Granjas industriales de cerdos: ¿solución o problema?

Artículo escrito en colaboración por Tatiana Fernández Santos,
Yamila Figueroa y Florencia Bareiro Gardenal


En un contexto de pandemia cuya causa está directamente relacionada con la degradación ambiental y el hacinamiento de animales para su consumo, la cancillería argentina anunció una «asociación estratégica» con China para «producir 9 toneladas de carne porcina de alta calidad», es decir, 14 veces más que lo que Argentina produjo en 2019.

A raíz de esto, un grupo de científiques, profesionales y organizaciones ambientalistas buscan frenar el acuerdo mediante el documento «No queremos transformarnos en una factoría de cerdos para China, ni en una fábrica de nuevas pandemias».

¿Por qué China necesita que otros países le garanticen la crianza de cerdos para su consumo y está dispuesta a pagar más por esto si antes solo necesitaba importar el alimento que consumían estos animales? Entre 2018 y 2019, la Peste Porcina Africana (PPA), que provoca la muerte del animal entre 24 y 48 horas y no tiene cura, se extendió por todas las regiones del país asiático y obligó a que en 2018 sacrificaran 700 millones de cerdos y en 2019 cerca de 250 millones. China quiere mantener su alto consumo de carne porcina pero hacerlo en su propio país implica un riesgo muy alto.

Si bien en un contexto de crisis económica la posibilidad de producir, exportar y generar divisas extranjeras se presenta como una posible salvación, es necesario detenerse a pensar si mantener el modelo de producción en base a la industrialización de animales criados en hacinamiento y al monocultivo, o incluso potenciarlo al pasar de la producción de 7 millones de cerdos a 100 millones —sumado a la producción de soja y maíz para su alimentación—, es realmente la solución o es parte del problema.

En Escritura Feminista, debatimos acerca del contexto actual de pandemia, de lo que el acuerdo persigue, de su origen y sus consecuencias y entendemos que este tratado no es una solución a la crisis económica sino que es parte del sistema de producción que acumula riquezas en pocas manos, reproduce pobreza y genera un impacto ambiental irreversible. Por esto, compartimos 5 razones para decirle NO a la instalación de granjas de cerdos en Argentina

1. NO, por el impacto veterinario, ambiental y humano

En las granjas industriales, la alimentación de los cerdos se basa en su mayor parte en soja, maíz y alimento balanceado. La gran cantidad de animales que se pretende producir en nuestro país acentuará —aun más— la deforestación masiva y la pérdida de biodiversidad para la plantación extensiva de soja y otros granos. Este alimento producido con nuestras tierras arrasadas, con agrotóxicos y OGM (organismos genéticamente modificados), será alimento de animales hacinados y enfermos que luego consumirá la población China y, lo que sobre y sea de descarte, la población Argentina.

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El hacinamiento en las granjas industriales es tal que los animales se encuentran uno al lado del otro durante toda la vida, desde que nacen y son destetados de su madre, hasta que mueren para dirigirse al plato del consumidor. La masividad de animales en poco espacio aumenta los riesgos de producir enfermedades infecciosas que se extiendan a la totalidad de un galpón, es decir, si hay un animal enfermo lo más probable es que la infección se extienda, lo cual aumenta la posibilidad de pérdida del «producto».

Para evitar esto, se aplican dosis bajas de antibióticos a todos los animales (sin importar si están enfermos o no) a modo de prevención. Estas dosis favorecen la selección de bacterias multirresistentes que luego se encontraran en el ambiente y en los alimentos, podrán pasar al ser humano y dificultar los tratamientos humanos.

2. NO, por el sufrimiento animal y humano

Un argumento a favor de instalar una granja industrial de cerdos es la generación de nuevos puestos de trabajo. La pregunta es ¿qué tipo de puesto de trabajo quiere generar nuestro país? La respuesta no es para nada sencilla. ¿Cuál es la actividad de alguien que trabaja en un matadero? ¿Asesinar, descuartizar, separar las piezas del animal que se transforma en un pedazo de carne? ¿A quiénes están dirigidos estos puestos de trabajo? ¿Personas con fuerza física y falta de sensibilidad para que puedan soportar ver la muerte a la cara? ¿Masculinidades, hombres, varones, padres de familias? ¿Qué tipo de consecuencias tiene en la vida de un hombre llevar a cabo estas tareas?

Para intentar responder solo algunas de estas preguntas, Escritura Feminista entrevistó a un extrabajador de un frigorífico de cerdos ubicado en González Catán, partido de La Matanza (GBA).

Aviso de contenido en el testimonio: electrocución, menciones de alcoholismo, descripciones explícitas de matanza, fluidos corporales, cáncer.

«Estos animales estaban faenados de una manera… Yo no sé si decir que dentro de la ley “tenés que tener una forma de hacerlo”. Ellos tenían una forma de hacerlo ilegal porque los electrocutaban y eso no es legal. Les daban 220 directo con una pinza en la cabeza, con el peligro que era también para la persona que manipulaba la pinza. Yo cuando veía eso quería huir, me preguntaban si me animaba a hacer eso y les dije que no, no podía verlo, o sea, es una escena horrible… Y cómo queda el animal, ¿no?».

Extrabajador de matadero de cerdos.

En base a este testimonio, lo que se expone es que el sufrimiento no es solo animal, es también humano: nadie elige trabajar en un matadero y ser testigo de este asesinato en masa. Todo lo que se realiza, lo que se huele, lo que se escucha y lo que se vive ahí queda marcado en esa persona para toda la vida.

«Después, lo que sufren estos animales porque están en la manga y saben lo que va a pasar, porque escuchan lo que les está pasando a los que van adelante. Ese sonido que ellos deben identificar, esos gritos alertan a los de atrás. Y los de atrás no quieren caminar por la manga (la manga es por donde ellos van camino al matadero). A medida que ellos se van acercando a las pinzas, saben que se van a morir».

Extrabajador de matadero de cerdos.

Respecto de la persona que realizaba esas tareas, el testimonio concluye:

«Yo pienso que se ocultaba mucho detrás del alcoholismo. Nuestros encargados eran personas que eran totalmente alcohólicas… El alcohol cumplía una función de dormir la conciencia de esas personas. Porque una vez faltó el muchacho de la sierra y me dijeron “andá a la sierra” y cortar esos animales en dos a mí me marcó. Creo que corté a dos y no pude hacerlo más, me temblaba la mano. Aparte te salpicas todo, es algo verdaderamente horrible. Después, con esa misma sierra conocí lo que era el cáncer porque el animal tenía cáncer y vi de qué se trataba, cómo estaba podrido por dentro ese animal».

Extrabajador de matadero de cerdos

3. NO, por la contaminación ambiental

Es necesario profundizar a qué nos referimos cuando hablamos de que el sector ganadero tiene un impacto ambiental de gran magnitud. Según Melanie Joy, autora del libro «Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas», es muy probable que la agricultura animal sea la principal causa de contaminación del agua en el mundo. Pero no termina ahí: la tierra y el aire también se ven afectados.

«El metano que emite el ganado y el estiércol que genera equivale al efecto de calentamiento global que producen 33 millones de automóviles. Los gases de efecto invernadero que produce el ganado constituyen el treinta y siete por ciento de todo el metano, el sesenta y cinco por ciento del óxido nitroso y el sesenta y cuatro por ciento de amoníaco en la atmósfera».

(Joy, 2013)

4. NO, porque necesitamos otro sistema que garantice una alimentación saludable para todas las personas

Ante esta situación, urge repensar nuestros modelos de consumo alimenticios, evaluar el origen y el trayecto que deben recorrer los alimentos hasta llegar a nuestros hogares. La alimentación es un derecho humano y para defender este derecho es necesario poner un freno al sistema mercantilista que se entromete en nuestros platos. Si los alimentos se dejan en las manos de la agroindustria, la respuesta va a seguir siendo la misma: hambre, explotación de la agricultura campesina, alimentos de baja calidad, explotación de trabajadores, contaminación del medioambiente, enfermedad y futuras pandemias.

«Se necesitan unos novecientos kilogramos de grano para producir carne y otros productos procedentes de ganado y animales de cría para alimentar a una persona durante un año. Sin embargo, si esa persona consumiera el grano directamente, en lugar de a través de productos animales, solo necesitaría ciento ochenta kilogramos».

(Joy, 2013)

El consumo responsable, la agroecología y la soberanía alimentaria deben ser una respuesta revolucionaria de la sociedad frente a los abusos del sistema en lo que a alimentación se refiere. Este modelo se basa en un principio completamente diferente, que prioriza el diálogo entre productores y consumidores, la producción de alimentos según temporada, la distribución equitativa y el respeto del medioambiente y les habitantes de los pueblos.

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5. NO, porque no queremos gestar la próxima pandemia

Luego de conocerse el posible acuerdo con China, se publicó un documento desde el blog Pacto Ecosocial y Económico en Argentina que advierte: «No queremos transformarnos en una fábrica de nuevas pandemias». El documento desarrolla cómo los criaderos industriales de animales, parte de un modelo agroindustrial cruel, además de generar focos de contaminación son incubadoras de nuevos virus altamente contagiosos y, por ende, son fábricas de nuevas pandemias.

Al documento adhirieron personas que se dedican a investigar cuestiones socioambientales desde hace años, como Maristella Svampa, que en su cuenta de Twitter denunció que con estos sistemas de mal desarrollo agroindustriales «nosotros buscamos al virus, el virus no nos busca a nosotros», citando e interpelando directamente al presidente de la Nación Argentina.

Si bien la Peste Porcina Africana (PPA) no se contagia a les humanes, el hacinamiento de los animales que son constantemente tratados con antibióticos puede generar nuevas resistencias a bacterias y esa resistencia sí pueden transmitirse a las personas, como explicamos en el Punto 1. Es necesario entender que estamos en una pandemia que comenzó mediante la transmisión de un virus de un animal a una persona.

Y, con todo esto, ¿qué hacemos?

Esta es la primera nota de un ciclo que desarrollará cada una de las razonas por las cuales hay que decirle NO a la instalación de granjas industriales de cerdos en Argentina, ya sea para exportar a China o a cualquier país del mundo.

Este es el momento para decirle NO a este acuerdo y hacer correr la voz. La organización ambientalista Jóvenes por El Clima comparte este documento para adherir con tu firma a que no se lleven adelante las granjas industriales de cerdos que van a enriquecer a los mismos empresarios cerealeros y de la agroindustria de siempre, van a incentivar más monocultivo en el país y van a dejarnos un impacto ambiental irreversible como también un foco de riesgo para la creación de nuevos virus.


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3 comentarios

  1. Compañerxs de Escritura Feminisa, excelente artículo!!! Ya lo difundo por medios independientes y ácratas amigxs. Gracias por el compromiso activista! abrazoles. ceci

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