El planeta en llamas

La humanidad ha superado un nuevo récord: temperaturas de 38° C en el Círculo Polar Ártico. Esto se registró el 20 de junio en la ciudad rusa de Verkhoyansk, en Siberia, que sufre una prolongada ola de calor y el aumento de la actividad de incendios forestales. La Organización Mundial Meteorológica (OMM), que investigó esta elevación inusual, asegura que el Ártico se está calentando al doble de velocidad que el promedio mundial. Lo ocurrido se da luego de un mes de mayo con temperaturas 10 grados por encima del promedio.

Este último informe de una temperatura ártica más cercana a la de los trópicos llega luego de que la base de investigación argentina Esperanza, apostada en el extremo norte de la península antártica, estableciera un nuevo récord de 18,4°C el 6 de febrero. Esto resulta alarmante si tenemos en cuenta que los valores normales en la Antártica van de los -60°C en invierno a los -20°C en verano.

Un estudio publicado por la revista Nature explica que: «El océano en el Pacífico tropical occidental comenzó a calentarse rápidamente al mismo tiempo que el polo sur». Sus autores aseguran: «Descubrimos que casi el 20% de las variaciones de temperatura de un año a otro en el polo sur estaban relacionadas con las temperaturas oceánicas en el Pacífico tropical y varios de los años más cálidos en el polo sur en las últimas dos décadas ocurrieron cuando el océano Pacífico occidental también era inusualmente cálido».

Sistemas de baja presión más fuertes y un clima tormentoso en la Península Antártica han fomentado el calentamiento de esta zona, ya que facilitan el transporte de aire cálido y húmedo hacia allí. 

Si bien es cierto que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) cayeron drásticamente durante el aislamiento obligado por el SARS-COV-19 y que varias ciudades se liberaron del smog, ahora que gran parte del mundo está saliendo del aislamiento, expertes aseguran que hoy los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera son los más altos en la historia de la humanidad. De hecho, la última vez que las cantidades de CO2 atmosférico fueron tan altas fue hace más de 3 millones de años, cuando la temperatura era entre 2-3° C más alta que durante la era preindustrial y el nivel del mar unos 15–25 metros más alto que hoy, afirma un informe publicado por Rebeca Lindsey.

Las consecuencias de estos cambios drásticos en las temperaturas mundiales se ven todos los días en las noticias. A principios de este mes, el récord de temperaturas cálidas en Siberia provocaba incendios forestales «zombies» en las turberas (humedales compuestos de plantas antiguas y descompuestas) del Ártico. Son llamados zombies por algunes expertes ya que permanecieron activos en 2019 bajo la nieve en invierno y, a medida que aumentaban las temperaturas, se reavivaron este año.

Además, se cree que el derrame monumental de petróleo que ocurrió el 10 de junio en el Ártico en Norilsk, en el centro-norte de Rusia, se dio por el derretimiento del permafrost por las altas temperaturas, que causó el derrumbe de un reservorio.

Luego, el 27 de junio, vimos enjambres masivos de langostas llegar a Nueva Delhi, India. Los insectos devoran todo a su paso, por lo que los reservorios de comida y los cultivos se vieron amenazados. En África, se estima que por el paso de esta plaga ahora hay hasta 26 millones de personas en riesgo de escasez aguda de alimentos y hambre. La comunidad científica sugiere que el aumento de los enjambres es una consecuencia directa del calentamiento de las temperaturas en el Océano Índico. Esto creó un patrón de lluvias torrenciales y ciclones que produjeron zonas de reproducción más fértiles para las langostas. 

Además, centrándonos en Latinoamérica, expertes aseguran que el Amazonas en Brasil peligra. Han expresado su temor por una propagación de incendios aún mayor que en 2019, no solo por el aumento global de las temperaturas, sino también por la deforestación indiscriminada.

Esta última es fomentada por el gobierno de Jair Bolsonaro, quien ha puesto obstáculos a las agencias ambientales que penalizan esta actividad. Nuevas reglas impuestas por el gobierno dificultan la acción de las organizaciones ambientales y la efectiva detención de esta práctica nociva. Por ejemplo, ahora tienen que anunciar las redadas en operaciones de tala ilegal con un día de anticipación, lo que da tiempo a los grupos deforestadores criminales para limpiar y evitar ser multados y hace que los equipos de ejecución estén expuestos a represalias violentas.

La biodiversidad peligra debido al aumento de la deforestación y los incendios forestales.

En Argentina, no estamos lejos del peligro tampoco, con la reciente denuncia de Greenpeace sobre talas ilegales en el norte y las quemas intencionales en las islas del Río Paraná. Sebastián López Brach, fotógrafo documental, fue una de las voces que se alzaron fuertemente contra estas quemas. Su Instagram es un espacio de denuncia contra estas actividades ilegales que dañan el ecosistema del país. En comunicación con Escritura Feminista afirmó: «Es hora de que empecemos a valorar y a identificarnos con nuestro entorno, con nuestra fauna y con nuestra flora autóctona»

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Explicó que durante varias semanas, la ciudad estuvo sumergida en una lluvia de lágrimas negras. Él catalogó lo sucedido en las islas del Río Paraná como un ecocidio y en sus redes reiteró la necesidad de la sanción de una Ley de humedales«Los humedales forman un ecosistema muy enriquecedor para el planeta por las innumerables funciones ecológicas que cumplen y por su riqueza en cuanto a la biodiversidad. Este humedal, más precisamente, es uno de los más importantes de nuestro país y está en emergencia desde hace varios años», afirmó.

También confirmó que el diputado Germán Martínez presentó un proyecto de ley para que se declare a los humedales del delta como reserva nacional, lo que ayudaría a protegerlos. Pero asegura que la actitud irresponsable de los productores siempre estuvo presente y considera difícil generar un cambio si no culpamos a quienes hasta hoy han destruido nuestra tierra. «La provincia de Santa Fe prohibió la quema desde 2000 pero Entre Ríos no. Necesitamos de acciones políticas más fuertes y ligadas a los derechos ambientales de las y los argentinos», explicó. 

«Es hora de despertar, es hora de reclamar nuestros derechos y nuestros recursos ambientales como argentinos, porque es fácil lamentarse por los incendios en la amazonia o en otras regiones, pero cuando hay que mirar para adentro el trabajo es más complejo. Comprender que no estamos defendiendo a la naturaleza, somos la naturaleza defendiéndose a sí misma».

Sebastián López Brach, fotógrafo documental.

La destrucción de estos ecosistemas hace que sea más difícil para el planeta contrarrestar los efectos de los gases de efecto invernadero, no solo por la pérdida de biodiversidad y flora, vitales para nuestra subsistencia, sino también porque los incendios forestales son responsables de la emisión de 3 millones de toneladas de GEI.

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Con cada quema se liberan dióxido de carbono, metano y monóxido de carbono a la atmósfera. Los GEI pueden permanecer años en la atmósfera, causando el aumento de las temperaturas globales. Sus niveles no disminuirán hasta que las actividades humanas y los ecosistemas sean capaces de eliminar más GEI del que producen. La única opción que tenemos para disminuir su volumen es reducir las emisiones netas a cero, de manera prolongada.


Fuentes:

  • The Washington Post x, x


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