Twerk Army: el ejército que se planta bailando

Daniela Pérez de Udaeta y Victoria Hortel son las directoras de esta tropa de bailarines que comenzó en la ciudad de La Plata en 2015, con la simple intención de probar nuevos movimientos en la danza. Al día de hoy, tienen un ejército que pisa fuerte en escenarios, festivales, competencias y shows, haciendo de la danza una herramienta de lucha.

Día a día, este ejército de culos (como se autoproclaman) busca romper con los estereotipos impuestos por esta sociedad patriarcal que rodea a todes y ofrece un espacio seguro en el que cada une puede ser libre sin ser juzgade.

Escritura Feminista: ¿Qué las motivó a crear Twerk Army?

Daniela Pérez: Al principio no éramos tan conscientes del movimiento en sí, lo hicimos porque queríamos hacer algo nuevo. Nos llamó la atención, nos gustó el twerk y lo quisimos probar sin darnos cuenta de la magnitud de lo que sucedería después. Ni siquiera tenía nombre, le decíamos booty dance al principio. Fuimos autodidactas porque no existía en ningún lugar, solamente había otro grupo que eran las «Altas Wachas», que lo hacían en Capital Federal, a las que conocimos después.

Victoria Hortel: Empezamos siendo un grupo de mix dance en el que probamos cosas y de repente nos encontramos siendo 20 chicas haciendo twerk, así que nos pusimos un nombre y empezamos a probar. En el momento nos imaginamos como un ejército por esto de que éramos «las locas contra todo»: se creía que éramos «las putas que movían el culo contra todo lo demás», entonces, nos agarramos del ejército para hacerle frente a lo que viniera. No sé si en ese momento éramos conscientes de a qué nos enfrentábamos, pero dijimos: «Nos plantamos, no sabemos bien pero nos vamos a plantar igual y acá estamos».

E. F.: En paralelo al surgimiento de Twerk Army se dio la irrupción del feminismo, ¿se sintieron interpeladas?

V. H.: A mí personalmente me pasó que el twerk fue el ejercicio práctico del feminismo más fácil que tuve. También tuvimos muchas alumnas feministas entonces ellas nos guiaban también. Fue una construcción que salió del grupo y por ahí había un montón de cosas que no estábamos pensando pero ya las estábamos haciendo.

«No es casualidad, para mí, que haya irrumpido el feminismo y nosotras hayamos empezados con Twerk Army al mismo tiempo y que, por algo, terminaron convergiendo».

D. P.: Se fueron juntando también porque venían medio en paralelo, el feminismo nos venía atravesando a nosotras a la misma vez que empezábamos a formar Twerk Army.

Capaz que, unos años antes, ni te imaginabas hacer una cosa así porque estaba mal visto, significaba llevar una marca de «mirá a la puta esa, no sabe hacer nada, baila mal, entonces mueve el culo nada más».

E. F.: ¿A qué se le tuvieron que plantar? ¿A qué le hicieron frente?

V. H.: Nosotras teníamos que promocionar las clases y queríamos hacerlo porque estábamos muy entusiasmadas pero subir un video en Instagram era enfrentarse a ser. «¿Cómo vas a decir que sos profesional si estás moviendo el culo y lo estás subiendo a las redes?». Eso fue a lo primero que nos tuvimos que plantar porque, de pronto, se nos cuestionaba nuestra condición de bailarinas y artistas. Fue toda una decisión porque dijimos: «Bueno, van a decir esto de nosotras, no es nuestro problema la opinión del resto».

D. P.: Trabajando con artistas nos pasó que algunos entendían que era nuestro laburo, nos dejaban decidir a nosotras como coreógrafas, podíamos decidir qué hacer, qué ponernos y cómo bailar. Mientras que otros lo tomaban desde el lugar típico de la mina moviendo el culo frente a cámara y en el que nos pedían que nos subiéramos más el short.

«Una vez nos invitaron de un programa de televisión y estábamos todes haciendo un juego que era mover un vaso con la cola. Cuando terminó el programa, Twitter explotaba de comentarios como «Qué asco el culo de esa mina, estoy comiendo», «Mi hija está viendo este programa, es una vergüenza, no lo veo más». ¡Y todes habíamos jugado! ¿Por qué a nosotras nos estaban lapidando?».

En un momento nos empezaron a surgir trabajos diferentes que tuvieron que ver con el rumbo que tomamos después. Dejaron de aparecer los comerciales pero empezaron a aparecer otras cosas que nos interesan más en este momento. El año pasado estuvimos en el Provincia Emergente: pudimos hacer un show de twerk, enseñarle a bailar a la gente y fuimos presentadas así. Era Twerk Army bailando para la gente, mostrando ese show. Fue algo nuestro, propio.

V. H.: ¿Qué es lo que tuvimos que soportar todo este tiempo? Hacerle entender a la gente que nosotras elegimos hacer esto por motu proprio y es nuestro trabajo. Que por mover el culo no dejamos de ser serias. La danza mucho tiempo solo fue folclore, danza clásica y contemporánea y resulta que la danza creció un montón fuera de esos tres ejes técnicos y somos muches les que vivimos de la danza.

Nosotras somos bailarinas haciendo twerk que, por lo general, no es lo normal porque la mayoría no son del palo técnico sino que vienen de otras ramas. Nosotras nos encontramos con el estilo y usamos las herramientas del clásico y del contemporáneo para entender el twerk. Y eso fue algo que molesto un montón.

Así como vemos que todo está viejo y hay que cambiarlo, todo lo que es danza clásica todavía sigue siendo arcaico: el método de enseñanza, la bajada de línea de las clases, los comentarios sobre los cuerpos, sobre la vestimenta, sobre lo poco o muy femenina que hay que ser, etc.

E. F.: ¿Se sintieron apoyadas por el entorno de la danza?

D. P.: Fue mal recibido por la gente y por el entorno de la danza en La Plata que hiciéramos twerk porque todos pensaban que se mataban estudiando danza para que nosotras, moviendo el culo, nos lleváramos todo. Nosotras también estudiamos danza.

V. H.: A mí me han llegado a decir: «Yo no necesito mostrar el culo para que me vaya bien en la danza». En algún momento, nosotras entendimos que la gente no entiende y no podemos andar educando por todos lados.

E. F.: ¿Cuál es el mensaje que pretenden transmitir puertas adentro y hacia el afuera?

V. H: Twerk Army es un ejercicio práctico del feminismo porque nos invitó a pensar qué estábamos haciendo, por qué y cómo lo íbamos a hacer. El mensaje que vamos a dar siempre es que la gente venga a sentirse cómoda, a disfrutar, a entender su cuerpo.

D. P.: Una de las cosas que promovemos es la libertad. Cuando empiezan a ser parte de Twerk Army, les alumnes empiezan a ser libres a la hora de salir a bailar, de vestirse… Les cambia mucho la cabeza.

V. H.: Es increíble ver como una persona entra a la primer clase toda indefensa y, de repente, se encuentra en un lugar en el que simplemente puede ser, donde nadie le va a decir nada y de pronto se convierten en algo increíble.

«La gente que va ahí encontró en las clases de twerk un espacio en el que pueden desarrollar su personalidad sin ser juzgada y se encuentran con personas en la misma».

D.P.: En Twerk Army no se da lugar a la gilada. Cada une está en la suya, hay buena onda continua y, si no la hay, bajamos nosotras una línea para que la haya. No se permite ningún tipo de rivalidad. Se liberan un montón porque encuentran un espacio donde no tienen que ajustarse a cierta apariencia. Todo lo que es Twerk Army (las clases, las fiestas que armamos, les alumnes) tiene una personalidad que une no puede mostrar en otros ámbitos, que no es socialmente aceptada.

V.H.: ¿Qué mensaje queremos dar? Que se puede ser re piola y no joder a nadie. Podemos encontrarnos en la danza sin tener que ser, sin tener que tener el cuerpo ese que hay que tener para bailar, sin tener que ponerte determinada ropa. Vení que va a estar todo piola, va a ser un lugar seguro.

Nosotras somos un ejército de twerk, enseñamos la técnica, buscamos formar a la gente desde ese lugar pero, además, trabajar esto hace que la gente se empiece a replantear un par de cuestiones de su vida que nosotras nos tuvimos que replantear también.

La danza es una herramienta de lucha y el twerk viene perfecto para romper todo lo que hay romper. Te presenta en la cara todo lo que está mal y hay que reventar. Y encima hay un montón de gente que nos avala para pelear contra esto. Vamos a seguir en esta.


Imagen de portada: Luisina Baigorria


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