Pasar la pelota

El 21 de agosto se celebró el Día de la Futbolista en Argentina. La fecha se conmemora por el resultado del partido disputado por Argentina e Inglaterra en el Mundial de Fútbol Femenino de 1971 en México, donde el seleccionado argentino le ganó al equipo inglés por 4 a 1. Un dato no menor: el torneo no era reconocido por la FIFA. 

En Argentina, el fútbol femenino se profesionalizó hace poco más de un año luego del intenso trabajo y la lucha para lograr la paridad con el fútbol masculino. Las jugadoras han considerado este hecho como un puntapié inicial, recalcando todo lo que falta. En pos de alcanzar estos objetivos, la Asociación de Fútbol Argentino presentó el pasado 20 de agosto su Estrategia Integral de Fútbol Femenino 2021-2026, con el objetivo de trazar los lineamientos para fomentar y potenciar este deporte.

El programa está enmarcado en un Plan Estratégico presentado por la FIFA en 2018 con el objetivo de que todas las federaciones miembro tengan implementado para 2022 un conjunto de acciones destinadas al crecimiento y mejoramiento del fútbol femenino. Según una encuesta de la FIFA de 2019, 13 millones de mujeres y niñas juegan al fútbol de manera organizada en sus federaciones. 

Los ingresos económicos que han generado las últimas ediciones de la Copa Mundial de Fútbol Femenino sorprendieron y encendieron la alarma con respecto a la falta de impulso que tiene este deporte. 

Primer tiempo 

Como muchas actividades del espacio público, el fútbol femenino tuvo sus comienzos más tarde que su par masculino. El fútbol moderno, como lo conocemos hoy, tuvo sus inicios en Inglaterra a mediados del siglo XIX, pero la visibilidad de los equipos femeninos llegó en 1914 mientras transcurría la Primera Guerra Mundial y los varones eran enviados a los campos de batalla. La dicha duró solo unos pocos años porque, en 1921, la Federación Inglesa de Fútbol prohibió el uso de los espacios deportivos por parte de las mujeres. 

De esta forma el fútbol femenino estuvo en un largo entretiempo que duró hasta la década del 70 y aun a pesar de que muchos países organizaban sus torneos, la FIFA no reconoció el deporte hasta 1980. El Primer Mundial de Fútbol Femenino se disputó en 1991, en China. Para ese entonces, ya se habían jugado 14 ediciones de la Copa Mundial de Fútbol Masculino. 

En Argentina, el fútbol femenino no fue considerado una disciplina como tal sino hasta 1991, año en el que la AFA organizó el primer campeonato. Para ese entonces, varios clubes ya jugaban sus propios torneos y el equipo argentino ya había participado en ediciones de la Copa Mundial de Fútbol Femenino. 

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¿Por qué el fútbol femenino estuvo en el banco? 

Desde sus inicios —y podríamos decir que hasta la actualidad—, el fútbol es un deporte que tiene exclusividad para los varones, donde se construye y reproduce el discurso de la masculinidad. La feminidad y todo lo asociado a ella queda excluido de este campo de juego y se reduce al ámbito privado, como el hogar y las tareas de cuidado.  

Estos discursos suelen estar amparados por los estereotipos que se traducen en roles de género muy arraigados desde la infancia, etapa donde lo lúdico es capaz de volverse performativo y adoctrinador. Así encontramos las pelotas de fútbol en el ala de niños de la juguetería y las escobas y los bebés en el sector de las niñas. Así, el imaginario social de la masculinidad y la feminidad pauta nuestros juegos, actividades y conductas.

Los varones no solo tuvieron los campos de juego sino que también tuvieron el poder de decidir la presencia de las mujeres. No es de menor importancia el hecho de que las estructuras institucionales que regulan el deporte hayan sido manejadas por varones para analizar la falta de impulso que ha tenido el fútbol femenino. 

Cuando la Federación Inglesa de Fútbol cerró y abrió las puertas de los campos de deportes a las mujeres, fueron varones quienes dieron las órdenes. Cuando la FIFA se negaba a reconocer el fútbol femenino como una práctica deportiva que llegaría al ámbito internacional, eran los varones los que privaban de ese espacio a las mujeres.

Cuando, en 1971, las jugadoras argentinas viajaron al mundial de México, fueron los varones que dirigían la AFA quienes les negaron viajar con entrenador técnico, equipo médico, indumentaria deportiva propia y dinero de auspiciantes. Cuando, en 2011, se habló de que la indumentaria de las mujeres debería ser más «sexy» para atraer más público, fue un varón, presidente de la máxima entidad futbolística, el que arrojó esas palabras y relegó la practica deportiva a la sexualización de los cuerpos de las jugadoras por encima de las capacidades deportivas. 

La exclusividad del fútbol masculino no solo es avalada por la dirigencia sino también por los medios de comunicación que han invisibilizado esta práctica deportiva. La presencia de los varones no solo estaba en las canchas y los puestos gerenciales del fútbol sino también en las redacciones y en los estudios de radio y televisión. La programación deportiva (en todos sus formatos) hasta hace poco era copada por conducción y paneles de varones y la publicación de los deportes femeninos era escasa.  

Según datos de la FIFA, los números de telespectadores ha aumentado de manera considerable entre una Copa Mundial y otra. En 2011, los primeros cuatro partidos de la edición disputada en Alemania tuvieron una audiencia cercana a los 20 millones. En 2015, en el campeonato disputado en Canadá llegó a 750 millones de personas mientras que el último mundial femenino, realizado en Francia en 2019, contó con más de 1000 millones de telespectadores. La popularidad del fútbol femenino aumenta en tanto la práctica deportiva se visibiliza. 

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El campeonato por la equidad del fútbol femenino lleva más de un siglo. Muchas jugadoras se han destacado por la jerarquía de su individualidad en la historia, como es el caso de la jugadora Elba Selva, autora de los cuatro goles argentinos a Inglaterra en 1971, o Macarena Sánchez, quien inició una causa judicial al club UAI Urquiza luego de que este la despidiera sin reconocer el vínculo laboral. Sin embargo, este campeonato lo juega un equipo consolidado, logrando victorias como la profesionalización de la disciplina en el campo femenino y armando tácticas de juego para embocar la pelota al arco y alcanzar la paridad entre el fútbol femenino y el masculino. 


Fuentes:

  • FIFA
  • Archetti, E. (2007). Estilos de juego y virtudes masculinas en el futbol argentino. En Melhuus, M. y Stolen, K., Machos, putas, santas. El poder del imaginario de género en América Latina. (pp. 43 – 65) Buenos Aires: Antropofagia
  • IADB
  • Página/12

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