La democracia en peligro: el caso de Malí

Agosto ha sido un mes complicado en Malí: el día 18 comenzó el fin del gobierno democrático con un motín que mantuvo cautivos a numerosos miembros del militarismo y a importantes actores políticos. Fueron obligados a renunciar a sus cargos y recién liberados varios días después. Ahora, se consolidó un Comité Nacional para la Salvación del Pueblo que promete gobernar y asegurar la paz hasta que se pueda volver al régimen democrático.

Desde abril, la situación en el país de África Occidental es compleja. Como es común cuando hay descontento social, las calles hablan y en este caso gritaban en contra del gobierno de Ibrahim Boubacar Keïta, quien estaba en el poder desde 2013 luego de otro golpe de Estado.

Tanto el presidente como el primer ministro fueron tomados como prisioneros por un grupo militar y forzados a renunciar a sus cargos hace dos semanas. No se resistieron para evitar que la situación se tornase aun más violenta y, junto con ellos, también se ha disuelto el Parlamento. Ha quedado al mando del país en este momento Assimi Goita, quien ahora es el líder del Comité Nacional para la Salvación del Pueblo, que promete estabilizar la situación de Malí y realizar una transición lo más ordenada y pacífica posible hacia la democracia.

Las causas del golpe

¿Cómo se llegó a esta situación? Una de las razones es el mal manejo de la crisis de COVID-19 pero otro de los puntos claves que condujeron a la sociedad a salir a las calles a expresar su descontento con el gobierno es la violencia y el conflicto constante que afectan sobre todo al norte y centro del país. La situación se da a razón de la presencia de grupos yihadistas, término que se utiliza para denominar a los sectores más extremos del Islam.

«La violencia se ha intensificado trágicamente durante la pandemia del COVID-19, provocando muertes, heridos y desplazados, todo esto mientras que más del 18% de los centros de atención de salud de todo el país (…) han sido destruidos por la guerra».

Christoph Harnisch, Jefe de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja en Malí.

La Junta Militar responde al gran descontento social, también relacionado con las elecciones que se dieron recientemente en el país con dudosa legitimidad. El pueblo salió a festejar a las calles de la capital cuando el presidente comunicó su renuncia y expresó que no quería que se derramara más sangre por el poder, intentando así enviar un mensaje de paz a una sociedad que lo necesita con urgencia.

Si revisamos el historial de la excolonia francesa, nos encontraremos con que este no es el primer golpe militar en el país sino que se trata del tercero desde el año 1991. Podríamos decir que la estabilidad no es una característica de Malí. La violencia y la constante lucha por el poder son moneda corriente, como sucede también en otros países africanos.

¿QUÉ LE DEPARA EL FUTURO A MALí?

Realmente es imposible saber qué pasará en un futuro. Por parte del nuevo gobierno, prometen una transición política civil en lo que ellos consideran un plazo razonable. Afirman que una transición inmediata no es factible y ya presentaron un proyecto que tomará tres años para establecer al país y retomar el sistema democrático.

La comunidad internacional rechaza completamente el nuevo gobierno, fundamentándose en su inconstitucionalidad, aunque exista cierto apoyo por parte de la población. Las actitudes y las políticas que expresó la Junta Militar no son reconocidas por la Unión Africana. Este organismo, junto con la Unión Europea y los Estados Unidos, publicaron un comunicado pidiendo la liberación del presidente y los otros políticos, además de suspender al país del organismo africano hasta que se recupere el orden constitucional.

En este caso, la Historia no brinda esperanzas de estabilización rápida y duradera como se desearía. Y tampoco lo hace el contexto africano: muchos otros países del continente pasan por situaciones parecidas, sobre todo los que, como Malí, se encuentran ubicados en la franja de Sahel. Esta es una zona plagada de conflictos, crisis e inestabilidad.

Tanto los expertos como los distintos Estados desean que este conflicto termine pronto para promover el desarrollo de un país muy extenso y con mucho potencial. Uno de los países principales que trabaja en cooperación con Malí es Francia: los lazos históricos son estrechos y aunque el estado africano sea «independiente», la influencia francesa es clave para comprender la cultura y realidad de este país tan conflictivo.


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