Memorias familiares en el Archivo Trans

El Archivo de la Memoria Trans Argentina cuenta con mas de 9000 fotos digitalizadas y otro tanto por digitalizar. El viernes 14 de agosto realizó su primer conversatorio online, en el que a través de la plataforma Zoom se presentó una selección de esas imágenes contextualizadas por el relato de las integrantes. Como iniciativa para recaudar fondos, la actividad se repetirá de forma mensual.

El recorrido va desde registros arqueológicos que dan indicios de las identidades trans desde la época prehistórica hasta los años 60 y 70, documentando la vida de personas en los contextos culturales y sociales de distintos puntos geográficos a nivel global.

Maria Belén Correa es una de las fundadoras del Archivo: «A nosotras constantemente nos sigue llegando material. Porque la característica que teníamos es que éramos conservadoras sin saberlo. Eramos coleccionistas sin saber qué significaba eso. Juntábamos fotos familiares y hoy nos convertimos en artistas, archivistas y hacemos todo el trabajo necesario para que ese material sobreviva».

El acervo cuenta con cartas, documentos, fotografías, postales, tarjetas, todo lo que pueda documentar un tiempo y un pasado. Además, hay objetos que no se pueden escanear como, por ejemplo, la ropa, que son derivados a la Biblioteca y Museo Claudia Pía Baudracco, porque allí tienen un espacio físico. Quienes integran el Archivo aún trabajan «con las computadoras bajo el brazo» y van moviéndose hacia los espacios que les prestan.

Una de las historias narradas es la de Casa Susana, un espacio que funcionó en Nueva York en 1960: 

«Allí participaban crossdressers, no estamos hablando de personas trans sino de personas con una vida social-cultural cis que se juntaban en un club para expresar lo que ni siquiera era su sexualidad, porque en aquel tiempo planteaban que lo hacían por el fetichismo de la femineidad. Incluso, si se conocía que alguna de ellas lo hacía de forma sexual, esa persona era rechazada. Era una cuestión muy del patriarcado o de ese margen que había en aquella época. Hay que destacar la situación y el por qué lo hacían en ese ámbito».

En las dos horas del conversatorio, la historia argentina también se nutre del testimonio de integrantes del movimiento travesti-trans del país —que en su origen se llamó Asociación de Travestis de Argentina—. Narrando su experiencia de vida, contextualizan sus fotos familiares.

«Entre nosotras formábamos nuestras propias familias. Las compañeras eran la única familia que yo conocía, parecía que no existía nada más, porque el resto era inseguridad.

En 2011, llegó la derogación de los artículos que nos criminalizaban y ahí conocimos la libertad. Después, llegó la ley de identidad de género. En los cincuenta y siete años que tengo nunca pensé que iba a llegar a vivir lo que vivo. Poder sentarte en un restaurante, poder salir a bailar».

Carolina Figueredo.

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En febrero de este año se entregó el DNI número 9000 con datos rectificados de acuerdo a la ley Nº 26.743, sancionada el 9 de mayo de 2012 por unanimidad en el Congreso y promulgada el 23 de mayo del mismo año. La ley «permite que las personas trans sean tratadas de acuerdo a su identidad autopercibida e inscritas en sus documentos personales con el nombre y el género vivenciado», puntualizó para Filo News Isha Escribano, la compositora y médica que lo recibió.

De acuerdo a un informe elaborado por el RENAPER, de las 9000 personas que accedieron a su nuevo DNI, el 24% tiene entre 30 y 39 años, el 14% tiene entre 40 y 49 años, el 4% entre 50 y 59 años y solo el 1% tiene más de 60 años. Dentro de las nuevas generaciones en acceder, suman un 43% las personas que tienen entre 20 y 29 años mientras el 14% restante son niñes y adolescentes de hasta 19 años.

En esos porcentajes que incluyen a las personas mayores de 40 años, María Belén Correa enfatiza un número: «1710 personas que pelearon y pusieron el cuerpo para defender logros como la ley de identidad de género». Allí hace referencia a la vulneración de derechos del colectivo LGBTTQ+ que sufrió esa generación durante las dictaduras cívico-eclesiástico-militares y a causa de la vigencia de códigos contravencionales que penalizaban la homosexualidad y hasta «vestirse con prendas del sexo opuesto», que fueron eliminados en años posteriores a 1990.

Ante esa necesidad de políticas públicas que garanticen el desarrollo de todas las personas de forma igualitaria y en el marco del disfrute de sus derechos, desde la organización acotan la importancia del apoyo «moral» que reciben desde diferentes sectores de la sociedad. Y destacan: «Tenemos mucho apoyo de este gobierno, en el anterior no nos querían ni ver».

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Imagen expuesta en el Conversatorio

«En 1992, durante la primera Marcha del Orgullo Gay-Lésbico (porque así se llamaba), repartían máscaras porque las personas no se querían hacer visibles porque podían perder a su familia, su estatus. Nosotras, cuando comenzamos a manifestarnos en 1993, no teníamos miedo a perder nada de eso porque ya no lo teníamos. Además el movimiento gay-lésbico pedía por casamiento, adopción, a diferencia de nosotras que pedíamos libertad. Ángela Vanni, abogada que acompañó a las chicas hasta el año 1998, peleó contra edictos policiales que penalizaban a las personas trans. A la comunidad travesti-trans la democracia nos llegó en 2012 cuando nos reconocieron como personas. En 2010, las personas gay-lésbicas ya se podían casar, pero en algunas provincias existían esos edictos, el último existió hasta 2011 en Formosa».

María Belén Correa.

Sobre de las identidades no binarias, destacan que aún no hay registro en el archivo de Argentina porque se trata de una denominación reciente en el país. En documentos de años anteriores es difícil encontrar esa identidad, pero resaltan que quizá se usaba de forma similar la denominación marica. En ese sentido es que esas identidades se podrán ver en el contexto de archivo recién dentro de 15 o 20 años, cuando se documente lo que está pasando en la actualidad.

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Para las nuevas generaciones travestis, trans y no binaries que nacieron en democracia resaltan la importancia de documentar su vida actual, porque servirá para seguir contando la historia. «Es también ayudar a nuestro trabajo. Hoy buscamos lo que escribía la policía sobre nosotras y buscamos en la hemeroteca las publicaciones y la forma en la que nos trataba la prensa. A ese mismo archivo lo comparamos con las historias de las sobrevivientes. Muchas de ellas hoy están exiliadas, esa fue su salvación».

También ocurre con hombres trans que la documentación es mas reciente, de los años 90 en adelante. Por un lado, explican que en la televisión argentina se empezó a hablar del tema en ese momento y, además, porque los hombres trans no vivían en una comunidad familiar, esa es una característica propia del pasado de mujeres trans y travestis, por lo que resulta diferente la forma en que se pueden encontrar archivos.

«Es muy importante que se conozca nuestra historia, porque fuimos toda una vida juzgadas. Hoy, que el archivo nos da la oportunidad de poder contar nuestra vivencia y nos da los materiales para poder luchar por nuestros derechos, es muy valioso».

Carolina Figueredo.

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«Lo más urgente es la ley integral para las personas trans, más una reparación histórica para las trans adultas. Hemos sufrido mucho daño, por eso es un reconocimiento que nos permitiría tener una vejez más aliviada».

Magalí Muñiz.

Desde hace dos años el Archivo trabaja en un libro fotográfico y a la vez en un libro de historia, con anécdotas y relatos de las compañeras. Y si bien recibe donaciones de más documentos con cantidad de historia del colectivo desde diversos lugares de Argentina, no tiene representantes en distintas provincias, sino que el grupo está conformado en Buenos Aires.


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