Activistas y víctimas de violencia de género toman la CNDH de México

Activistas mexicanas tomaron las oficinas oficiales de la Comisión Nacional de Derechos Humanos como método de reclamo a la falta de acción política y defensa de la gobernación de México. Piden la renuncia de Grisel Barrientos, directora del Instituto Municipal de la Mujer, y de Sandra Pacheco, del Centro de Justicia para las Mujeres. Afirman que no abandonarán las sedes tomadas hasta que cambie la situación.

Más de 10 días de toma y cada vez más compañeras se suman y transmiten su apoyo a la causa que comenzó en Ciudad de México. Se transformó en un movimiento nacional: activistas de Michocán, Veracruz, Puebla y Aguascalientes se sumaron a los reclamos las sedes del CNDH correspondientes a sus ciudades.

¿Qué llevó al reclamo?

México es un epicentro de violencia de género. En los últimos cinco años, los casos de femicidios aumentaron un 137% y, según la ONG México Evalúa, durante el segundo semestre del año pasado 6 millones de mujeres fueron victimas de acoso o violencia sexual. Las participantes de los reclamos aseguran que las instituciones del Estado no las respaldan ni escuchan.

El mismo presidente, López Obrador, tuvo dichos polémicos que desestimaron la problemática a principio de año. En marzo, cuando los centros de llamados de emergencia se desbordaron con más de 26.000 llamados denunciando situaciones de violencia, la respuesta del presidente fue que «seguramente la mayoría eran falsas», comparándolas con bromas telefónicas y restándole la importancia a la situación.

En este contexto, el pasado miércoles 2 de septiembre hubo una reunión entre Rosario Piedra Ibarra, titular de la CNDH, y víctimas que forman parte del Colectivo 10 de Marzo. En esta conversación se desató un conflicto donde la titular del CNDH les dijo que las carpetas de los casos por los que iban a pedir justicia estaban mal integradas y que no iban a poder hacer nada por el momento. La respuesta de una de las madres que fue a reclamar justicia por el caso de su hija de 4 años fue amarrarse a una de las sillas.

De esta manera, pasaron la noche en el interior de las oficinas y afuera de estas empezaron a reunirse feministas para apoyar la causa y transmitirles apoyo a las víctimas. El día viernes fue cuando donde las colectivas entraron y desalojaron a los trabajadores. Así fue que se tomó la decisión de transformar las oficinas en un refugio para victimas de violencia de género y consolidar la toma.

Violencia policial para disipar el reclamo

La respuesta policial no tardó en llegar: intentaron desalojar a las manifestantes por la fuerza. Tal como muestran en los videos compartidos por periodistas que estaban en el lugar para cubrir los hechos, se puede ver cómo los policías, que llegaron en móviles no oficiales, agredieron y detuvieron a 13 mujeres.

Además de las detenciones, rompieron los vidrios del auto de una reportera y se manejaron con violencia, golpeando y arrastrando a algunas de las activistas. La fiscalía rechazó que se haya hecho uso de fuerza excesiva pese a que las imágenes muestran exactamente lo contrario.

LA «ANTIGRITA»

El 15 de septiembre en México se festeja el primer paso hacía la independencia de España. Se celebra en todo el país el Grito de Dolores y se planificaron numerosos eventos y actos oficiales. Las manifestantes desde su lugar también quisieron «festejar» aunque aseguran que no hay nada con motivo de festejo.

Se reunieron en las puertas del CNDH los distintos colectivos, madres de víctimas de feminicidios y familiares de los desaparecidos de Guerrero para dar testimonio de sus casos y la nula respuesta que han recibido del gobierno.

«La patria no nos representa. Queremos una matria que nos acompañe y nos abrace, una matria feminista que forme parte de cada una de las expresiones que tenemos de ser feministas, porque no hay un feminismo hegemónico».

Una de las manifestantes desde el balcón del CNDH.

Entre carteles, cantos y hasta una piñata con la cara del presidente, el mensaje a transmitir se escuchó fuerte y claro: las mujeres mexicanas están cansadas de la violencia, la injusticia y la impunidad. El Ni Una Menos se vive a flor de piel y las manifestantes aseguran que no desalojarán el edificio hasta que no se las escuche de verdad y no se planteen políticas certeras para proteger a las víctimas de violencia.

Fuente: Leslie Pérez

El edificio que solía ser una oficina más, hoy está transformado. Las paredes pintadas con mensajes y los pañuelos violetas son parte de la ambientación; los cuadros colgados en las paredes ahora se encuentran intervenidos por las manifestantes. Los que formaban parte de la decoración de la sala de juntas ahora están siendo subastados, pese a las críticas que recibieron por parte de artistas e importantes figuras del gobierno. Lo recaudado será dirigido a madres de víctimas que no recibieron respuestas.


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