorpresa no solo al equipo de trabajo sino también a la cadena productora y, sobre todo, a Alex Levy, la coconductora y fiel compañera en The Morning Show, encarnada por ni más ni menos que Jennifer Aniston (Friends, Marley y yo).

Con el movimiento feminista estadounidense comiéndoles los talones, las autoridades desvinculan rápidamente a Mitch del programa y salen en búsqueda de un nuevo compañero para Alex. Mediante un video de Twitter viralizado, las autoridades del canal dan con Bradley Jackson [Reese Whiterspoon (Legally Blonde, Big Little Lies)], una periodista de bajo rango que aun con dudas y desconfianza se convierte en la nueva cara del noticiero.

El lado B de la TV

A través de los 10 capítulos que componen la primera temporada, la serie mantiene un ritmo dinámico que abarca lugares más allá de la detonante denuncia en contra del periodista principal. Sin dejar la corrección política y los límites de la crítica típicos de una producción estadounidense, la trama parece cavar con innovadora profundidad en los intereses y el accionar de los distintos estamentos jerárquicos de la industria televisiva, en donde todos quieren sacar ventaja o cubrirse las espaldas.

Por arriba del dolor y la repulsión en relación al pésame de la víctima, para muchos integrantes del equipo la denuncia se vuelve oportunidad. De manera frívola y casi cruel, el caso de abuso sexual queda sobrepasado —puertas adentro, claro— por una guerra de intereses, en donde se juegan la reivindicación, la redención y la toma de poder.

El espectador siente la misma encrucijada que los protagonistas: la serie ofrece las distintas versiones de un mismo detonante que, si bien por momentos pueden parecer tibias y poco decididas, con el avanzar de la trama el público es guiado a entender los hechos desde una perspectiva mas clara.

Por fuera de la comedia

Lo que da la nota es la calidad desplegada por el equipo de actores y actrices. Aniston hace valer su premio del Sindicato de Actores con una Alex que, a pesar de ser una mujer «tipo diva» de Nueva York, se empieza a ver conflictuada por su accionar en tanto víctima, presionada por una jerarquía empresarial que la quiere fuera por su edad y su perdida de carisma —pese al cariño del público— y como victimaria, por perpetrar la cadena de silencio que caracteriza los casos de violencia sexual de la industria.

De la misma manera, Carell y Whiterspoon les aportan presencia escénica y distinción a personajes con tendencia a lo estereotipado. El recorrido de Bradley da cuenta de un crecimiento y madurez en relación a lo periodístico y hacia ella como mujer influyente. Carell, por su parte, logra separar a su personaje de la idea de «villano» y lo dota de una cierta complejidad en torno a lo que le está pasando.

Los protagonistas están acompañados por personajes secundarios interesantes encargados de aportar color y paralelismo a la historia. Entre ellos, es destacable el trabajo de Billy Crudup, quien encarna a Cory Ellison, el segundo al mando de la cadena, cuya lucha por el trono se da con estrategias tan misteriosas como imprevistas y hasta por momentos cómicas.

Cualquier similitud con la realidad es pura inspiración

El impacto del #MeToo es uno de los cables a tierra de la serie. El movimiento, que tomó notoriedad mediática en 2017 pero venía de años anteriores, recoge las revelaciones de distintas mujeres del medio por acoso y abuso sexual perpetrados por el célebre productor hollywoodense Harvey Weinstein. En conjunto con campañas como Time’s Up y Woman March en Estados Unidos, el movimiento puso sobre la mesa agresiones y delitos que sucedían puertas adentro de la industria.

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Dentro del universo ficcional, el #MeToo es mostrado como noticia, como variable a considerar y hasta es fuertemente criticado por algunos de los personajes (como Carell) en escenas que, para quien les escribe, conforman las más fuertes de la serie.

Asimismo, aunque no está explicitado, la situación de Mitch Kessler guarda una gran similitud con el caso de Matt Lauer, un presentador del Today show de la NBC que fue desvinculado del programa y de la cadena en 2017, después de que una empleada presentara una queja sobre «comportamiento sexual inapropiado en el lugar de trabajo» en 2014.

Con el sello de Aniston y Whiterspoon en la producción ejecutiva de la serie, The Morning Show se arma con una propuesta llamativa, ligada totalmente a la explosión del Me Too, y enfatiza en problemáticas de genero a través de una trama ágil y fresca que, si bien no alcanza para llamar a reflexionar y concientizar, funciona lo suficiente para atraparte.


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