Presión social vs. opresión sobre nuestros cuerpos

Hace unos días, la actriz, modelo y cantante Oriana Sabatini publicó en su cuenta de Instagram un video en ropa interior donde mostraba sus «imperfecciones» y lo acompañó de un texto donde cuenta que padece trastornos alimenticios hace varios años. Las redes estallaron y su nombre fue tendencia casi todo el día.

El video circuló por todas las redes y abrió el debate: ¿puede alguien considerada «hegemónica» hablar de amor propio? ¿Qué es el amor propio? ¿Es solo sentirse «linda»? Si Oriana, que es un modelo de belleza hegemónica, no está contenta con su apariencia, ¿qué nos queda a les que no encajamos en esos estándares? ¿Qué lugar ocupa la imagen corporal en nuestra sociedad? ¿Por qué hay personas que ponen en riesgo su salud por alcanzar ideales de delgadez o belleza? 

Son muchas las preguntas y el debate es extenso. Es un tema que alcanza muchas realidades y en el cual hay muchas historias atravesadas pero, cuando la identificación es tanta, cruza la línea de lo personal y se vuelve político. No es Oriana, somos todes. Es un sistema.

«Amo tu cuerpo, se lo vivo diciendo a tu mamá cada vez que me la cruzo», comentó la actriz Emilia Attias en la publicación de Oriana. Varios comentarios hacían hincapié en lo que se ve físicamente y es que desde que nacemos la atención se posa en la imagen, en especial cuando se trata de cuerpos feminizados, ya que la historia de lo femenino siempre se asoció a la belleza, a lo que inspira, a las musas. Pareciera que, si no somos lindas, no somos.

Mujer bonita es la que lucha, uf. ¿Siempre hay que ser bonita?

Series, películas, libros, revistas, publicidades, programas televisivos, expresiones culturales en general donde el discurso sobre la importancia de la imagen se construye y reproduce. «No hay, ni en la publicación ni en los comentarios, ninguna referencia a las causas de los trastornos en la alimentación, en la distorsión de nuestra imagen, nadie habla de la responsabilidad de los medios, de la industria de la moda, de la cosmética, de la música, de las revistas de todo tipo», compartió la cuenta Mujeres que no fueron tapa.

¿Cuáles son las causas de los trastornos alimenticios? ¿Por qué nos obsesiona nuestra apariencia al punto de afectar nuestra salud? ¿Cómo construimos nuestra identidad? ¿Qué peso tienen los comentarios ajenos sobre nuestros cuerpos? ¿La respuesta es el amor propio? ¿La solución es individual o colectiva?

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«La despolitización de estos mensajes, vaciarlos de contenido, nos hace daño», afirma la publicación de Mujeres que no fueron tapa. Hasta que no exista una representación real de la diversidad de los cuerpos en los medios de comunicación, en la industria de la moda, en la política, en la oferta cultural, seguiremos reproduciendo un discurso que admite un solo tipo de cuerpo inalcanzable, un discurso obsesionado con la búsqueda de un cuerpo «perfecto».

El privilegio de la delgadez

«Paralelamente, mientras los medios masivos de comunicación aplauden estos gestos de valentía, reconociéndolos como una celebración de los “cuerpos naturales”, muchas personas gordas, especialmente mujeres, reaccionan con vehemencia ante lo que observan como una forma cada vez más común de apropiación del trabajo político de la positividad corporal y el activismo gordo para enmascarar algo extremadamente difícil de nombrar en nuestra sociedad: el privilegio de la delgadez». 

-Nicolás Cuello, para Cosecha Roja.

Por otro lado, Agustina Cabaleiro (@onlinemami_) no duda de lo espontáneo o real de la publicación de Oriana pero no deja de hacer una diferencia importante: «Lo que sufren las flacas es presión social y no es opresión del tipo de no tener acceso a la salud ni al trabajo», expresó en sus historias de Instagram.

El privilegio de la delgadez hace que este tipo de mensajes sea más difundido o tenido en cuenta si lo publica una persona considerada «hegemónica» que si lo hace una persona gorda. «Pero si eso no incluye la redistribución de la palabra, de recursos, de espacios de visibilidad y el compromiso ético por un trabajo colectivo […] sigue siendo un ritual confesional que, moral y políticamente, beneficia siempre a la gente delgada», afirmó Cuello.

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Contextualizar los mandatos puede ayudarnos a entendernos como un engranaje más en una sociedad que deposita el valor de las personas (en especial de las feminidades) en la imagen corporal, el peso, la estética y no en sus acciones u otras cuestiones que hacen a la identidad. 

El amor propio no es solo una cuestión individual, no depende únicamente de «amarte como sos» sino de que haya maneras de existir aceptadas en todos los ámbitos de la vida, de que exista igualdad de oportunidades, de que haya talles, tamaños, trabajos, deportes, placer, romances, arte para todos los tipos de cuerpos que habitan el planeta. Escuchar a quienes militan por la representación de esa diversidad y seguir aprendiendo.

«Y sí, obvio que los estereotipos afectan a todos los cuerpos, pero hay que admitir que hay cuerpos más cerca de la norma y que, por ende, gozan de privilegios que para nosotras son inalcanzables en este marco normativo», finalizó su video Nik Castillo, Secretaria General de la Federación Universitaria de Buenos Aires.


Fuentes:

Algunes activistas para seguir e informarse:


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