La masculinidad frágil y el uso del tapabocas

Por debajo de la nariz, sobre la pera, colgado de una oreja o en el cuello prácticamente de adorno suelen llevar el tapabocas quienes se resisten a acatar las normas básicas de salubridad que se piden a la población en medio de una pandemia. A que no adivinan a quiénes les cuesta más seguir estas recomendaciones…

«Un estudio (preliminar) dice que es difícil lograr que los varones usen tapabocas porque les da vergüenza y es muestra de debilidad», tuiteó El Gato y La Caja junto a la investigación mencionada, donde se entrevistó a diversas personas sobre el uso de tapabocas y cuyos resultados confirman que la estupidez humana no tiene límites, ni siquiera en medio de una pandemia.

«Es posible que los hombres, más que las mujeres, expresen haber tenido sentimientos negativos al  usar un protector para la cara», indica el informe y diferencia aquellos lugares en donde el uso del tapabocas es obligatorio de donde no. Los resultados muestran que en los lugares donde no es obligatorio, ellos deciden no utilizarlo más que ellas

¿Puede la masculinidad ser tan frágil que el uso de un tapabocas la amenaza? ¿Cuáles son los parámetros que la rigen? ¿Es más importante demostrar potencia y virilidad que cuidar la salud? ¿Se puede ser tan inconsciente? Para entender a qué se deben estas conductas, debemos remontarnos a la histórica división sexual del trabajo.

Tanto las tareas domésticas como las vinculadas al cuidado personal y familiar fueron delegadas en manos femeninas. A nivel nacional, el 76,4 % del tiempo total dedicado al trabajo doméstico no remunerado lo realizan las mujeres (INDEC, 2013). Posiblemente sea una de las variables por las cuales ellas tienen mayor expectativa de vida que los varones.  

Ir al médico, cuidar de la salud, comer sano, seguir las recomendaciones de les profesionales… ¿atenta contra el mandato de masculinidad?

A mí nadie me dice qué hacer 

«El coronavirus es una simple “gripecita”, todos moriremos algún día, hay que enfrentarse al virus como un hombre», afimó Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, un país con más de 1.6 millones de infecciones y más de 65.000 muertos por COVID-19. Hoy, es el segundo país más afectado por la pandemia en el mundo, detrás de Estados Unidos.

Lo peligroso del discurso del «macho superpoderoso» que todo lo puede amparado en su virilidad y fortaleza es que trasciende la ficcionalidad y se vuelve sentido común, logrando que muchos varones se sientan inmunes frente a un virus que se expande todos los días y no distingue géneros.

Personas que visitaron al presidente brasileño durante el aislamiento social revelaron que él se negó a usar máscaras e insistió en que era una «cosa de maricones», según la columnista Monica Bergamo del periódico Folha de S. Paulo. Este pensamiento, aunque no en términos tan literales, opera inconscientemente en muchas personas que se rehúsan a seguir las recomendaciones de les profesionales de la salud.

Luciano Fabbri, politólogo e integrante del Instituto Masculinidades y Cambio Social de Rosario afirma que los varones «no recurren (a la consulta médica) de manera preventiva sino cuando ya están afectados por un proceso de enfermedad, fundamentalmente cuando afecta sus roles tradicionales de proveedor y procreador».

Repensar la masculinidad hegemónica no solo nos lleva a desactivar viejos hábitos sociales incorporados y a distribuir equitativamente las tareas de cuidado: es posible que hasta ayude a salvar vidas.


Fuentes:


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