Aimé Painé: el Tahil Mapu continúa vivo en nuestra memoria

El pasado 23 de agosto a través de la plataforma Cont.ar se estrenó para todo el país la miniserie de la legendaria artista y activista mapuche-tehuelche Aimé Painé. Dirigida por Aymará Rovera y protagonizada por Charo Bogarín, esta breve ficción biográfica se propone hacer un repaso por la vida de una mujer poco recordada en las grandes urbes pero que sin duda ha dejado su huella en la historia, cargada de una épica propia de quien transita un largo camino hacia el autorreconocimiento y la reivindicación de la identidad originaria durante los tiempos más obscuros de la Historia argentina.

La voz del pueblo mapuche

Aimé Painé nació el 23 de agosto de 1943 en la ciudad rionegrina de Ingeniero Huergo, en esas tierras «desérticas» que por años les winkas (personas no mapuche) hemos codiciado, conquistado, arrasado y denominado vulgarmente como Patagonia, en el milenario territorio del Puelmapu («tierra del este», en mapuzungún). Dada la imposibilidad legal en ese entonces de adoptar un nombre originario, su nombre de nacimiento es Olga Elisa Painé.

Aimé Painé.

De muy pequeña, huérfana de madre, fue arrebatada de su tierra y de los brazos de su humilde padre para ser enviada a un orfanato religioso, el Instituto Unzué de Mar del Plata. Allí fueron sus comienzos en el mundo del canto. Su gran talento vocal le valió que una pareja muy bien acomodada económicamente de la ciudad decidiera adoptarla.

Al cabo de unos años, allá por los 70, Aimé se traslada a Buenos Aires e ingresa al Coro Polifónico Nacional, donde permanece 5 años. Es entonces cuando comienza a surgir en ella el interés por sus raíces y su cultura originaria. De hecho, nuevamente en Mar del Plata, en un encuentro internacional de coros, descubre que la Argentina era el único país participante que no incluía en su repertorio música autóctona.

Estas experiencias la devolverán con su inquietud y su arte a la Patagonia, a intentar reencontrarse luego de más de 3 décadas con su verdadera familia. Aprovechará estos tiempos también para internarse en las costumbres y la espiritualidad de su pueblo a través de las enseñanzas de las papay (ancianas), de quienes aprenderá el mapuzungún, idioma mapuche.

«Saber quién es uno es el comienzo de ser culto»

Aimé no fue una simple cantante. Ella utilizaba su kimün (conocimiento) para transmitir a través del Tahil (canto sagrado o ceremonial) la cosmovisión mapuche, a la vez que denunciaba las penurias que atravesaba (y en gran parte aún atraviesa) su pueblo, desde la llamada Conquista del desierto hasta los días actuales de negación de su identidad y sus derechos. Utilizando prendas tradicionales como el trarilonco e instrumentos característicos como el  Kultrün, las kaskawilla y el trompe, la gran Aimé se hizo un lugar en la historia llevando sus presentaciones incluso más allá de la frontera argentina.

En tiempos donde abundaba el estigma, la invisibilización y el furibundo odio a le originarie (si no estaban extintes, eran «indios que provenían de Chile»), fue pionera y revolucionaria al entonar su canto en mapuzungún, la «lengua de la tierra». A pesar de no haber podido grabar un disco, supo plantársele a una sociedad entera y  alzar la voz de todo un pueblo, el pueblo mapuche, que está más vivo que nunca.

«Un tiempo después de la dictadura del 76 llegó Aimé Painé a la universidad en Viedma, espacio donde estudié. Para mí, Aimé representa la primera zomo (mujer) mapuche que se atrevía a descolonizar en una institución educativa el pensamiento instituido, con una simple y profunda pregunta: “¿Ustedes conocen sus raíces, alguien de aquí sabe si la abuela, el abuelo es mapuche y por extensión ustedes saben quiénes son?”. Pregunta ontológica, filosófica, que en el devenir sitúa, historiza, empodera, habilita el andar y el rompecabezas se va construyendo. Te das cuenta, te vas juntando y sabés que no estamos solas».

Mabel Pizarro, integrante del lof Aimé Painé.

Pero además de sus presentaciones, ella dedicó su vida a despertar esas mentes sedadas por lo citadino y la vorágine propia del winka. Recorrió escuelas y universidades intercambiando palabras con les jóvenes y difundiendo la cultura mapuche en cada rincón del país. Formó parte también de la Asociación de Indígenas de la República Argentina. En cada lugar al que iba, portaba con orgullo las banderas originarias y buscaba llegarles especialmente a sus lamgen (hermanes, compañeres) que aún no se reconocían como tales. «Saber quién es uno es el comienzo de ser culto», decía. Pues por esos años, saber quién era une era mucho más que un acto de búsqueda identitaria. Era, sin lugar a dudas, un gran acto de valor.

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La serie  

La serie se encuentra disponible de forma gratuita en la plataforma Cont.ar desde el 23 de agosto (fecha de nacimiento de Aimé). Está dirigida por Aymará Rovera y protagonizada por la artista formoseña y de origen guaraní Charo Bogarín, con la participación especial de Juan Palomino. Fue declarada por el Ministerio de Cultura de la Nación «de interés social, cultural y educativo» y ganadora por Patagonia del concurso INCAA y del Festival Audiovisual de Bariloche 2018. La realización se hizo íntegramente en el Puelmapu (territorio mapuche del «lado Argentino») y consta de 4 episodios de 25 minutos.

A pesar de ser una serie homenaje y de contar con el apoyo y consentimiento de la familia de Aimé, como toda ficción biográfica tiene sus desencuentros en cuanto a la veracidad de algunos hechos que se muestran, incluidos cuestionamientos sobre la protagonista.

«Hay un cuestionamiento a la actriz Charo, porque ella ha tenido una actitud desubicada ante los pueblos (y en particular ante el Mapuche) al entregarle un instrumento sagrado Mapuche como el Kultrün al Papa, con todo lo que significa la Iglesia en la conquista colonizadora. Además, ella es originaria guaraní; sin ánimo de desprestigiar, sino de reconocer la cultura Mapuche y su transmisión genuina».

Mabel Pizarro.

Pese a los cuestionamientos que se le puedan hacer, esta miniserie no deja de ser una herramienta muy importante de difusión de su persona. No obstante, desde Escritura Feminista recomendamos siempre comparar los datos que allí se muestran con otras fuentes.

Su legado

Aimé Painé falleció el 10 de septiembre de 1987 a los 43 años, producto de un derrame cerebral, mientras se encontraba en Asunción de Paraguay. Es en conmemoración a su intensa labor por rescatar la identidad de su pueblo que se celebra cada 10 de septiembre el Día de la Cultura Mapuche.

A pesar de no ser tan conocida en los grandes conglomerados urbanos de nuestro país, en los últimos años y en especial desde las comunidades mapuche y también desde el movimiento feminista, su figura ha tomado mayor trascendencia. Desde una calle en Puerto Madero hasta su rostro en el Salón Mujeres Argentinas (y mapuche) de la Casa Rosada, no cabe duda de que Aimé nos ha dejado un gran legado de lucha y de respeto por la multiculturalidad que habita nuestro suelo.


Fuentes:

Imagen destacada: Diana Costa


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