Eulalia Ares: primera gobernadora en Argentina

Si de revoluciones se trata, el siglo XIX argentino tuvo incontables encuentros armados. Los relatos sobre estos hechos (escritos, casualmente, por hombres) contaron y describieron durante mucho tiempo la actitud heroica, valiente y patriótica de cientos de hombres dispuestos a defender el territorio.

No hace tanto tiempo, el enfoque cambió y se abrió el telón que descubrió a muchas mujeres activas en la defensa nacional argentina. La estereotipada idea construida a lo largo de los años en donde las mujeres tiraban aceite, criaban a sus hijos y asistían a fiestas se vio desdibujada por la contraposición de las tenientes, las generales y las combatientes.

Eulalia Ares fue una de las tantas mujeres que decidió tomar las armas para combatir el orden constitucional establecido. Con Bartolomé Mitre como presidente de facto (1862), algunas provincias modificaban también sus gobernaciones. En Catamarca, Ramón Rosa Correa había vencido en elecciones al gobernador provisional Moisés Omill.

Sin embargo, Omill no cedió el cargo argumentando que Correa no había conseguido la mayoría absoluta de los dos tercios de la asamblea electoral. Con ánimos de defender su legítimo lugar, Correa se enfrentó al usurpador Omill, junto al general Vildoza y otros militares. No tuvieron suerte y fueron derrotados, lo cual forzó su exilio en Santiago del Estero.

Eulalia Ares, catamarqueña nacida en 1809, había asistido al Colegio de las Carmelitas y, cuando falleció su padre, se hizo cargo de los negocios. Años después se casó con el general Vildoza y su activismo político hizo que su vida no se resumiera a ocuparse de su familia puertas adentro de su casa.

Después de la derrota que sufrieron su marido y Correa, y con Omill autoproclamado gobernador constitucional, Eulalia Ares reunió a las esposas de varios exiliados políticos, compró armas en Santiago del Estero y armó la «Revolución de las mujeres». Camufladas con ropa de hombre sorprendieron a la custodia del Cabildo. En el medio de la balacera, Omill se fugó saltando los paredones y huyó a caballo (con ayuda de unos frailes), vestido de monje, hacia Tucumán.

Eulalia fue la primera mujer gobernadora de una provincia argentina, ya que tuvo que ocupar el cargo mientras Vildoza y el resto de los exiliados regresaban de Santiago del Estero.

Aunque fueron solo 10 horas las que estuvo al mando de Catamarca, la gobernadora llegó a establecer algunas medidas como ordenar rezos en agradecimiento al triunfo de la revolución y que se repartieran limosnas entre las personas pobres. Además, convocó al Cabildo y dictó un plebiscito en el que designaba como gobernador provisorio a Pedro Cano hasta que Ramón Correa pudiera regresar.

Después de la Revolución, Eulalia siguió vinculada a la política y marcó huellas de lucha activa y compromiso social de las mujeres para con la patria.


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