#Entrevista: Repensar los escraches

Escritura Feminista entrevistó a Luciana Wisky, del grupo de Filosofía Aplicada y Políticas Queer, quien coordinó el encuentro virtual «Estrategias Juveniles para repensar los escraches» propuesto la semana pasada por la ONG Amnistía Internacional. ¿Por qué es necesario repensar los escraches desde abordajes más reparadores? ¿Se trata de una herramienta punitivista o sanadora? ¿Pueden pensarse estrategias alternativas cuando hay adolescentes involucrades?

En los últimos años, el escrache en redes sociales para denunciar situaciones de abuso y casos de violencia de género se hizo cada vez más frecuente. La estrategia se utilizó tanto en casos de violación y abuso sexual como también en situaciones entre adolescentes que pedían ESI a gritos: es necesario que existan espacios para hablar de consentimiento en las instituciones educativas como también pensar instancias más reparadoras que las acusaciones públicas en las cuales la persona que atravesó una situación violenta queda expuesta.

Muchas mujeres se sintieron interpeladas por los relatos de quienes compartieron sus historias y se animaron a relatar sus propias vivencias, el escrache fue utilizado como una herramienta de acción ante las violencias sufridas. Asimismo, esta estrategia se hace presente cuando no se cuenta con otras herramientas para denunciar y reparar lo vivido, es decir, ante la inexistencia de lugares para repensar las relaciones entre los géneros en las instituciones, la culpabilización de las víctimas en los espacios de denuncia, la lentitud de los tiempos del poder judicial.

La doctora en Ciencias Sociales Eleonor Faur entrevistó a estudiantes de colegios de la Ciudad de Buenos Aires donde se llevaron adelante una serie de escraches y luego se desarrollaron distintas estrategias por parte de les estudiantes para repensar las relaciones y la sexualidad. En «Del escrache a la pedagogía del deseo», Faur encontró que les estudiantes entrevistades hablaron de la necesidad de dejar de lado la metodología del escrache, sin abandonar el objetivo que lo impulsó: visibilizar y transformar las relaciones desiguales entre los géneros.

A partir del trabajo que realiza Amnistía Internacional en relación a jóvenes y Derechos Humanos en colegios de la Ciudad de Buenos Aires y con la investigación de Faur como punto de partida, la ONG propuso un encuentro virtual destinado a jóvenes para reflexionar sobre las estrategias juveniles para pensar los escraches y lo llevó adelante junto al Grupo de Filosofía Aplicada y Políticas Queer

Escritura Feminista habló con Luciana Wisky, estudiante avanzada de Filosofía, miembro de @polqueer y quien coordinó el encuentro en el que se trabajó no quedarse en la cancelación o el escrache cuando el objetivo es generar espacios de seguridad, generar relaciones donde se respete el consenso y la voluntad de las personas involucradas o generar espacios de relaciones sanas

«El taller se concentró en trabajar sobre respuestas. Nos dimos cuenta de que cierto tipo de conflicto atravesaba a les jóvenes que participaron y que había cuestiones que ya se venían pensando».

ESCRITURA FEMINISTA: ¿SE TRABAJÓ SI PUEDE ESTAR DISOCIADO EL OBJETIVO PRINCIPAL POR EL CUAL SE LLEVA ADELANTE UN ESCRACHE DEL RESULTADO QUE PUEDE TENER?

Luciana Wisky: Para el encuentro nos basamos en el texto de Eleonor Faur y a partir de esos relatos se analizó cuáles eran los objetivos que se perseguían, qué fue lo que se logró y cuál fue el impacto negativo que llevó a repensar el modo en el que se estaban abordando los problemas.

¿Qué se quería hacer? Visibilizar un caso. Se llevó adelante un escrache. Por un lado, muchas personas se sintieron identificadas con lo que se estaba denunciando; entonces, se logró en algún punto desnaturalizar ciertas prácticas, discursos y modos de relacionarse o por lo menos sacar a la luz cosas que no se venían hablando. A raíz del escrache, muchas chicas se empiezan a comunicar con otras porque se reconocían en esas prácticas y también muchos varones se reconocían como agentes de esas prácticas.

Pero, por otro lado, no es necesario exponerse uno, siendo menor de edad, con todas las implicancias que eso tiene. Para exponer situaciones violentas no es necesario exponerse con nombre y apellido. No es que no sirva llevar al espacio público algo de lo privado ni que la otra opción sea callarse y no decir nada, sino empezar a desmenuzar cómo se puede hacer algo sin poner en peligro tu intimidad y exponerte.

E. F.: ¿DESDE QUÉ PERSPECTIVA SE ABORDA EL ESCRACHE en EL GRUPO DE FILOSOFÍA APLICADA Y POLÍTICAS QUEER?

L. W.: Nuestro marco teórico es la Teoría Queer y se comparte una visión antipunitivista. En lo que se centra es que muchas veces las estrategias que se asumen desde el punitivismo son perjudiciales para las personas a las que se busca proteger; hay una conexión entre las vulnerabilidades que vive una persona en una sociedad atravesada por discursos heteronormativos, cisnormativos, racistas, clasistas con instituciones como la cárcel, la policía. Entonces, muchas veces, que una solución para un problema de racismo o de discriminación venga por el lado de las instituciones que justamente producen y se sostienen en estos discursos es contraproducente por no decir contradictorio.

Una inquietud que surgió es que mucha gente utiliza el antipunitivismo para callar los escraches. Desde nuestra perspectiva, no decimos que la violencia de género no sea un problema real; el tema es cuál es el impacto negativo que puede llegar a tener un escrache . Cuán efectivo es y cuáles son los riesgos que une asume.

A la vez, una víctima no es una víctima toda su vida. Muchas personas realizan los escraches porque quieren sanación y tras llevarlo adelante quedan atadas a una situación que quieren dejar atrás. Por otro lado, la responsabilidad cae en quien denuncia, ¿por qué no pensar estrategias para que esa persona no quede expuesta?

Quizás te interese leer: «Castigar a la víctima», por Aldana Ceijas 

E. F.: ¿QUÉ SUCEDE CUANDO, ADEMÁS, LES IMPLICADES SON JÓVENES Y ADOLESCENTES Y NO HAY RESPUESTA DESDE LAS INSTITUCIONES?

L. W.: Que haya menores de edad implica un montón de otros factores. Es fundamental pensar en la problemática estructural, dónde se inserta ese problema, cómo fueron construidas las subjetividades, porque de ese modo también extendemos las responsabilidad y podemos pensar otros modos de intervención para cada caso. En la investigación de Faur, se ve que los directivos y las instituciones educativas tenían como única respuesta expulsar a un alumno o cambiarlo de aula pero no se responsabilizaban. No había un proceso de repensar cómo se sostenían las prácticas desde las instituciones ni se incentivaba a pensar relaciones de otra manera.

No hablamos de reemplazar el escrache por el silencio, sino de que se tienen que visibilizar y llevar adelante soluciones, pero no necesariamente tiene que ser la víctima quien lo haga, que ya tiene que lidiar con un montón de cosas, sino pensar cómo se pueden abordar los problemas de violencia de género desde la comunidad que integra la institución.

Tienen que buscarse instancias para que se pueda trabajar con la víctima, para que pueda sanar y pueda continuar con su vida más allá del acontecimiento. Trabajar con la persona que cometió un daño para que se responsabilice, para que entienda cuáles fueron sus acciones. Pero, a la vez, si estamos pensando que el problema de la violencia de género o por motivos de orientación sexual está sostenido por ciertos discursos y prácticas y, en este caso, una institución que educa como el colegio, esta tiene que hacerse responsable del lugar que ocupa. Los conflictos surgen cuando hay relaciones desiguales de poder, ¿cuáles son los discursos y prácticas que sustentan esas relaciones de poder desde la institución?

Quizás te interese leer: «0800 – varones violentos», por Micaela Minelli

E. F.: ¿QUÉ PASA CON ESTOS CONFLICTOS CUANDO NO HAY EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL?

L. W.: En el taller se habló mucho sobre la falta de ESI y sobre quiénes son les encargades de la ESI. ¿Son equipos integrados por personas preparadas o simplemente lo dan como un tema más de la currícula? Hay algo que no se está pensando: hay que repensar los protocolos, si hay ESI y quien la está llevando adelante.

E. F.: ¿SE HABLÓ TAMBIÉN ACERCA DE ESCRACHES QUE TIENEN QUE VER CON EL ÁMBITO PRIVADO O SIEMPRE EN RELACIÓN A UNA INSTITUCIÓN?

L. W.: Se trabajó a los escraches principalmente en relación a espacios comunes, de estudio, de trabajo como es el aula porque es fundamental pensar qué lugares habitan los estudiantes para pensar quiénes son los adultos responsables. En las instituciones, muchas veces se da porque no hay espacios de contención, no hay espacios de reflexión.

E.F.: PARA CERRAR, ¿QUÉ CUESTIONES SERÍA NECESARIO REFLEXIONAR ANTES DE LLEVAR ADELANTE UN ESCRACHE? O SI UNA PERSONA ATRAVIESA UN CONFLICTO Y PIENSA AL ESCRACHE COMO UNA HERRAMIENTA POSIBLE, ¿QUÉ DEBE TENER EN CUENTA?

L.W.: No es lo mismo denunciar una situación que denunciar desde un nombre y apellido a otra persona con nombre y apellido. Lo que señalamos son los peligros que conlleva para una persona llevar adelante ese proceso, que puede dejarte atado a una situación que quizá luego se quiera dejar atrás. Además de que muchas veces estos testimonios son puestos en duda o une puede ser denunciade por calumnias e injurias.

La primera instancia es pensar qué es lo que estoy buscando: si estoy buscando visibilizar algo que me pasó para que no le pase a otras personas, eso se puede lograr sin exponerse, si lo que busco es lograr comunidad, que otras personas se reconozcan en esas prácticas y no las sigan reproduciendo, sin exponerte a vos misme.

Lo importante es pensar cuáles son los objetivos que persigo: justicia, comunidad, generar conciencia, reparación. Pensar qué es lo que se busca y pensar si hay herramientas más efectivas: cuáles son los compromisos y estrategias y cuáles son las consecuencias que puede tener cada iniciativa. Es importante poder pensar medidas que sean efectivas y seguras. Que puedan lograr lo mismo: comunidad, un sentimiento de justicia, un sentimiento de reparación, sin que te expongas. 

Quizás te interese leer: «Gracias Thelma», por Jua Lo Duca.


¿Te gustó la nota?

Invitame un café en cafecito.app

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s