En el lado soleado del jazz

Mas allá del estilo al que se pueda hacer referencia, desde Buddy Bolden, reconocido como el primer jazzista, hasta Mario Bauzá, quien introdujo la fusión con ritmos latinos, en este género musical es interesante preguntarnos por la composición de los grupos a lo largo de los años. Particularmente, cuál era el lugar que podían alcanzar las mujeres al inicio de esta escena musical y cuánto reconocimiento lograban.

Hay un gran archivo en la web —escrito, sonoro y audiovisual— al que se puede acceder con una simple búsqueda en Google o YouTube: allí se encuentran todes sus referentes. Entre elles, las mujeres que lograron un reconocimiento internacional como instrumentistas corresponden a décadas mucho más recientes. Quizá esto responda a una tendencia por asignarles el rol de vocalista. Por ello, no sería casual que la primera en introducir este rol a un grupo sea Ma Rainey.

¿Cuál es la presencia de mujeres en la escena de jazz argentina? Es una pregunta que no abarcará en su totalidad este artículo. Sí es posible conocer una parte de la actualidad a través de la mirada y experiencia artística de las dos entrevistadas.

Yamile Burich and Jazz Ladies es un quinteto que tiene al frente a Yamile Burich en el saxo; la acompañan Patricia Grinfeld en guitarra, Diana Arias en contrabajo, Analía Ferronato en batería y Carolina Cohen en congas.

«En el año 2014 las convoqué. Veníamos tocando en otros grupos, ya nos conocíamos y había muy buena onda».

Yamile Burich. 

Yamile nació en Rosario y unos pocos años después su familia se mudó a Tartagal, Salta. Ahí empezó a estudiar e ingresó la música a su vida:

«Arranqué a tocar piano cuando tenía alrededor de cinco años, tocando música clásica. A los 12, arranqué a tocar saxo y a través de ese instrumento conocí el jazz. Me pasaron un casete de Charlie Parker tocando música de Cole Porter y ahí empece a escucharlo. Es también por Paquito D’Rivera que desde muy chica me gusta el latin jazz. Incluso estudié en La Habana, Cuba, un par de años».

Con el saxo empezó a tocar en bandas de rock y en gira con la Cerveza Salta tuvo la oportunidad de recorrer toda la provincia. Al terminar el secundario se mudó a Buenos Aires para seguir formándose en música. Más adelante, con grupos de jazz que integraba, recorrió varias provincias argentinas para asistir a festivales.

«En las provincias hay gran interés por parte del público por conocer e interés de los músicos por producir, no está todo tan centrado en Buenos Aires. Eso ocurre en todos los géneros», cuenta Yamile. «Hay mucha movida, una riqueza musical importante».

«Siempre hubo mujeres instrumentistas en el jazz, el tema es la (no) visibilización que tuvieron a lo largo de la historia. Creo que las redes sociales actualmente ayudan a que cada una pueda darse a conocer y eso mismo ayuda a que más mujeres se animen a tocar, subirse a un escenario, dirigir su grupo, componer sus temas. Y de esa forma ampliar el rol de la mujer en el jazz y que no solo se pueda destacar como cantante, que ocupe otros lugares en la escena.

La ley de cupo y los movimientos feministas son el resultado de que en los últimos años se haya producido un cambio en cuanto a las posibilidades de las mujeres que se dedican a la música en todos los géneros. Creo también que es fundamental que sigamos trabajando entre mujeres, que nos demos confianza. Ahora, ¿sigue siendo difícil? Sí, obviamente. Yo vengo tocando hace muchos años y la verdad que la tengo que pelear todo el tiempo. Para crecer musicalmente, para desarrollarnos necesitamos ese apoyo. Además de oportunidades, necesitamos el apoyo de nuestros pares. Quizá por ese motivo es que armé el quinteto de chicas, porque sentí esa igualdad entre nosotras».

Paralelamente, Yamile integra un cuarteto que hace standard, con el que tenía planeado grabar en marzo, pero la pandemia puso la agenda en suspenso. Con Jazz Ladies, el plan poscuarentena incluye seguir presentando el álbum que lanzaron en 2019, Alegría, nominado como Mejor Álbum de Jazz en los Premios Gardel 2020.

Foto: Emiliano Rojas Salinas.

Otra movida que encuentra la presencia del jazz a nivel federal es la de OUIA! Este grupo fue creado por María Emilia Sapegno, cantante a la que acompañan Johnny B. Good en guitarra, Caro Crawley en bajo y Jorge Rodriguez en batería.

«Decimos que OUIA! es la onomatopeya pampeana de “Oh, yeah!”», advierte Emilia y no deja dudas de que fue una gran decisión haber iniciado una banda. «Dentro de mi timidez, una de las cosas que logré vencer, pude hacer mi propio grupo. Siempre había estado en formaciones a las que me habían convocado por cantar. De esa forma viví un montón de experiencias maravillosas, visité lugares bárbaros, aprendí muchísimo, pero por esta cuestión de costumbres, paradigmas y aceptación de lugares me sentía incapacitada para formar una banda».

En 2003, mientras Emilia volvía a vivir a Santa Rosa, se formó el Club de Jazz, en el que había una sola mujer. Por una serie de circunstancias, fue la primera cantante del Grupo Santa Rosa Jazz, que además no tenía ningune integrante en el rol vocal, siempre había sido un grupo instrumental.

«Insertarme ahí no fue fácil. Ahora a la distancia lo veo así, estábamos todos temerosos de si iba a funcionar. Con el tiempo comenzamos a ir a festivales de jazz y en todos lados lo que menos había eran mujeres, que siempre eran como la nota de color. Hoy hay un montón».

La ultima edición del Festival Nacional de Jazz de La Pampa se hizo después de más de 20 años. Emilia recuerda que el grupo no contaba con el dinero necesario para financiar el evento.

«El encuentro era todo un rito, venían de todos los palos del jazz y se venía a escuchar a los músicos que no se conocen masivamente. Después se hacían unas cenas geniales, durante tres, cuatro días y todos quedaban “muertos” pero felices».

De los ensayos de OUIA! destaca el conocimiento técnico de Johnny y Caro, dos freakies de la teoría musical que se esmeran en cada nota. Emilia es traductora de inglés y trabaja como secretaria, aunque en su formación artística dedicó horas de estudio al teatro, expresión corporal y danza.

«Otra cosa esencial para mi formación y disfrute es haberme juntado a hacer música con distintas personas. Y el ida y vuelta que se produce en la comunicación con otra mujer al compartir experiencias musicales es un aprendizaje muy enriquecedor.

Como artista siempre pienso y digo que estoy en el camino. Mi aspiración no es llegar a ningún lado, sino hacer lo que hago lo mejor posible. Y disfrutarlo, en paralelo».

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George & Ira Gershwin

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Foto: Telon Pampeano.

«Creo que el público, además de algún entendido, va porque lo siente. El jazz como género es resistencia porque pueden variar las formaciones, los músicos podrán dejar de tocar durante algún tiempo, pero el fanatismo con el que hablan quienes hacen jazz es puro amor.

En algún momento tuve una disyuntiva bastante importante acerca de si, por ahí, podría ser un poco elitista pero es lo que me gusta, sinceramente. El público no va a ir en hordas a vernos, pero me encanta».


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Un comentario

  1. que linda nota! Estx amante del jazz agradece traer estas hermosuras a los jardines de las revoluciones feministas. No conocía a Yamile, ya la pongo a sonar en este refugito de música revitalizadora. Abrazoles. ceci

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