#Reseña Distancia de rescate

La primera novela de Samantha Schweblin logra sumergirnos en una historia intensa con raíces fuertes en la maternidad y en el ataque sistemático a la naturaleza mediante agrotóxicos. No solo son menos de 200 páginas que se leen de un tirón, sino que también es apta para lectores de cualquier género literario.

Resulta difícil encasillar esta historia, en la cual se encuentran más de una similitud con la anteriormente reseñada Cometierra (2019). Si bien ambas tratan problemáticas que podrían desencadenar historias de terror, lo terrorífico es que son tan crudas como realistas. Dos novelas cortas e intensas que tocan temáticas actuales en nuestro país, aunque sus locaciones son anónimas y el tiempo en el que transcurren también.

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En Distancia de rescate (2014), les protagonistas son poques y de elles no se relata vida anterior. Lo esencial y urgente es el presente. Desde el comienzo nos sitúa en el recuerdo, o intento de este, por parte de su protagonista: Amanda necesita recordar para salvarse, aunque no sabemos bien de qué. En este pasado reciente, Amanda y su pequeña hija Nina disfrutaban de unas cortas vacaciones en el campo mientras el padre de la niña trabajaba en la ciudad. En la casa que alquilaban conocieron a Carla y al peculiar David, su hijo. 

La ciudad se sugiere cercana a la ciudad de Buenos Aires pero está rodeada por campos y casas grandes con piletas. El anhelado descanso de la ciudad se verá interrumpido por un misterio que imbrica tanto a la maternidad como a la naturaleza y su cruel alteración por parte de los ya conocidos agrotóxicos.

«Mantengamos la distancia de rescate»

Uno de los fuertes de esta novela es la forma en que está narrada. Resulta adictiva y no decepciona. No hay subtítulos ni divisiones: el relato es un todo, un capítulo único, una eterna conversación entre ella y David. David quiere ayudar a Amanda y, por lo poco que sabemos, para hacerlo necesita que ella recuerde un momento específico. A lo largo de toda la novela él intentará guiarla y evitar que se distraiga.

Algo fundamental a destacar (sin spoilers) es la causa del título: ¿Qué es la distancia de rescate? Es una práctica que Amanda repite de su madre y consiste de la distancia variable que la separa de su hija Nina. De esa distancia va a depender su capacidad de asistirla en el caso de que la pequeña estuviera en peligro repentino. Con los relatos de Carla, Amanda comienza a obsesionarse y a creer que el peligro se acerca cada vez más a su hija. 

Los lazos fuertes entre las madres y sus hijes, su constante desesperación por saber si necesitan ayuda, la culpa que les genera no estar lo suficientemente disponibles para elles y la presente ausencia de los padres, a quienes casi no se hace referencia más que para nimiedades, construyen un universo en el cual se puede empatizar siendo hije o xadre.

Sabemos muy bien que el mundo en el que vivimos considera a las madres como el eje central de las familias: quienes crían, limpian, cocinan, llevan adelante tareas de cuidado y también educan «naturalmente». En esta novela es reconocible cómo eso permea en las actitudes maternales que pueden pecar de sobreprotectoras, dado el alto grado de responsabilidad que se les asigna.

Samantha Schweblin

La escritora nació en Argentina pero hace 8 años se radicó en Berlín. Fue premiada por todas sus producciones literarias. Con Distancia de rescate ganó el Premio Tigre Juan en 2015 y el «Tournament of Books» en 2018 como mejor libro publicado ese año en Estados Unidos. Fue publicada también en el Reino Unido.

Su gran popularidad hizo que Claudia Llosa, la escritora y directora de cine peruana conocida por La teta asustada (2009), decidiera llevar la novela a la pantalla grande. La película de Distancia de rescate planea ser estrenada este año en Netflix y será protagonizada por Dolores Fonzi.

Samantha es conocida por su particular modo de presentar sutil y sigilosamente al catalizador de los conflictos como un factor consecuente del poco cuidado que se tiene en el mundo moderno de la naturaleza, de su constante ataque por parte de las fábricas y grandes multinacionales y cómo eso termina afectando en una cadena más corta de lo que suponemos a sus personajes.

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Tanto ella como Dolores Reyes, María Gainza, Silvia Almada, Camila Sosa Villada, Mariana Enriquez y Gabriela Cabezón Cámara forman parte de la nueva narrativa argentina que, después de tanta desigualdad de género, parece estar dándoles a las feminidades y disidencias literarias el lugar que se merecen.


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