#Reseña Normal People: cuando el amor copia las formas

Esta historia se centra en la relación amorosa de dos jóvenes irlandeses que, con sus idas y vueltas, se acompañan a lo largo de los años intentando atravesar algunos obstáculos. No es la típica serie de dos personas que quieren estar juntas y no pueden sino que, además, toca temas como el consentimiento, la responsabilidad afectiva, los vínculos amorosos y cómo estos se van transformando. Por otro lado, también es una historia sobre cómo y qué tan distintas pueden ser las crianzas masculinas y cómo esto influye notablemente en el trato hacia las mujeres. 

Normal People es una miniserie de 12 episodios de 30 minutos cada uno, coproducida por la BBC y Hulu, adaptada de una novela escrita por Sally Rooney. Las primeras escenas transcurren dentro de una escuela secundaria, ubicada en una pequeña ciudad irlandesa del condado de Sligo, donde Marianne es maltratada constantemente por sus compañeres y a veces también por las autoridades. Ella tiene una personalidad ácida, inteligente y confrontativa que cuestiona constantemente a la institución educativa.

Suele ser impertinente con las autoridades, sobre todo luego de atravesar algunas situaciones de violencia en su casa. La escuela no está capacitada para contenerla, ni siquiera existe el espacio para registrar esas violencias. Esto pone en el centro de la cuestión el rol de la escuela frente a la violencia —que, en la vida real, abandona la ficción desglosada en un guión y se hace cuerpo cobrándose la vida de las mujeres—, siendo esta institución un espacio y, a veces, la última herramienta con la que se cuenta para frenar los actos violentos. 

Marianne es una chica solitaria dentro de la escuela y también en su casa, en donde esas mismas situaciones violentas la llevan a aislarse. No tiene amigues, no forma parte de ningún grupo ni asiste a fiestas y suele ser bastante arisca, pero encuentra en Connell, uno de sus compañeres, una persona con quien puede abrirse.

La personalidad de él, en cambio, es más amable; es generoso y querido por todes pero rara vez entra en contacto con sus emociones para tomar decisiones, sea pública como íntimamente. Es un joven que juega fútbol gaélico, un deporte típico de Irlanda que es una mezcla entre rugby y fútbol.

Su madre, Lorraine, limpia la casa grande de la protagonista, que pertenece a una clase social alta, a diferencia de sus compañeres. Sin embargo, ella no se siente representada por el rol económico y social asignado. Esta escena despierta en el espectador la curiosidad de saber qué le sucede a un hombre cuando se encuentra con una mujer que pertenece a una clase social alta, siendo ella quien tiene un poder económico, cuando históricamente han sido ellos los que han ocupado lugares —simbólicos y físicos— de poder. En el caso del protagonista, pareciera que eso le genera inseguridad y sentimientos de inferioridad, que representan un primer obstáculo para la pareja.

El primer encuentro entre les protagonistas se da por fuera del colegio y empiezan a descubrir que tienen intereses en común, lejos de la mirada de sus compañeres. Al poco tiempo llega también el primer desencuentro, ligado a cuestiones propias de la adolescencia, además de los miedos, las inseguridades, las dificultades para hacerse cargo de algunas emociones y la necesidad de pertenecer a un grupo. Se juegan sus propias contradicciones emocionales y la pertenencia a distintas clases sociales. Además, la dificultad de poner en palabras sus emociones hace que muchas veces queden libradas a las interpretaciones de le otre, situación que les lleva a desencontrarse. 

Es interesante el modo en que se construye la intimidad de la pareja, basada sobre todo en el consentimiento y la responsabilidad afectiva. Sin embargo, elles no hacen pública su relación y, por lo tanto, no se hablan dentro de la escuela. Al mismo tiempo, cuando Marianne recibe algunas agresiones por parte de sus compañeres, se defiende y él la acompaña cuando ella lo pide. No lo hace ocupando el rol de «macho que se agarra a piñas con los amigos», como suele mostrarse, sino que es ella quien se defiende haciéndose cargo de su propia historia y es Connell quien muestra otros modos de intervención posibles frente al machismo.

Incluso, a veces, habla a solas con sus compañeros sobre sus actitudes patriarcales, lo cual no es nada fácil para un adolescente. Esas escenas habilitan a preguntarnos cuál es el lugar del hombre frente a la violencia machista y cómo dar esas herramientas a les jóvenes para que se involucren en una etapa vulnerable, de mucha exposición, en donde la subjetividad está construyéndose todavía. Cómo hacer que defiendan sus ideas cuando el entorno puede ser muy cruel y, además, puede implicar diferenciarse del grupo. 

En paralelo a su historia de amor principal, hay otra historia —también de amor— sobre cómo las madres criaron a sus hijos varones, tanto a Connell como al hermano de Marianne, ya que en ambas familias los padres están ausentes. En el caso de Connell se muestra un vínculo fortalecido con su madre, con límites claros y constante transmisión de respeto. En cambio, en el otro caso, es el hermano de Marianne quien pasa a ser el «hombre» de la familia cuando su padre muere.

Las escenas muestran una persona violenta hacia las mujeres, con complejo de inferioridad y con una necesidad constante de mostrar poder a través de la violencia. Acompañado de esto se hace visible una madre con dificultades para ponerle límites a él —no es así con su hija mujer—, que al mismo tiempo justifica y apoya sus comportamientos agresivos, incluso cuando son dirigidos hacia ella. 

Después de un tiempo, les protagonistas vuelven a encontrarse en Trinity College, Universidad de Dublín, en donde la dinámica está a punto de cambiar. En ese momento y en ese lugar, Marianne pareciera sentirse mucho más cómoda respecto a los vínculos con las personas que asisten, en su mayoría de clase media, mientras que Connell siente que está completamente desconectado de ese universo. Los años pasan y su vínculo sigue cruzándose y transformándose, incluso por momentos en una amistad. Entre encuentros y desencuentros en los que intentan reformular su relación, muchas veces con dolor, siguen acompañándose de algún modo. Más o menos cerca, no dejan de estar presentes en la vida de le otre. 

Muchas cosas van cambiando durante su relación, pero lo que se sostiene en toda su historia es la capacidad que tienen de transmitir lo que les está pasando sin necesidad de ponerle palabras. Gran parte de su relación se sostiene sin hablar, dejando que predomine su conexión corporal. Por momentos se muestra como romántico que le otre nos comprenda sin la necesidad de dar demasiadas explicaciones, sobre todo cuando el entorno es hostil, pero también posibilita los desencuentros que se dan por esa misma falta de comunicación.

Por momentos, su historia es de una conexión intensa y por otros, de una desconexión que les lleva a separarse y encontrarse constantemente. No quedan dudas de que hay amor entre elles pero ¿es suficiente? ¿Qué pasa cuando el amor no alcanza? 


Imagen destacada: La Rata

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